miércoles, 9 de enero de 2013

1957

Aquella tarde, Franky caminaba con las manos en los bolsillos de la chamarra, que apenas lograba atenuar el filo de un viento invernal que le cortaba las orejas. Llegó a la esquina de la avenida Durango y caminó a la izquierda sobre el camellón. Al frente, a la derecha, se veía la mole habitacional del Edificio Condesa que abarcaba toda la manzana. Algunos departamentos dejaban ver a través de las ventanas, los árboles de Navidad con sus juegos de luces. Llegó a uno de los accesos y entró al cubo de las escaleras. Se detuvo frente a una puerta y tocó el timbre. Imaginó que la puerta se abría y que ella le salía al encuentro, lo abrazaba y lo besaba. Pasaba al interior. Allí le esperaba una taza de café para derretir el frío. En el tocadiscos, un long play dejaba escuchar "Bésame mucho" con la orquesta de Ray Conniff que invitaba a bailar suave, sabroso. Sintió el calor de sus mejillas, aspiró el perfume de su cuerpo y disfrutó el ondulante vaivén de sus caderas. Su brazo derecho la estrechó aún más por la cintura y percibió cómo empezaba a... La puerta se abrió y apareció la suegra. ¡Hola Franky! Yolanda no está. Se fue de tardeada con unos amigos y regresará más noche. Eh... Mh... Bueno... ¡Ni modo! ¡Feliz Navidad señora! ¡Feliz Navidad Franky!