martes, 26 de mayo de 2009





EL ARMA



Desplazándose a zigzagueante velocidad y con sus detectores funcionando en pleno, se aproximaba a su objetivo velozmente haciendo poco caso del peligro que representaba aquel ente gigantesco y el arma letal que descansaba a su lado. Sin embargo, la situación no le resultaba nueva pues tenía una amplia experiencia en el arte de burlar a aquellos seres. Así pues, se detuvo en las cercanías para estudiar la situación y planear una estrategia. Sólo le tomó unos segundos llegar a una decisión: se aproximaría lo más posible y de no ser descubierta su presencia, atacaría de inmediato. Despegó volando bajo para evitar la detección y se aproximó temerariamente al objetivo. De ahí en adelante todo sería más fácil. Un movimiento más y llegaría. Con cautela, avanzó un poco y lo último que vio fue el arma mortal descendiendo velozmente sobre ella y que dejó, como único vestigio de su existencia, una fea mancha en la alacena.