Había sido un día tranquilo y regresaba en el auto al hotel. Era de noche y las luces de la ciudad brillaban por doquier. Circulaba por un rumbo desconocido cuando me di cuenta de que estaba perdido. Dos veces vi pasar las mismas casas, los mismos anuncios. En vez de detenerme seguí conduciendo hasta que me encontré en un gran viaducto. Circulaba completamente solo. Nadie venía tras de mí y nadie iba por delante. No podía regresar porque sería en contrasentido. Decidí llegar hasta el final. Esa avenida debía terminar en alguna parte o cruzarse con otra. Conecté las luces altas. Al poco rato, me pareció observar movimiento adelante y vi con claridad los reflejantes rojos de un auto viejo y la figura de un hombre haciendo señas. Bajé las luces y llegué hasta el coche. El hombre parecía feliz de verme. Me dijo que de pronto su coche se apagó y nada funcionaba. Venía con su familia a juzgar por las caras que se asomaban por las ventanas del auto. Saqué mi estuche de herramientas y la linterna. El cofre del motor estaba abierto. A la primera inspección descubrí la posible causa del problema: terminales de la batería muy sulfatadas. Mientras desconectaba los bornes, le pregunté qué andaba haciendo por ahí y me dijo que me iba a preguntar lo mismo. Tuve que confesarle que había tomado ese viaducto por error y que estaba perdido. Se echó a reír y me dijo que yo estaba inaugurando un nuevo viaducto. Que él trabajaba en la empresa que había pavimentado ese sector y había traído a su familia para presumirles su trabajo. El viaducto se inauguraría oficialmente dos días después.
Luego de haber limpiado los bornes, conecté los cables y le dije que arrancara el motor. Funcionó de inmediato. Encendió las luces. Se deshizo en agradecimientos y me indicó que lo siguiera. Pronto estábamos fuera. Me dio breves indicaciones para retomar mi camino. Nos despedimos y cada quién siguió por su cuenta.
Cuando descansaba en el hotel, me puse a pensar en lo interesante del caso. Llevo muchos años viajando y han sido varias las ocasiones en que me he visto ayudando a personas con dificultades, en lugares en los que no tenía por qué haber estado. La verdad, eso me hace sentir que algo se mueve por ahí y dispone de mí para hacer cosas que, de otro modo, no hubieran sido posibles.

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