
TRAGEDIA
El balón rebotó contra la pared y se fue rodando cuesta abajo rumbo a la transitada avenida. "El bolillo", uno de los chicos, salió corriendo tras él mientras el resto se tumbaba indolentemente en el arroyo y sobre la acera esperando su regreso.
Un fuerte rechinar de llantas casi ahogó el grito que se dejó escuchar y marcó el principio de lo que iba a ser un día verdaderamente nefasto. Los chicos se levantaron todos a una y emprendieron la carrera calle abajo, reflejando en sus semblantes sudorosos el temor de que lo peor hubiera sucedido. Llegaron a la esquina y entonces lo vieron ahí, tirado sobre el arroyo y en un charco. Se apresuraron a levantarlo para ver cómo estaba y al hacerlo, confirmaron sus sospechas. Un auto lo había arrollado y de seguro que en el resto del verano no reunirían el suficiente dinero para comprar un nuevo balón.