miércoles, 22 de agosto de 2012

SOBRE EL OLVIDO

No hay día en que no olvide algo. Es tan frecuente que se me hace normal. Entonces, me atacan las preguntas: ¿Qué tan importante puede ser algo que se olvida? ¿Cuál es la trascendencia de un olvido? Me dirán que depende de qué sea aquello que se olvida y tienen razón.
    El funcionamiento natural de nuestra Memoria es una maravilla. No puedo evitar compararla con el disco duro de una computadora, sólo que mucho más selectiva. Me explico. Un disco duro tiene una capacidad limitada de memoria y una vez alcanzado ese límite, empiezan los problemas. No cabe más. Por otra parte, la Memoria humana tiene una capacidad enorme que conforme se va llenando, empieza a discriminar, con un criterio establecido por los hábitos, aquellas cosas que son realmente importantes, de las que no lo son. Olvida de inmediato, o mejor dicho, ni siquiera guarda una conversación banal, una observación insustancial, una vivencia insulsa. Así que ¿A dónde van a parar todas esas cosas cotidianas indignas de ser memorizadas? Bueno, algo hay que hacer con ellas. Conservarlas en la Memoria no sería lo correcto porque ocuparían espacio. Tirarlas a la basura sería poco respetuoso, hay que guardar las formas. ¿Entonces? ¡Ah! Yo encontré la solución: La Celda de los Olvidos. Este lugar existe en el centro de nuestro cráneo (todavía no lo encuentran los anatomistas pero ahí está). Un recurso de la sabia Naturaleza, increíblemente eficiente para desechar aquellas cosas sin valor que nos suceden cada día o las que queremos olvidar. ¿Cómo funciona? ¡Fácil!
    La Celda es un desintegrador absoluto. Un órgano extraordinario que funciona aprovechando la energía de lo que se olvida o se quiere olvidar y es depositado con respeto en su interior. La energía de los olvidos es increíble y muy variada. Hay olvidos que ingresan ahí en automático porque dadas sus pobres características no ofrecen la menor resistencia. Individualmente no producen gran energía, pero como son muchos... Los hay de mayor importancia que deben ser procesados a conciencia y a veces se defienden. También están los que luchan por no caer ahí y aducen innumerables argumentos para no ser introducidos en La Celda. Esos son los más energéticos, pero ¡Cuidado! Hacer esto es definitivo. Una vez depositado un olvido no hay posibilidad de arrepentimiento. También es importante saber que si no se deposita algo en cierto periodo, La Celda, al carecer de energía, se autodestruye y desaparece, dejando su trabajo a la Memoria que al no saber qué hacer con tanto olvido sufre un colapso; revuelve todo y se convierte en algo que se ha dado en llamar pomposamente, Alzheimer.