lunes, 28 de diciembre de 2009





COMUNICACIÓN



Hace tiempo lo instalé en una rama baja del guayabo y durante muchos días lo vigilé con frecuencia hasta que perdí el interés debido a los nulos resultados. Luego empezaron a llegar, primero uno, luego dos, y hasta tres al mismo tiempo. Son seres fantásticos, bellos y nada tímidos; parecen provenir de otra dimensión, se hacen presentes cuando se les da la gana y me daban la impresión de que podrían comunicarse conmigo. Lo intenté un par de veces pero desaparecieron de repente. Hoy decidí sentarme a esperarlos a la sombra del guayabo y tuve suerte. Llegó uno y yo permanecí inmóvil; se me acercó intrigado y quedó suspendido en el aire a no más de treinta centímetros de mi cara mirándome fijamente. Entonces le dije ¡Hola! ¿Estás contento? Para mi sorpresa ¡Movió la cabeza afirmativamente! Voló hasta el bebedero y se puso a libar el néctar. Regresó conmigo, me miró nuevamente y desapareció llevándose con él su armonioso zumbido.