Es un volumen de quinientas páginas. Su encuadernación en pasta dura de color negro es lo que le mantiene coherente, unificado. Sólo existe cuando se cierra pues cuando es abierto, sus hojas se disipan en el aire, comenzando por aquellas en las que fue abierto. Si se quiere leer, es conveniente ser rápido. Quienes lo han intentado no han podido llegar más allá de la cuarta o quinta página. Es un esfuerzo sobrehumano. El libro debe ser cerrado para que se recupere cada vez que la página leída se ha desvanecido y ello no tarda más de unos quince segundos. Dicen aquellos que han iniciado su lectura, que tienen que hacerlo en un lugar cerrado, porque si hace viento, el proceso de disipación es instantáneo. Que después de leer el primer renglón, los ojos arden de tal manera por el humo, que deben cerrarlo de inmediato.
Hasta ahora, se han logrado avances significativos a base de lecturas en voz alta y grabaciones digitales. Quien lo lee, debe detenerse por los constantes accesos de tos. Alguien descubrió que ese humo acre es igual al que se obtiene quemando leña verde. Por otra parte, el contenido es misterioso y difícil de entender. Se encuentran algunas frases entrecortadas, llenas de imprecaciones y blasfemias; gritos angustiosos y ayes de dolor. Curiosamente, la única página que no es de humo le corresponde al colofón donde se aprecia, no sin cierta dificultad, que se terminó de imprimir en el "año del Señor de 1572". Si a alguno le interesa, el volumen se encuentra en la sección de "libros prohibidos" de la biblioteca Palafoxiana que, como todos sabemos, es de acceso restringido.
