viernes, 8 de enero de 2010


PREDICCIÓN



Esa tarde, como todos los viernes, observaba cómo Michel afinaba los detalles para los horóscopos de la semana, cuando vi que su semblante palidecía y ponía los ojos en blanco. No era la primera vez que le pasaba eso cuando estaba con él, pero no dejaba de asustarme. Lo malo era que después de que regresaba de su viaje, permanecía en un estado de ausencia mental tremendo que le impedía dedicarse a los horóscopos y se ponía a escribir en un galimatías que sólo el entendía. Yo traté de interpretar esos escritos un par de veces pero después desistí definitivamente. Ese día terminó de escribir algunos cuartetos y me los leyó, aclarándome paso a paso su significado. Poco a poco me empecé a sentir mareado y confundido. Lo que me decía parecía salido de una collección de malos presagios.
- ¿Cómo puedes saber esto? - le pregunté verdaderamente intrigado.
- Los astros me lo dicen todo - contestó sin vacilar.
- Pero estos no son horóscopos - le contesté.
- No, no lo son. Un horóscopo cualquiera sólo rasguña la superficie del futuro, quizá unos cuantos días, pero lo que me dicen las visiones va más allá del tiempo. Conocen la eternidad. Lo que veo es una espiral ascendente inmensa donde los acontecimientos se presentan cíclicos y cada cierto periodo se repiten prácticamente iguales pero cambiando su entorno. Es casi como leer una y otra vez la misma historia pero con los personajes y los lugares cambiados y algunas otras pequeñas modificaciones. Las fechas son bastante precisas.
- Sin embargo - le dije - hoy te veo muy preocupado. ¿Qué viste?
- Mira. Tú sabes que jamás he tenido dificultades para predecir y que soy muy acertado, pero hoy, este día en que traté de avanzar más allá que de costumbre, no pude... No pude...
- ¿Qué fue lo que no pudiste hacer? - le presioné.
- No pude pasar del 21 de diciembre de 2012. ¡No hay nada más adelante! Los astros están ahí, el Universo está ahí, pero...
- ¿Pero que? - insistí.
- Lo que ya no está ¡Somos nosotros! - me dijo visiblemente alterado.
Lo tranquilicé como pude, le dije que descansara, que no se preocupara y que nos veríamos el próximo viernes. Cerré la puerta de su cuarto al salir y me fui, terriblemente afectado, a mi consultorio ahí, en el Instituto Psiquiátrico.