martes, 16 de agosto de 2011

DESEMPLEADO

Estoy muy preocupado. En mi país, en mi ciudad, todo está en orden. Han desaparecido las desavenencias y la discordia y ya nadie las recuerda. Los gobiernos, desde lo federal, lo estatal y lo municipal están cumpliendo a cabalidad con sus funciones. Todos están de acuerdo en que, dentro de lo esperado, aquellos que por nuestro voto ejercen el poder están haciendo su mejor esfuerzo. Están dando lo mejor de sí mismos en sus respectivos cargos y su trabajo es reconocido por la ciudadanía. Saltan a la vista los logros en infraestructura, los apoyos a factores de la producción, las leyes que favorecen la inversión y los trámites fáciles y expeditos para la instalación de nuevas empresas. Es evidente el acceso a la justicia rápida y equitativa. La población confía en una policía que con su trabajo cotidiano ha logrado una tranquilidad social sin precedentes. La criminalidad se ha reducido a escasos brotes aislados de individuos antisociales y delincuentes de poca monta. Nadie habla ya de crimen organizado. El sistema penitenciario ha reducido su población en más de un veinte por ciento y la proporción de exconvictos reinsertados en la sociedad productiva se ha elevado gracias a la correcta aplicación de los sistemas y métodos de rehabilitación social. La economía familiar se ha visto fortalecida debido al incremento en las fuentes de trabajo, los salarios justos y las prestaciones de ley. El transporte público es eficaz y los conductores son un ejemplo de cortesía, precaución y espíritu de servicio. Las manifestaciones de descontento han pasado a la Historia y aquellas marchas y plantones del pasado ni se ven ni se sienten porque ya no están presentes. La justicia social es un hecho contundente. Las personas se dedican con ahínco a su trabajo y tratan de aportar soluciones constructivas en lugar de crear células de agitación. Esto ha traído como consecuencia el florecimiento de excelentes relaciones obrero-patronales y los sindicatos colaboran con las empresas para aumentar la productividad. Ha desaparecido el ausentismo y los turnos normales se bastan y sobran para mantener la producción en sus niveles óptimos. No se requieren horas extra y se piensa ya en reducir la semana laboral para favorecer la convivencia familiar. En fin, el panorama es inquietante por donde se vea. Algo está funcionando bien y me afecta sobremanera. Me encuentro desempleado desde hace rato. Nadie me necesita. Nadie me requiere. No hay nicho de mercado para mí. De todos modos, si acaso alguna vez necesitan de mis habilidades, me pueden encontrar bajo el rubro "HÉROES", pequeña sección casi olvidada de los anuncios clasificados en los mejores diarios del país.