martes, 28 de diciembre de 2010

DESPERTARES


Por veleidades del destino, aquel hermoso gallo había pasado una semana en el pueblo. A su regreso, las gallinas de la granja le cuestionaron sobre su estancia en aquél. Con una mezcla de orgullo y modestia, el gallo les contó que sólo había sido un viaje de negocios y que nada más había cumplido con su trabajo. A la mañana siguiente el gallo no cantó. Las gallinas, argüenderas como siempre, dedujeron que si ya no cantaba, algo más importante podría fallar y eso no lo iban a permitir. Nombraron de inmediato un comité para interrogar al gallo sobre su omisión. Le encontraron acurrucado en su palo fingiendo dormir. Ante la presión del interrogatorio confesó que, mientras estuvo en el pueblo, dormía en el cuarto del patrón. Fiel a su instinto y tradición, cantó los dos primeros días a las cinco de la mañana, sólo para recibir un zapatazo en ambas ocasiones y que una hora después, una especie de gallo mecánico despertaba al patrón con su canto estridente. Obviamente, los días siguientes guardó silencio para evitar el zapatazo y adquirió rápidamente el hábito de no cantar.

Las gallinas quedaron satisfechas con la explicación. El gallo pidió disculpas y prometió reasumir sus labores acostumbradas a partir del día siguiente.

martes, 21 de diciembre de 2010

EL TÚNEL


Sorprendido por las luces rojiazules de las patrullas policíacas que se veían en el lugar donde había dejado el coche, cerca de la carretera, apresuré el paso para ver qué estaba sucediendo y ... bueno, veamos desde el principio.

Como lo hago con frecuencia en diferentes lugares, ese día decidí caminar por un bosque en el que existe una barranca formada por aguas de montaña y estaba seca en esa temporada. Como siempre, llevaba conmigo mi cámara fotográfica en busca de buenas imágenes de la naturaleza. Las barrancas tienen la ventaja de formar siempre un fondo cerrado y rico en colorido en cualquier dirección en la que mires, sin el temor de retratar un coche o una casa en el último plano. Avancé por el fondo de la barranca despacio, tranquilo y disfrutando del lugar al tiempo que tomaba algunas fotografías. Al poco rato observé, a media altura sobre las paredes del tajo, un matorral con una bella combinación de hojas y decidí hacerle algunas tomas. Con cierta dificultad fui trepando hasta ese punto. Busqué un buen ángulo y disparé varias veces. Luego, para variar, traté de colocarme detrás del matorral y fue entonces que lo descubrí. Estaba muy bien disimulado tras las hojas. Tendría cosa de un metro sesenta de alto por unos noventa centímetros de ancho. Era rectangular y obviamente artificial. El túnel, o al menos la entrada, se encontraba al final de una gran curva en la pared interior de la barranca. Podía verse hacia adentro poco más de tres metros y más allá, oscuridad.

Es obvio que un túnel así debe llevar a alguna parte, o al menos eso pensé. Intrigado, saqué mi lamparita de bolsillo y agachado, empecé a caminar internándome poco a poco en la oquedad. Lo primero que noté fue que no había huella alguna en el polvo del piso, sólo las mías y bien marcadas. Nadie había entrado por ahí en mucho tiempo. Luego, sólo por probar, apagué la lámpara. La oscuridad era absoluta. No se veía ya la entrada por lo que deduje que el túnel describía una suave curva. No había arañas ni murciélagos; de hecho no había nada. Así avancé por unos veinte minutos y ya pensaba en regresar cuando casi de pronto llegué a la salida. No la vi llegar porque no había luz. ¡Era de noche! Consulté mi reloj. Las once. ¡Yo había llegado a las nueve! Una terrible confusión mental me invadió de inmediato. A la luz de la luna, comencé a bajar hasta el fondo de la barranca y orientándome, enfilé rumbo a donde dejé el coche.

Fue cuando alcancé a ver a lo lejos las luces de la policía y me apresuré a llegar pensando que algo había pasado. Al llegar, las personas que estaban ahí voltearon a verme. De inmediato distinguí a varios amigos y compañeros de trabajo que me miraban como si estuvieran contemplando un muerto. Uno de ellos se acercó a mí y con los ojos muy abiertos me preguntó si estaba bien. Le contesté que sí, pero muy confundido y a mi vez le pregunté qué pasaba. ¡Que qué pasa! Me contestó en un grito. ¡Que te desapareciste durante cinco días! ¡Te dábamos por muerto o secuestrado! Hace un par de horas la policía encontró tu coche y se hizo cargo. Pues ¿Dónde estabas?

Las sesiones con la psicóloga se me están haciendo interminables y no me han servido de nada. Ahora está planeando hacerme una regresión hipnótica para ver en donde estuve. Según dicen, en esa barranca no existe ningún túnel. Lo único cierto es que ese túnel, exista o no, me ha robado cinco días de mi vida en menos de media hora.

martes, 14 de diciembre de 2010

CARABELA




La habitación era muy oscura. A través de los vitrales de la ventana se filtraba un poco de luz; era luna llena y parecía ser de madrugada. Despertaba de un sueño inquieto. Me incorporé en la cama tratando de ajustar mis ojos a la penumbra del cuarto del que apenas percibía los muros. Se apreciaba un gran ropero con lunas, una cómoda y una mesa adosada a la pared donde reposaba un aguamanil blanquecino. Me di cuenta de que me encontraba en algún hostal medieval, más que nada por la forma de la ventana y los colores del vitral, pero ¿Qué estaba haciendo ahí? Lo último que recordaba era... ¿Qué era? No recordaba nada. Decidí esperar a que amaneciera.
Las horas pasaron y la aurora se colaba poco a poco en la habitación. Pude ver una gran mesa. Me levanté y me lavé la cara en el aguamanil. Busqué mis ropas y no las encontré. Tampoco mi teléfono celular ni mi reloj. En el ropero hallé ropa limpia más o menos de mi talla. Al terminar de vestirme me miré al espejo y no pude evitar reírme. Parecía personaje de opereta.
En ese momento tocaron a la puerta. La abrí para encontrarme no con el botones que yo esperaba me explicara dónde estaba y tal vez la razón de mi presencia allí, sino con tres caballeros con atuendos parecidos al mío. Descubriéndose se presentaron hablando en perfecto portugués, lengua que en mi vida pensé dominar pero que ahora entendía perfectamente. Los hice pasar y tomamos asiento alrededor de la mesa. El que dijo llamarse Gil Eanes desplegó unos portulanos y me explicó una teoría para navegar hacia las Indias rodeando el continente africano, que se suponía abierto por el Sur. Hasta la fecha no se había intentado navegar más allá de las islas Canarias. Pero él y otros osados navegantes, sin perder de vista las costas africanas, habían superado el Cabo del Miedo (Cabo Bojador) y sacado provecho de la Corriente de las Canarias que fluye bordeando la costa hacia el Sur, para llegar a lo que en ese entonces se llamaba Guinea pero, y aquí venía el pero, para regresar por el mismo rumbo se encontraban con la corriente en sentido opuesto, haciendo de la empresa algo muy difícil y por el tiempo requerido, incosteable. Deseaban apelar a mis conocimientos para trazar una nueva ruta de regreso hasta Lisboa. Don Gil Eanes había ideado una forma de evitar la Corriente de las Canarias. Consistía en zarpar del Golfo de Guinea hacia el Oeste siguiendo la línea ecuatorial y después arrumbar al Norte describiendo un gran arco; pasar por el Oeste de las Canarias para evitar la corriente y regresar a Portugal.
Todo estaba muy bien en teoría, sólo que la mayor parte del viaje pasaría sin ver tierra en el Atlántico abierto. El terrible Mar Tenebroso donde monstruos marinos y toda clase de tormentas se encargaban de hacer naufragar a los que osaban invadir sus aguas. Sin embargo, para ser marino, Don Gil era más pragmático que supersticioso y apoyándose en imprecisos relojes de arena (ampolletas); primitivas crucetas hechas de madera y la imprescindible brújula, creía poder establecer una nueva ruta comercial entre Portugal y las costas de África para empezar, y de ahí darle la vuelta al continente para llegar a las Indias. Sólo había un pequeño problema y ahí era donde entraba yo. No sé cómo pero averiguaron que yo era un experto en el diseño de embarcaciones y me rogaron que les desarrollara un navío de regular tamaño, de gran capacidad de carga y con un casco que le permitiera navegar a buena velocidad y capear al mismo tiempo las violentas olas del Atlántico. El proyecto requería un diseño nuevo de los aparejos, velas, jarcias, mástiles y timón, pues la nave debía ser muy maniobrable con vientos de través. En otras palabras, tenía que ser una embarcación muy marinera. Discutimos un buen rato sobre la conveniencia de combinar velas cuadradas con latinas y la necesidad de una arboladura con tres mástiles y bauprés para aprovechar los vientos al máximo. ¡Estábamos inventando la carabela!... El rugido estruendoso de un tractocamión me despertó sobresaltado en ese momento pues me quedé dormido en el auto a un lado de la carretera, cansado, extraviado y con el GPS en la mano, tratando de encontrar el camino de regreso a casa.

lunes, 6 de diciembre de 2010

VIEJO SABIO


Muchas veces he ido a verlo. Muchas veces he hablado con él. Muchas veces le he expuesto mis razones y muchas veces también, estoy seguro, me ha escuchado. Si bien siempre ha seguido haciendo lo suyo como si yo no estuviera ahí, como si yo no existiera, he percibido que lo hace para que yo no me dé demasiada importancia. Así fue hasta que hace poco me di cuenta de que él escuchaba mis interminables monólogos pero nunca me contestaba ni me decía nada, por la sencilla razón de que yo nunca le dejaba hablar, ni le cuestionaba ni le pedía su opinión. Me permitía desahogarme y para mí eso había sido suficiente, hasta ese día.
Llegué y como siempre, él estaba ahí. Tomé asiento y contra mi costumbre guardé silencio. Sólo me quedé mirándolo pues esta vez no iba preparado. Quizá ahora no tenía nada importante qué decir o no había organizado mis pensamientos. No lo sé, pero entonces sucedió algo extraordinario. De pronto me habló, mesurado y suave, alargando las últimas sílabas. Luego hizo una pausa que me pareció eterna y volvió a expresarse de la misma manera. Fue así que al poco rato de escucharle descubrí la clave de su lenguaje. ¡Era música! Durante algunos minutos percibí larguísimos compases donde sin necesidad de polifonía alguna empecé a escuchar el Universo. Los prolongados y rítmicos silencios resaltaban la única nota que algunas veces sonaba pianíssimo y otras tronaba con un forte maestoso. Embelesado, lo dejé ejecutar su sinfonía. Cerré los ojos y disfruté profundamente.
Hace tiempo que mis monólogos callaron. Hace tiempo que lo visito nada más para escucharlo. No necesito contarle nada. Es tan viejo que lo sabe todo y si bien tiene un carácter bastante disparejo, me tranquilizan y fascinan sus brisas placenteras y me sorprenden y estremecen sus vientos y huracanes. Sí. Hube de dejar en casa sonidos y palabras y llenar mi mente de silencio para escuchar el eterno lenguaje del Océano.

martes, 30 de noviembre de 2010

ERÓTICA


Ya llevo un buen rato frente a ti y ni una palabra. ¿Te he hecho algo malo? ¿He cometido alguna indiscreción? ¿He abusado de alguna manera de tu impoluta inocencia? ¡Dime! No te quedes callada. - Silencio... - Puedo esperar todo el día si fuera necesario pero... ¡Ah! Ahora empiezas a cubrirte, lenta e inexorablemente, en ese suave rito de ocultar tu desnudez como quien cierra una cortina; despacio, suavemente y con cierta lascivia. Una cortina que si bien te nubla, no te esconde totalmente y sigue dejando entrever la blancura de tu piel. Esa piel fascinante que me reta a cubrirla con mis pensamientos, con mis manos. Sabes bien que he repetido este auto de liturgia innumerables veces y sin embargo, la emoción es cada vez más fuerte y más profunda... ¿Estás celosa? Jamás he ocultado que no has sido la única. Modestia aparte han sido cientos, tan inocentes e inmaculadas como tú y, como a todas ellas, te estoy sumamente agradecido por haberme permitido acariciar y cubrir tu piel con estas letras.

martes, 23 de noviembre de 2010

CAÍDA LIBRE


No era mi primer vuelo pero mis temores sí eran los mismos. Se dice que aquello que más temes es lo que te sucede y para mi desgracia se estaba haciendo realidad. Mi paracaídas no se había abierto y seguía bajando velozmente hacia tierra. El suelo se aproximaba muy rápido y créanme, eso de que cuando vas a morir, tu vida entera desfila por tu mente como una película, es verdad. La mía pasó demasiado deprisa; apenas y pude reconocer algunos pasajes: mi infancia transcurrió en cinco segundos; mi adolescencia en diez y mi juventud en otros tantos.
En los entrenamientos me pasaba lo mismo. No sé por qué continúo la tradición familiar de piloto aviador. Bueno, si sé por qué. ¿Ustedes saben lo que es la presión de varias generaciones? Pues yo sí y es terrible. Ahora había cerrado los ojos fuertemente pues no quería mirar cuando hiciera contacto con la tierra. Sin embargo, me sobrepuse y los abrí tan solo para sentir un fuerte vacío en el abdomen. El suelo estaba ahí y de pronto ¡Bum bum! Las ruedas corrieron por la pista. Corté el acelerador, hice mi carreteo y llegué hasta el hangar. Qué bueno que no se abrió mi paracaídas. No hubiera podido explicar por qué, adentro de la cabina.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA ESCALINATA




Muy intoxicado, apenas lograba sostenerse en pie. Los efluvios de la droga y el alcohol habían embotado casi por completo su cerebro. Todo parecía irreal e intangible. Los colores, olores y sonidos eran tan intensos que apenas los podía asimilar. Había superado más de la mitad de la escalinata y se esforzaba para seguir subiendo. De no ser por los que le ayudaban sosteniéndolo por los brazos, hacía rato se hubiera desplomado. Por fin, llegó a la parte superior de la escalera y los ayudantes lo acostaron mas no sintió ningún descanso. Poco después percibió una sombra que se aproximaba. Un contorno emplumado le tapaba el sol. El rítmico batir de cien tambores retumbaba en sus oídos mezclado con los gritos de una multitud. Un intenso olor a sangre penetraba su nariz. La sombra le cubrió.
No hubo dolor cuando la obsidiana cumplió su cometido. Alcanzó a ver su corazón latiendo por encima de su pecho y un instante después percibió con terrible claridad, la figura espectral de Mictlantecuhtli quien sonriente, le dio la bienvenida.

martes, 9 de noviembre de 2010

GOLIAT


Las tradiciones del mundo están llenas de alusiones a personas de elevada estatura, los llamados gigantes. Quizá una de las más conocidas es la historia de Goliat de Gath, un nephilim que militaba en las huestes filisteas. Con aquello de que el tamaño sí importa, la carrera castrense de Goliat fue meteórica. En las innumerables campañas por el sureste de Canaán (lo que hoy es la franja de Gaza), donde el hierro filisteo llevaba la ventaja contra cualquier oponente, Goliat sobresalió, en sentido literal y militar debido a su estatura y valor en el combate, al grado de ser nombrado campeón de los filisteos.
Si la leyenda la hubieran escrito sus paisanos, Goliat hubiera pasado a la historia como un héroe preclaro en la defensa de su territorio contra la invasión israelita. (¿Dónde habré escuchado eso?). ¡Ah! Pero la maldición cayó sobre él un día en que los filisteos retaron a los israelitas (tal vez yo hubiera hecho lo mismo para ahorrar vidas humanas) a un duelo singular campeón contra campeón. Yo estoy seguro de que en aquel tiempo no existía una AMCS (Asociación Mundial de Combates Singulares) que sancionara los encuentros de esta clase y estableciera las normas obligatorias a las que debían someterse ambos contendientes. Detallitos como el peso, la estatura, las armas elegidas, el tiempo de combate, etc., etc., si no, tengo la certeza de que los filisteos hubieran ganado por default pues los israelitas no contaban con un campeón de los tamaños de Goliat. Sin embargo, tales pelillos no importaron a los organizadores del encuentro y a la voz de que más vale maña que fuerza, los israelitas mandaron a David (era peso gallo) al combate, con los consabidos consejos de "el que pega primero...", "no dejes que te agarre", "mantén tu distancia" y qué sé yo. Este último concepto cayó en la clara conciencia de David como una iluminación divina (Yahvé seguramente estaba al tanto) así que para despistar a Goliat, que lógicamente esperaba un cuerpo a cuerpo y desviar su atención de sus verdaderas intenciones, David tomó su cayado con la mano izquierda mientras con la derecha preparaba su honda. Cuando el bueno de Goliat lo vio, profirió la frase más ingenua en la historia de la ingenuidad: "¿Acaso me tomas por un perro que vienes hacia mí con un palo?" Bueno, ya sabemos que Goliat no pudo cabecear la piedra. Para más detalles de la "pelea" ver Samuel 1-17, versión hebrea.

martes, 2 de noviembre de 2010

EL ÁRBOL DEL FANTASMA


Ese día, los cuatro acordamos reunirnos por la tarde en el Árbol del Fantasma; éste se encontraba en un lugar secreto y mágico en la tupida selva y, escondida entre sus raíces, se hallaba nuestra más valiosa posesión: el tesoro. En él se cifraban las esperanzas de todos para un futuro inmediato.
Todo empezó cuando decidimos romper con las condiciones que otros nos imponían y decidimos independizarnos para no tener que aceptar los caprichos de nadie. Aquella tarde todo cambiaría.
A eso de las cinco, fuimos llegando de uno en uno en forma muy discreta y cuidadosa. Si bien la selva nos protegía de miradas curiosas no estaba por demás ninguna precaución. ¡Si se descubría nuestro escondite!... Conforme íbamos llegando nos escurríamos entre los matorrales hasta alcanzar la base de nuestro árbol. Una vez reunidos, quitamos las piedras que disimulaban el hueco entre las raíces. Uno de nosotros sacó el cofre, lo abrió, y contamos varias veces las monedas.
Saltando de alegría y olvidando toda precaución, salimos gritando de los setos de aquel jardín público. De ese lugar extraordinario que durante meses llenó cuatro vidas de significado y donde yo, en lo más profundo de mi corazón, sentía que se estaba terminando una etapa más de aquella infancia. ¡Habíamos reunido lo necesario para comprar nuestro propio balón de fut!

viernes, 29 de octubre de 2010

QUINCE MINUTOS



Finalmente logramos acorralar a la banda. El jefe de los ladrones se parapetó tras el tronco de un enorme fresno, desde donde disparaba sin cesar. Por fortuna su puntería no era buena y no había bajas entre los nuestros. Tratamos de rodearlo pero nos descubría. Sus secuaces nos disparaban desde los alrededores impidiendo acercarnos al fresno. La balacera era impresionante. Ese día fue memorable porque nunca antes los habíamos podido acorralar; no había lugares donde pudieran esconderse y teníamos toda el área controlada. Estaban copados y yo, como capitán de la policía, les grité que se rindieran, que era inútil toda resistencia y que salieran con las manos en alto. Hubo unos segundos de silencio y cuando menos lo esperábamos, sonó la campana y terminó el recreo.

martes, 19 de octubre de 2010

VIAJE


Era una situación nueva para mí. Una transformación tan drástica como maravillosa. De manera increíble, ya no tenía noción alguna de ser físico; lo había logrado después de muchos años de intentarlo. ¡Estaba fuera de mi cuerpo! No tenía que hacer nada para moverme a donde yo quisiera. Durante unos segundos tuve todavía la sensación del arriba y el abajo pero sin sentir peso alguno. Busqué con ansia el famoso "cordón de plata" y no lo hallé por ninguna parte. Estuve a punto de entrar en pánico pues por un instante me sentí como un astronauta al que se le hubiera roto el cordón umbilical que lo une con el módulo, allá en la inmensidad del espacio. Entonces descubrí algo extraordinario. Con sólo pensarlo podía estar en cualquier lugar que yo deseara. Estuve presente en la gran pirámide de Keops y me maravillé con su magnificencia; luego en Abu Simbel, impresionante. Después fui hasta el Valle de los Reyes y de ahí a la Isla de Pascua. Visité Chichén Itzá, Palenque y El Tajín. Salté hasta Machu Picchu y Sacsahuaman y contemplé la llanura de Nazca y bueno, para qué seguir. Aquello fue un tour mundial por esos lugares que siempre me habían resultado fascinantes. Dando un giro dramático, cambié mis objetivos y no me lo van a creer pero platiqué, sin usar palabras, con Newton. Me dijo que lo de la manzana es puro cuento. Luego estuve con Tesla que se divertía jugando con los relámpagos. El buenazo de Franklin me deleitó con un vals ejecutado en su famosa armónica de cristal. Ahí estaba Galileo con sus famosas movidas planetarias y Nostradamus que se entretiene elaborando el horóscopo del que se le ponga enfrente. A mi admirado Giordano Bruno, no se le nota lo quemado. Observando a las aves, Leonardo me ignoró olímpicamente. Saludé a Verne y vi a los irreconciliables Cervantes y Lope de Vega compartiendo una damajuana en una taberna. Se llevan muy bien. Ariosto andaba por ahí dejando volar su grandiosa imaginación. También estaba Dante, y ¡qué creen! se paseaba por un jardín ¡del brazo de Beatrice! Sorprendí a Goethe que escribía una nueva versión del Fausto para el cine. Pasteur investiga sobre el cáncer de mama. Conversé brevemente con Sócrates y Platón me tiró un diálogo que resultó monólogo. ¡Ah! Aguantando la respiración le di un gran abrazo a mi apreciado Diógenes que me regaló una linternita de llavero. Por cierto, su tinaja estaba muy bien acondicionada. Lógicamente, ahí estaba Aristóteles. Nos saludamos como viejos amigos. Discutí un buen rato con Sartre y no llegamos a ningún acuerdo. No hacía falta. Llegó por ahí Herodoto y me sorprendió su clara conciencia del devenir histórico. Luego me encontré por sorpresa con Bonaparte que accediendo a mi petición me contó, con lujo de detalles, su estrategia en la batalla de Tolón. Por cierto que cultiva una profunda amistad con Nelson. Extraordinario.
Todo iba de maravilla. Yo estaba feliz como bacteria en caldo de cultivo cuando de repente aquel ambiente se empezó a oscurecer y no recuerdo más. Algunas molestias acompañaron mi vuelta a la conciencia y minutos más tarde, el cirujano se acercó solícito y me preguntó cómo me sentía. Con la poca voz que me salió le respondí que bien, pero que me hubiera gustado mucho soñar un poco más.

miércoles, 13 de octubre de 2010

ADALÍD


- Agradezco a Vuestra Majestad el haberme concedido el privilegio de serviros.
- No digáis más Capitán, que con tantas conquistas habéis encontrado la mejor manera de servir a la Corona. Hisperia tiene en vos el mejor ejemplo de valor y arrojo. Vuestras numerosas heridas son elocuente testimonio del coraje de vuestro corazón.
- Vuestra Majestad es generosa al expresarse así de su humilde vasallo. En esta ocasión confirmo que mi brazo y mi espada estarán siempre al servicio del reino cuando haya menester. No habrá enemigo ni situación, por difícil que sea, a la que tema enfrentarme para demostrar el temple, la nobleza y la magnanimidad de Vuestra Merced.
- Podéis retiraros Capitán, y recordad que lleváis sobre vuestros hombros el orgullo y el honor de Hisperia. Estamos seguros de que responderéis sin demora al llamado de la Corona y tom...
- ¡Hernandooo! ¡Hernanditooo! !Mirad que si no bajáis de inmediato, os quedaréis sin cenar!
- ¡Mmhhh!

miércoles, 6 de octubre de 2010

VENGANZA


El viejo gordo me cayó como bomba. Desde el día que supe que iba a ser mi maestro de inglés sabía que iba a tener problemas con él. Pronto lo confirmé. Su tarjeta de presentación fue un lunes a las ocho de la mañana. Empezaba la clase y yo comentaba con mi compañero de banco las aventuras del fin de semana cuando de improviso:
- ¡Cinco notas malas! ¿Cuál es su número de lista? - gritó señalándome con la regla. Me puse de pie y le contesté con cierta timidez. - Veintitrés - y me volví a sentar.
No soy el único que ha sufrido la terrible "notorrea" de ese señor. Ese año fueron como sesenta los casos en que con la mano en la cintura, vomitó notas malas y hasta ceros en conducta a diestra y siniestra.. Creo que de todos modos, el sistema no le funcionaba para controlar la disciplina en la clase, por demás aburrida y repetitiva. Yo, en lo personal, reincidí un buen número de veces. El caso llegó a ser tan notorio que se formó una especie de cofradía de niños víctimas del profesor. Un club exclusivo cuya membresía llegó a ser motivo de orgullo. Analicemos la mecánica del asunto.
Los lunes por la mañana llegabas a la escuela renovado y lleno de buenos propósitos como sacar diez en conducta, contestar todas las preguntas en clase y sacar diez en aprovechamiento. Hacer todas las tareas y tal vez hasta quedar entre los primeros de la clase al fin de la semana. Esos lunes sin embargo, también eran fatídicos. Ese día entregaban las boletas con las calificaciones de la semana anterior para ser firmadas por los padres. Casi con seguridad llevabas ahí un cinco o hasta un cero en conducta. Como ven, los ingredientes de los lunes eran de por sí explosivos. Empezar un lunes con otro cinco u otro cero mataba todas las esperanzas para el resto de la semana. Carecía de incentivo portarse bien. Para qué, si ya tenías un cero ¿No? Lo curioso es que a veces ya te portabas bien sin la presión de conservar un diez. Como que ya estabas vacunado. No sé. Era confuso pero así era. ¡Ah! Pero mi venganza fue terrible. La oportunidad se presentó un lunes a primera hora en que algún despistado preguntó - ¿Con quién nos toca? - Yo, en un arranque de inspiración divina le contesté - Nos toca con El Caganotas - Una maravillosa sensación de triunfo me invadió al escuchar las exclamaciones de beneplácito de mis compañeros que repetían el apodo muertos de la risa. Pero no paró ahí el asunto. Tres años después pasé a saludar a mis buenos maestros y al caminar entre los chamaquitos de secundaria escuché a alguno exclamar: ¡Chín, nos toca con El Caganotas!

martes, 21 de septiembre de 2010

FRANCOTIRADOR


En el último minuto, la refriega se había vuelto muy intensa. Los proyectiles volaban en todas direcciones y el enemigo aparecía por todas partes. Disparaban desde ventanas, parapetos y cualquier cosa que les protegiera y ocultara. Una bala rebotó a escasos centímetros de mi cabeza advirtiéndome que habían descubierto mi posición. Tenía que moverme de ahí o tarde o tempra... ¡Tzzzinnnnng! Otra bala pegó en el muro que me protegía. ¡Un francotirador me tenía en la mira! No esperé más, corrí a una nueva posición y me oculté de nuevo. Tuve suerte - pensé - debe ser un tirador bisoño, de otra manera ya me hubiera dado. Lentamente me asomé por una abertura en la pared y por ahí apunté mi rifle. Entonces lo vi. Todo se puso rojo y luego negro. Yo estaba muerto. Tan muerto que sentía el agujero en mi frente justo bajo la visera del casco. Es increíble el realismo que han desarrollado los videojuegos, ¿No creen?

domingo, 19 de septiembre de 2010

BICENTENARIO


En estos días patrios me la he pasado preguntando a los amigos qué es lo que estamos celebrando. Las respuestas han sido tan distintas que quedé más confundido que antes y decidí sacar mis propias conclusiones.
Somos una nación terrible. Terrible en todos los aspectos y todas las acepciones de la palabra.
Terriblemente patriotas y terriblemente apátridas. Terriblemente unidos y terriblemente separados. Terriblemente religiosos y terriblemente agnósticos. Terriblemente legalistas y terriblemente transgresores. Terriblemente inconformes y terriblemente conformistas. Terriblemente lo que sea. Peor aún, no siempre los extremos están balanceados. Siempre hay un lado más pesado que el otro. Históricamente, ese subeybaja se ha movido demasiado y ese movimiento ha causado grandes acontecimientos sociales. Mientras se recuperaba la posición estable, que finalmente resultaba ser la misma de antes, todo era caos y desorden pero, vamos a ver qué pasaba cuando se restablecía el equilibrio. Lo primero que vemos es que el subeybaja no está centrado. A partir del punto de apoyo, un extremo es más largo que el otro. Sobre el extremo corto hay mucha gente. Sobre el extremo largo hay unos cuantos. Cuestión de brazos de palanca. ¿Equilibrio? Dejémoslo así.
Entonces ¿Qué es lo que debemos celebrar? ¡Pues eso! Que viéndolo "a la mexicana", todo está parejo, "como debe de ser". Es el "Orden Mexicano" con el que estamos acostumbrados a vivir. Funciona tan bien que ese "equilibrio de fuerzas" ha cumplido cien y doscientos años respectivamente. Y ahí está el quid. ¡Mexicanos! ¡Celebremos con júbilo lo que hemos aguantado! Unos mexicanos han oprimido a otros mexicanos. ¿Cuál es el problema? ¡Todo queda en familia! ¡Sigamos demostrando al mundo que los mexicanos podemos soportar a los mexicanos! ¿Quieren pruebas? ¡Estamos cumpliendo un bicentenario de estar sobreviviendo a nosotros mismos! Eso señores, ¡HAY QUE CELEBRARLO!

martes, 14 de septiembre de 2010

DIÁLOGO


Cierta tarde se encontraron un perro y un gato en la esquina del café del barrio donde yo saboreaba mi expresso. Contra lo que yo esperaba se pusieron, después de una breve ceremonia olfativa, a platicar haciendo caso omiso de mi presencia tras el barandal del quiosco.
Hablaron de las necedades humanas como la de clasificar a los animales por su raza. El perro hizo hincapié en que todos los perros son perros independientemente de sus características como tamaño, forma, etc., concepto con el que el gato estuvo totalmente de acuerdo desde el punto de vista felino. Comentaron sobre lo bien que funcionaría el mundo si los seres humanos dejaran de clasificar todo en su afán de organizar el conocimiento con la idea, falsa a todas luces, de que aquello que está clasificado se da por conocido. Llegaron a la conclusión de lo difícil que puede resultar para los hombres romper con tradiciones seculares como la de que el gavilán se come a los pollitos; la lechuza caza a los conejos; el coyote se come a las gallinas; el gato se come a los ratones y los perros persiguen a los gatos. Un movimiento involuntario de mi silla delató mi presencia a los dos animales que de inmediato me miraron. Luego se miraron, y perro y gato salieron disparados el uno tras el otro con gran alboroto entre las piernas de los transeúntes.

martes, 7 de septiembre de 2010

SEGURIDAD




Nuestro grupo, de unos veinte visitantes, estaba citado en la gran planta ensambladora a las nueve de la mañana. Con unos minutos de retraso, el autobús llegó a la fábrica, se estacionó rápidamente y descendimos de él los invitados. Para recibirnos dignamente, estaba la jefa de relaciones públicas, acompañada de una atractiva edecán, (buena pierna, escote generoso, uniforme pulcro y sonrisa permanente). A sus espaldas, tres vehículos descubiertos, con sus respectivos conductores y dotados de audífonos inalámbricos individuales, nos esperaban estacionados en batería. Cordiales palabras de bienvenida precedieron a los consejos que sobre seguridad industrial se pronunciaron a continuación, donde se acentuaba la importancia que la empresa daba a mantener la tasa de Cero Accidentes durante el presente mes: ...no descender de los vehículos por ningún motivo a menos que la edecán lo señalara, no mirar fijamente las chispas de las soldadoras eléctricas y en caso de ir a pie, ceder siempre el paso a los montacargas que, hábilmente conducidos, circulaban por los largos pasillos de las naves. Por supuesto, no hablar ni distraer a los operarios de cualquier equipo. Abordamos los vehículos. Sobre los asientos encontramos un casco de seguridad para cada uno y comenzó el recorrido.
La edecán dijo llamarse Helena López, se puso a nuestras órdenes y entrado que hubimos a una de las naves empezó su descripción: "Como aquí pueden observar, en la orilla de este extremo, junto a la máquina grande que está allá, la verde, se inicia el proceso de todo esto, y bueno, pues esas piezas salen de ahí y llegan hasta allá, al otro lado, donde las juntan con otras que vienen desde más lejos pero que también las hacen aquí. Acá adelante, llegan partes que son importadas del Medio Oriente para que las atornillen a otras que no son de allá del Medio Oriente, y bueno, pues todavía tenemos que comprar algo al extranjero, pero la integración nacional llegó este año al diez por ciento, y bueno, pues vamos avanzando... Estos aparatos son robots y bueno, todo lo que hacen lo hacen solos, nadie les ayuda, son lo último en tecnología y los empleamos para ensamblar lo de abajo y lo de adentro, y bueno, como no flojean ni nada pues se han ganado nuestra confianza. Por allá adelante está la sección de electrónica, y bueno, como son piezas muy chiquitas y no se ven, sólo les diré que hacemos muchas muchas, ya que nuestros productos las emplean mucho también."
Nuestra caravana ingresó a la sección de prensas según rezaba un gran letrero. La señorita edecán ya había, para nosotros, alargado su nombre. Ahora se llamaba Helena López y Bueno. Y continuó: "Esta es la sección de prensas y bueno, como ustedes pueden observar, aquí se prensa todo el material que se tiene que prensar. Prácticamente todo es lámina que no estaba prensada. Ahora, antes de continuar, sean tan amables de colocarse sus cascos de seguridad, y bueno, ustedes ya saben que eso significa algo de incomodidad, despeinarse, sudar un poco, etc., pero vale la pena usarlos. Son muy seguros y son increíblemente resistentes y bueno, déjenme decirles que el año pasado hubo aquí, acá entre nos, un accidente muy feo. Un visitante se bajó sin permiso en esta sección para ver la prensa esa y bueno, que se resbala y que lo agarra la prensa de aquí para arriba - dijo señalando de la cintura para arriba - y bueno, pues fue algo horrible. Se paró la producción, llegaron los técnicos y pasó como una hora para sacar al señor, la prensa se ensució y bueno, tuvieron que limpiarla muy bien antes de echarla a andar de nuevo. Créanme que al casco no le pasó nada. Son super resistentes y bueno..."

martes, 31 de agosto de 2010

NEGOCIO REDONDO


Conocedor de todo tipo de mercados y después de haber superado algunas crisis económicas, se encontraba nuevamente en una situación favorable. Los encabezados de los principales diarios así lo mostraban: CRISIS INMOBILIARIA, DEVALUACIÓN DEL PESO, CRÉDITOS BANCARIOS SUSPENDIDOS, TASAS DE INTERÉS AL ALZA, QUIEBRA DE INSTITUCIONES FINANCIERAS y así sucesivamente. Por lo demás, los productos de primera necesidad también habían subido. El pan, las tortillas, el huevo, las legumbres y las frutas, por no citar el pollo, el pescado y las carnes rojas estaban por las nubes.
Acostumbrado sin embargo, a que las cosas tienden a subir y que a él la inflación le resultaba ventajosa, había invertido toda su fortuna en un ramo de grandes volúmenes. Adquirió insumos a precio conveniente y con gran habilidad los hizo crecer con una considerable plusvalía. El suyo era un negocio redondo. Su nicho de mercado estaba integrado por clientes consumidores a los que no se les podía decir que no, a riesgo de ocasionar un drama. Al final de ese día, con cifras bastante positivas, cerró la bolsa, empuñó el manojo de multicolores globos, cruzó la alameda y emprendió el camino de regreso a casa.

martes, 24 de agosto de 2010

PANACEAS


Estoy en esa situación de duermevela cuasionírica o estado alterado de conciencia llamado comúnmente "hasta atrás", causado por la ingestión desmedida, es decir, no autorizada ni controlada por algún buen médico, de una cantidad de analgésicos, antitérmicos, mucolíticos, expectorantes, antitusivos, descongestivos y cuanto hay, desde luego junto con toda clase de tesitos, cocimientos y tisanas de la ubérrima herbolaria mexicana. Mi corazón se siente agradecido por las atenciones de los amigos, vecinos, compadres y compañeros que, todos con la mejor intención, han aportado su benevolente consejo para sacarme de mi estado mórbido lo antes posible. Eso sí, han logrado que me importe un cuerno cómo me siento pues en mi nebuloso cerebro todo gira en veloces órbitas elípticas y circulares que cambian de dirección cuando muevo la cabeza. Si cierro los ojos, el abdomen se me frunce y siento que me precipito en un profundo vacío que no deja de ser emocionante. Cuando los abro, mi cuarto me sorprende con habilidades dignas del más avanzado simulador de vuelo en programa de "mayday". En fin, "mi espíritu se llena de gozo al contemplar la bondad" de todos mis allegados. De nada me ha servido mencionar discretamente, cada vez que puedo, aquel sabio aforismo que dice: "La gripe se quita, con tratamiento, en siete días. Sin tratamiento, en una semana". ¡Ni modo!

martes, 17 de agosto de 2010

LUCES EXTRAÑAS


La noche me alcanzó cuando faltaban unos ocho kilómetros para llegar a mi destino. Aquella brecha, mal llamada camino, era un verdadero infierno de hoyancos y piedras por los que las ruedas de la camioneta apenas podían pasar. Era un tramo de selva por lo que las ramas de los lados rozaban constantemente la carrocería, con el escalofriante rechinido de unas garras que trataban de atraparme. Las luces del vehículo subían, bajaban y se mecían de lado a lado siguiendo el ritmo del volante que trabajaba incansable para evitar los obstáculos. La pendiente descendente fue disminuyendo su inclinación y la selva pareció entrar en retirada cuando llegué a la parte llana, pero las zanjas y los bordos seguían ahí. - ¡Qué bueno que no es temporada de lluvias! - Me dije tratando de ver el lado bueno de la situación. - Esto, mojado sería imposible. - Seguí avanzando con la transmisión en primera, lentamente, siguiendo el rastro de mis luces. Después, todo sucedió en menos de cinco segundos: del cielo bajaron dos luces que se aproximaron rápidamente y en línea recta de frente a la camioneta. Apenas tuve tiempo de frenar. Las luces llegaron velozmente intensificando su brillo. Un golpe seco y un sonido espeluznante me hicieron saltar espantado en el asiento; algo había cubierto el parabrisas y resbalaba lentamente. Quedé paralizado por la impresión durante unos instantes. Luego, sobreponiéndome, saqué la linterna de la guantera y la encendí. El parabrisas estaba roto y una masa informe lo cubría. Muy despacio, bajé de la cabina y temblando revisé por fuera.
Ya me había dicho mi papá que las lechuzas se encandilan con las luces de los faros.

martes, 10 de agosto de 2010

UNO DE PIRATAS


¡En la mar brava se miden los marinos! Gritaba a mis hombres con voz atronadora cuando veía que flaqueaban golpeados por la tempestad. Pero nuestros esfuerzos fueron inútiles y el navío fue a encallar destrozado en las costas de una isla desconocida, donde al cabo de varios días de angustia, un bajel pirata se condolió de nosotros y nos rescató con la condición de pasar a integrar la feroz tripulación. Yo era marino mercante y no pirata pero mi gratitud hacia el capitán Hawkins, que tal era su nombre, me hizo adaptarme en lo posible a mi nueva situación, sin imaginar siquiera lo que me esperaba.
A bordo, la comida era infame cuando la había. A la carne de cerdo ahumada había que quitarle los gusanos así como el moho a las galletas para poder comerlas. El agua potable en los toneles olía mal, la provisión de cocos de agua se había terminado y más pronto que ya, se me declaró un tremendo dolor de estómago. Traté de sobreponerme y aguantar pero me fue imposible y en una de ésas tuve que levantarme de inmediato y correr a la letrina. La violencia del ataque hizo que me despertara, cerrara la puerta del baño y volviera el estómago con gran alivio. Cenar tacos de carnitas, nana, buche y de cueritos, es un banquete de pronóstico reservado.

martes, 3 de agosto de 2010

LOS ORÍGENES DEL MORO


A mi amigo R. Castañeda R.

Así empezó:
"Salido que hubo de Granada, tomó las de villadiego y se perdió en las brumas de la Historia", diría el eximio Manolito de Burgos en su obra "Pintose de mil colores", joya de la literatura y muestra excelsa del romancero del siglo XV, de donde Abenamar, Abenamar, es sólo un pobre remedo. Para el lector avezado este puede ser un buen punto de partida en la búsqueda, pero... ¿Hemos considerado todas las posibilidades? Quizás debamos hacerlo; abramos nuestra mente y veamos cómo se rasgan los velos del misterio.
Hipótesis I.- El Moro llegó a América junto con Colón, pero venía de incógnito.
Hipótesis II.- El Moro arribó a América en una carraca de alquiler.
Hipótesis III.- El Moro viajó a América remando.
Hipótesis IV.- El Moro llegó a América nadando. (1)
Dicho lo anterior, ahorrémosles a los sesudos exegetas de la Historia algunos siglos de esfuerzo y saltemos a un lugar más cercano: la Nueva España. Por ahí de 1597 se empezó a notar por primera vez un extraño mestizaje al que los antropólogos llamaron, con gran originalidad, mozárabe-náhuatl; los primeros individuos de este mestizaje fueron ubicados en la fértil zona aledaña al río Apulco, donde debido a la abundancia de campos cubiertos de flores se fundó el asentamiento llamado Xochiapulco, en la actual Sierra Norte de Puebla. Bueno, pues de ahí viene y así termina la exhaustiva investigación antropológica que tras años de búsqueda y análisis dio como resultado el descubrimiento más sobresaliente de los últimos años: El "Moro de Xochiapulco". Último ejemplar vivo de dicha etnia que, nostálgico, deambula eventualmente por las calles y centros comerciales de la Ciudad de Puebla. Su sueño dorado es cantar el Otelo en la próxima temporada de Ópera.
(1) Las hipótesis del II al IV fueron desechadas tras un concienzudo análisis efectuado por catedráticos de Lógica Aristotélica de la Universidad Complutense en aquel sonado caso conocido como "El complut del siglo".

martes, 27 de julio de 2010

METRALLA


La Historia ni siquiera me menciona. Pero no importa. Si yo hubiera estado pensando en la gloria, soñando en poner mi nombre por ahí en algún lugar, no hubiera podido hacer nada. Sólo cumplí con mi deber y no por obediente, sino porque aquí, en mi corazón, una voz interior me recordaba constantemente que lo que hacía estaba bien. Que valía la pena cualquier sacrificio para cambiar las cosas y que mi labor, pequeña y humilde era la parte que me correspondía para lograr ese cambio. Era soldado raso, como la mayoría. Mi mosquete y yo hicimos mucho daño al enemigo. Perdí la cuenta cuando pasé de diez y dejé de contarlos. Para qué contar los muertos si a fin de cuentas para eso estaba. Tras más de dos meses de sitio, el calor, la sed y el hambre, ya no eran nada para mí. En las noches de guardia, junto a la lumbre, cantábamos aquella de
"Por un cabo doy dos reales,
por un sargento un tostón.
Por mi general Morelos,
doy todo mi corazón."
Un mal día, otro ataque realista intentó penetrar nuestras defensas. Habíamos resistido por más de una hora. Me asomé después de cargar el mosquete y no supe de mí. Sólo alcancé a escuchar un cañonazo que barrió conmigo y varios más. Desperté en la traílla que arrastraba un caballo el día que salimos de Cuautla a principios de Mayo de 1812. Fue en ese camino que me quejé de la pierna y el que marchaba a mi lado me dijo. Estás bien. Con una pierna, no tienes que caminar.

martes, 20 de julio de 2010

ENTREVISTA INÉDITA




-Nos encontramos a un lado del camino en medio de estas bellas montañas donde vamos a entrevistar al ingeniero aeroespacial mexicano Rolando de la Torre. Él es egresado del Instituto Internacional de Astrofísica y Exobiología (IAEI por sus siglas en inglés); colaboró durante diez años en el Proyecto Exobiológico Interdisciplinario de la NASA y es el experto mundial más connotado en EBE (Entidades Biológicas Extraterrestres). Se encuentra aquí disfrutando de un año sabático en la cabaña que posee en estas montañas de la Sierra Norte de Puebla y se dice que ha sido testigo hace unos días de un suceso extraordinario que recuerda con perfecta nitidez. Pero dejemos que el ingeniero nos relate su estremecedora experiencia.
- Buenas tardes ingeniero.
- Buenas tardes. Pues lo que yo pude ver, fue una nave que se detuvo levantando una gran polvareda allí, en la orilla del camino. Momentos después se abrió lentamente una compuerta. Recuerdo con toda claridad cómo una figura de aspecto humano salió de ella y comenzó a efectuar una especie de rutina de inspección alrededor de la nave. Después se detuvo. Una escotilla se abrió lentamente con un suave siseo y el ser introdujo ahí la parte superior de su cuerpo para momentos después salir de ahí con un dispositivo antigravitacional en sus manos. Luego, con sorprendente habilidad, instaló el aparato en un costado del fuselaje y éste levitó ligeramente. A continuación regresó a la escotilla de donde sacó un herraje metálico. Después de maniobrar un poco, extrajo de la nave un gran disco brillante con la periferia negra, llena de símbolos indescifrables. Lo llevó hasta la escotilla y regresó con otro igual y lo puso en donde había quitado el otro. Hizo descender la nave y quitó el dispositivo antigravitacional. Lo llevó a la escotilla y ésta se cerró de inmediato. Entonces, el ser pareció buscar a su alrededor y fue en ese momento que descubrió mi presencia. Un tremendo escalofrío recorrió mi espalda...
- ¿Y qué pasó entonces? ¿Qué hizo usted?
- Nada, yo permanecía inmóvil pero entonces: el ser ¡Me habló!
- ¿Le habló?
- ¡Sssí! ¡Me habló en perfecto castellano!
- ¡Qué barbaridad! ¡Eso debe haber sido terrible! Y qué, ¿Le dió algún mensaje para los terrícolas?
- No, no me dió ningún mensaje.
- ¿Entonces, qué le dijo?
- Pues... Me preguntó si no había por aquí cerca una vulcanizadora para reparar su llanta...

martes, 13 de julio de 2010

PLÁTICA


- ¡Qué cres!
- ¡Qué!
Pos que anoche que andaba yo por ahí por la Colombres, que veo un carro que venía pallá y pacá, pallá y pacá y luego ahí, ya pa llegar al puente, por tantito más y se da un llegue pero desos que ¡Güeno! Tons dije no, pos nostá bien. Tons que los alcanzo y que les doy el cerrón. Que se paran, que me bajo y les iba yo a decir, ps ya sabes, lo de siempre, y que veo queran El Yaqui y El Perico...
- ¡No manches! ¿El Perico? Psiese no es de acá. ¿Qué andabasiendo con El Yaqui? ¡Yaa!
- ¡Psepa! Total que les pregunto qué onda y ¡Nada! que habían tenido un evento allá con aquellos y la bola, pero ¡Pérate! Que me fijo y que miro quel Perico había vomitado. Estaba todo guacareado y venía... ps tirado abajo del tablero. ¡Ah! ¡Porquel que venía manejando era El Yaqui!
- ¿El Yaqui? ¡Psiese güey ni licencia tiene!
- Pos no, pero si El Perico no estaba apto pa manejar ¿Bueno, no?
- No, posí ¿Y luego?
- Psnada, que les digo que abrieran las ventanas pa que les diera el aire y se les bajara un poco. Que tuvieran precaución al manejar. Que no fueran inconscientes. Quera muy peligroso manejar así... ¡Se pueden matar! Les dije.
- Y... ¿En qué paró todo?
- No, psora en la mañana, El Perico puso al Yaqui a lavar el carro del jefe.
- Ta bien. Y el jefe qué ¿No supo nada?
- ¡No psno! Él venía roncando en el asiento de atrás y pss ¡Pa cuándo son los cuates! Hoy por tí, mañana por mí ¿No?

martes, 6 de julio de 2010

SWAMI PACHANDA




Durante muchos, muchos años, he tratado de comunicarme con otras dimensiones, con otros seres. Lo he intentado por todos los medios, desde los hongos de María Sabina, las canalizaciones, los mediums, los viajes astrales, la meditación trascendental, el hatha yoga, la tabla Ouija (marca reg.), las runas célticas, los huesitos de chabacano, la matatena, el I Ching, el tarot de Marsella, el café turco, la arena de Cancún, las pirámides de cuarzo, la perinola de toma y daca, los palitos chinos, las varillas de zahorí, los polvos de la madre Matiana, los libros de Houdini, la escritura automática, la psicofonía, el campo humidificado de Saharandaja Tahrambana; el ya anticuado pansexualismo freudiano; las sincronicidades jungianas, los videos de Jaime Mausán y las cucharas de Uri Geller, hasta la desinteresada asesoría de David Copperfield. ¡Ufff! Como ustedes pueden ver, por voluntad no he parado. Por lo tanto, he llegado a la conclusión de que yo no reúno las características idóneas para establecer esa comunicación. Seguramente las entidades superiores y los maestros encendidos no deben juzgarme merecedor de ese privilegio reservado para "Los Escogidos" (todavía no sé por quién) y he decidido aceptar mi realidad (sano consejo de Pedro Ferriz. Sí, ese señor de las tupidas cejas), pero... seguiré intentándolo. Si alguno de mis apreciables lectores desea ponerse en contacto conmigo, podrá encontrarme en la feria de San Marcos, en el carnaval de Veracruz y en la feria de Puebla (a un ladito de la sección egipcia) donde como siempre estaré a sus órdenes en los misteriosos menesteres de la quiromancia.

martes, 29 de junio de 2010

EXPERIENCIA


Aquí tirado en el suelo, viene a mi memoria este mismo suceso. En aquella ocasión había estado haciéndolo muy bien por casi una hora. Todo funcionaba de maravilla. Pero nunca sabe uno cuándo se va a presentar un contratiempo: la piedra en el camino, el árbol de allá abajo, la bifurcación inesperada y ... la gente. La única diferencia es que en aquel entonces yo era un aprendiz de seis años y ahora me considero muy hábil. Sin embargo, los raspones se parecen mucho y los golpes duelen más que antes. En fin, como dijo mi abuelita, "son consejos que da el tiempo". Ahora me levanto, me sacudo el polvo, me quito la tierra de los codos y las rodillas, monto de nuevo en mi bicicleta, y me largo del parque.

martes, 22 de junio de 2010

VERDUGO


Al principio me fascinaba su voz y poco a poco descubrí que también me gustaba su figura. Pasó tiempo hasta que al fin cayó en mi poder. Entonces me di cuenta de que mi sadismo no tenía límites. Desde nuestro primer encuentro, sus gritos terribles y destemplados me hacían ver la crueldad que estaba cometiendo. Sin embargo continué con la tortura. Soportó estoicamente muchas sesiones de tormento y gracias a ello, fui mejorando mis habilidades y aquellos movimientos que al principio parecían tajos de sable empezaron a deslizarse suavemente, como una caricia a través de su cintura. Yo gozaba. Había logrado que los estridentes gritos del principio empezaran a sonar como música en mis oídos. Durante algunos años ha sido una relación muy tormentosa en la que yo he sacado la mejor parte. Ahora disfruto mucho más porque finalmente mi violín y yo, hemos formado una pareja.

martes, 15 de junio de 2010

LA ISLA



Triste lugar para terminar la vida, aquella isla albergaba, si así se puede decir, a una buena cantidad de aquellos que eran considerados "molestos" para el régimen y ahí, bajo la vigilancia de una guarnición bien armada, tenían a su alrededor el muro del océano. De hecho, prisioneros también eran los soldados vigilantes que no podían salir de los muros de sus cuarteles, ubicados en el único acceso de playa de la isla. El resto de la costa consistía en farallones que resistían incólumes los embates de las olas. Escapar de ahí se consideraba imposible.
La vida silvestre era abundante, había agua dulce y se cultivaba con éxito una meseta fértil que proveía bien a los cerca de doscientos condenados. Cada tercer día por la mañana se realizaba un conteo haciéndolos desfilar en medio de una empalizada.
Aquel día el conteo arrojó un faltante. Uno. Sonaron las sirenas de alarma y se confinó al grupo en lugar seguro. Una partida de vigilantes inició una búsqueda por toda la isla. La noche llegó y la partida regresó sin haber hallado rastro del fugitivo. Dos días más duró la búsqueda que fue tan intensa como infructuosa. Al tercer día se pasó lista nominal. Uno por uno, los prisioneros fueron desfilando para su identificación. Al final, sólo quedó un nombre sin llenar. Se llamaba Ícaro.

martes, 8 de junio de 2010

UNA EXTRAÑA AVENTURA


La estrecha carretera abandonaba su trayectoria recta y entraba poco a poco en un tramo sinuoso, al tiempo que subía internándose en un bosque de oyameles. La tarde pardeaba pero al entrar al bosque prácticamente ya era de noche. El vehículo avanzaba a muy buen paso, con las luces encendidas. Minutos después salió de la carretera. Tomó despacio una brecha apenas visible por la que avanzó por un buen rato. A poco se desvió hacia un claro pequeño entre los árboles y ahí se detuvo. Su conductor, que parecía estar familiarizado con el lugar, descendió del auto, abrió la cajuela y extrajo un par de bultos.

El campamento estuvo listo pronto y la tienda brillaba suavemente como un farol chino de color verde con la linterna encendida en su interior. El viento, que después del ocaso se había calmado, dejó de soplar permitiendo al silencio tomar suavemente todo el entorno. La luna llena trataba de filtrar sus rayos entre las ramas. La estufilla de campaña esparcía el aroma del café acabado de preparar, convirtiendo el claro del bosque en un lugar acogedor. El hombre, de unos treinta y tantos años, calentó unos panecillos para acompañar el café y sentado en el suelo se dispuso a consumirlos. Se le veía tranquilo, como acostumbrado a esas circunstancias; poco después, con mucha parsimonia, cargó y encendió una pipa que lanzaba volutas de humo que ascendían lentamente. Todo era paz y tranquilidad. Estiró las piernas y al poco rato, la pipa se apagó y se quedó dormido ahí, fuera de la tienda.

Lejano pero con claridad, se dejó oír algo parecido al aullido de un coyote. El hombre despertó y con semblante intrigado puso atención a los sonidos del bosque. Sus oídos percibieron, ahora claramente, aquel aullido que daba la impresión de estar más cerca. Estaba seguro de que en aquellos lugares hacía varios años que nadie había escuchado ni mucho menos visto algún coyote. Un tercer aullido todavía más cercano lo obligó a guardar los alimentos y demás cosas en el carro y por instinto, palpó la cacha de su cuchillo de monte. Él sabía que un coyote solitario difícilmente se atrevería a atacar a un hombre, pero... uno nunca sabe.

Regresaba del auto cuando a contraluz de la tienda iluminada lo vio. El pelo hirsuto del lomo lo hacía parecer bastante más corpulento que un coyote. Con la testa baja avanzaba velozmente hacia él. Incrédulo, desenfundó el cuchillo. Las patas delanteras del animal golpearon su pecho. El ímpetu del ataque lo derribó de espaldas. Su antebrazo izquierdo, con el que se protegía la cara, quedó dentro de las fauces de la bestia. Al mismo tiempo, el cuchillo penetraba el cuerpo de la fiera obligándola a lanzar un terrible gañido. Durante la caída, el hombre pareció escuchar más aullidos y pensó que tal vez sería una manada...

Un dolor de cabeza fue lo primero que sintió al despertar, ayudado por los ladridos de unos perros. Su nublada visión empezó a aclararse y a la luz de una aurora filtrada por el bosque, se vio rodeado por un grupo de indígenas que, armados con escopetas, lo miraban con curiosidad. Haciendo un esfuerzo se incorporó un poco y preguntó que había pasado, pero antes de recibir contestación pudo ver, a escasos tres metros de él, el cadáver desnudo y ensangrentado de un indígena. Uno de los del grupo se adelantó y le dijo, en defectuoso castellano, que su gente le daba las gracias por haber matado a ese individuo, que ya debía muchas vidas en la región. El hombre, sobresaltado, contestó que él no había matado a ninguna persona. Que se había defendido de un coyote muy grande que lo había atacado ahí en su campamento. Le contestaron que no era coyote, que era un lobo. Un animal feroz en el que se convertía aquel sujeto. Que era un nagual.

Los hombres armados y sus perros se retiraron por donde habían venido, cargando sobre un asno el cadáver del nagual. El hombre, a toda prisa, se curó como pudo la tremenda mordida en el brazo, la vendó, desmanteló su campamento, subió al vehículo y se fue, con la cabeza hecha un barullo, para no volver jamás.

martes, 1 de junio de 2010

EN LA TORRE



Nadie, que yo sepa, se había atrevido hasta ahora a comentar tan extraordinario acontecimiento, por las razones que el lector podrá inferir conforme consuma estos renglones. Todo sucedió por el año de 1732, al final de las obras de la Catedral de Puebla.
Jacinto de Jesús, peón alarife ducho en el oficio de la construcción, había trabajado duro durante toda la semana armando andamios y colocando poleas y esa noche de sábado descansaba. Sus miembros, fuertes y resistentes como vigas, pedían a gritos descanso y relajación; su mente, ocupada de ordinario en no sé qué menesteres, disfrutaba ahora de un periodo en blanco por el efecto plácido y sedante de dos catrinas de tlachique que se había colocado entre pecho y espalda. Finalmente su cuerpo cedió y se quedó dormido encuclillado bajo su sombrero, recargado en un muro de la obra.
Serían las dos de la madrugada cuando un zumbido suave, parecido al de un enjambre de abejas, junto con una picazón extraña en todo el cuerpo, le despertó sobresaltado. Extrañado de que las abejas volaran de noche, alzó la cabeza y ahí, flotando en el aire con un ligero movimiento de vaivén, pudo ver un "gran farol redondo" cuya luz se proyectaba hasta el suelo formando un círculo que se desplazaba lentamente. Luego se detuvo sobre el andamiaje de la obra. La luz se intensificó y el zumbido también por unos instantes. Después, así como apareció, la luz se apagó. Para Jacinto aquello fue suficiente y haciendo gala de equilibrio pegó la carrera y no paró de santiguarse hasta llegar a su casa, unas calles al Oriente, prometiendo en el camino jamás tomar de nuevo ese maldito neutle.
La ciudad despertó el domingo temprano estrenando el tañido de una gran campana, llamada María, que se manifestaba sonora en la torre Norte de la Catedral.
Si no le vamos a creer al buen Jacinto de Jesús, es natural. Tampoco el obispo le creyó, pero su secretario lo asentó en autos. Yo encontré ese documento hace unos días en un rincón discreto de la Biblioteca Palafoxiana, perdido entre otros legajos del siglo XVIII. No les digo que vayan y lo busquen, porque ayer que fui, pues ya no estaba.

martes, 25 de mayo de 2010

EL NIÑO DE LA PELOTA


Con preocupante sincronía, no hacía más que ponerme a escribir y empezaba a escuchar en el corredor, con frecuencia de metrónomo, los botes y rebotes de una pelota. - ¡Caramba con este niño!- dije para mí - Parece adivinar cuándo necesito silencio; si he sabido que este mocoso vivía aquí, no hubiera rentado el departamento.
La antigua casona (siglo XIX) prometía paz y quietud y acá, en la planta alta, el departamento era una garantía. El día en que me mudé no hubo testigos ni mirones. Al parecer todos trabajaban fuera y pasaron meses antes de conocer a algunos inquilinos, gente mayor, educada y circunspecta. Entonces, ¿De quién era ese niño? Mis averiguaciones empezaron discretamente con la portera, señora malencarada que cumplía a la perfección su gendarmesca función y cuya respuesta fue un encogimiento de hombros muy elocuente. Mientras tanto, el niño continuaba botando su pelota.

Un día me animé a entablar conversación con el anciano, muy anciano, del departamento ocho. Ya entrados en confianza le pregunté si conocía a los papás del niño que jugaba arriba con la pelota. El viejito me miró como a un bicho raro y con una luz que iluminaba sus pupilas húmedas me dijo: - ¡Claro que los conozco! El niño es mi bisnieto. Todos murieron en la epidemia de 1919.

martes, 18 de mayo de 2010

ODISEA



A la luz del alba comenzaba a darse cuenta de su situación. Le dolía todo el cuerpo y un hilo de sangre que le había escurrido del cráneo le había pegado un párpado. Cuando volvió en sí, creyó que había perdido el ojo. Con trabajos encontró su botella de agua, se enjuagó la cara y con alivio comprobó que el ojo estaba bien. Bebió el resto del agua y arrastrándose se incorporó y miró a su alrededor. La vía más corta para salir de ahí era trepar por las paredes del talud aprovechando los matorrales. Sin pensarlo más comenzó a trepar, pero de inmediato un dolor punzante en un costado le impidió respirar normalmente. Aquello fue una tortura pues avanzaba dos metros y resbalaba uno. Aseguraba cada centímetro que subía para no caer y poco a poco fue ganando terreno. Tenía que detenerse para descansar, cada vez con más frecuencia. Sus manos estaban desolladas, tenía rasguños por todas partes y el talud parecía ser más alto de lo que creía. La vegetación, si bien le proporcionaba algo de lo cual asirse, también le impedía avanzar más rápido. Le tomó cuatro horas llegar hasta un rellano donde casi inconsciente y con la vista nublada, decidió descansar su cuerpo agotado y ahí, perdió el sentido.
La luz de una lamparita que escudriñaba sus pupilas y el sonido de la sirena de la ambulancia lo volvieron a la realidad. Alguien le dijo que había tenido suerte ya que caminar por ahí, en ese camino tan estrecho y sinuoso era garantía de ser atropellado. Entonces él, a media voz explicó:
- ...N-no, no iba caminando. Mi coche está... en el... fondo del barranco.

martes, 11 de mayo de 2010

ESTO NO ES UN CUENTO


Con cierta frecuencia me encuentro con personas que consideran saber algo. Eso está muy bien. Lo que no me gusta es que lo digan como si fueran los detentadores de la verdad y te hablen como si tú no tuvieras idea de lo que te están diciendo.
Un viejo maestro me decía lo que un tal Tomás también decía: "Teme al hombre de un sólo libro". Como consecuencia se me ocurrió esta figura:
En el último crepúsculo del mundo, se ve un árbol solitario en un páramo inmenso donde no crece ninguna otra cosa. El árbol está seco, muerto, y ha sido partido por el rayo. Su silueta de ramas retorcidas, aloja la figura de un hombre abrazado a su tronco con desesperación. Pero no para ahí la cosa. Otro viejo maestro (algunos de mis mejores maestros eran viejos) me decía lo que apuntaba Jerónimo: "Stultorum infinitus est numerus", frase que no voy a traducir para no ofender a mis latinados lectores. Ahora les comento la siguiente figura: Imagínense un bosque enorme que cubre todos los continentes del planeta. ¿Ya? Ahora observen y verán que todos los árboles de ese bosque están secos, muertos, y han sido partidos por los rayos. ¿Ya? Bien. Ahora miren con cuidado y verán que en cada árbol se encuentra un ser humano abrazado a su tronco con desesperación.
Yo estoy seguro que Tomás y Jerónimo se conocieron... ¿El tiempo? ¡Vamos! No me vengan con minucias.


martes, 4 de mayo de 2010

CONSEJO


-Yo creo que mejor de una vez.
-Espera, espera. Si decides hacerlo ahora, sería como viajar en el tiempo sin la posibilidad de detenerte en el momento adecuado. ¿Te imaginas el problemón en que te meterías?
-¡Cómo!
-Y no sólo eso. Podrías afectar a la familia. No sabes qué trascendente puede ser perder el control. Para los niños sería traumático. Ellos no olvidarían una cosa así.
-No creo que sea para tanto.
-No te arriesgues. Te lo digo por experiencia.
-¿De veras?
-Sí hombre. Yo ya pasé por ésas. Es una vivencia que quisieras olvidar, pero te aseguro que tu familia te la recordará y en los momentos menos oportunos.
-Estas exagerando.
-Para nada. Mejor espera hasta llegar a casa. Yo sé lo que te digo. Total, un par de horas en la carretera y ya en casita, te tomas el purgante.

martes, 27 de abril de 2010

CAFÉ


El golpe fue tremendo. Su cuerpo quedó inerte sobre el pavimento y la gente se aglomeró de inmediato. Hacía menos de dos minutos que ella había salido del café y empezaba a cruzar la calle. Cuando los socorristas llegaron, las lágrimas que corrían por sus mejillas ya se habían secado. Allá, en el café, Zulema giraba entre sus dedos una taza, incrédula por no haber podido leer algún futuro.

martes, 20 de abril de 2010

LA ESPERA


La blancura del entorno sería cegadora si no fuera por la escasa luz solar que apenas permitía ver a unos tres metros alrededor. La ventisca soplaba sin piedad y el grupo hacía horas que se había desvanecido. Ese invierno había sido el más crudo que ella recordara. Sentada, continuó su paciente espera. La nieve empezó a acumularse a su alrededor, sobre todo a sus espaldas, del lado que soplaba el viento. Ella permaneció inmóvil bajo la tormenta. Su mente divagaba y los recuerdos la hacían sonreír, la hacían llorar. Sabía que él vendría. Lo seguiría esperando sin importarle el tiempo. Sin importarle la tormenta. Sin importarle nada.
La ventisca cesó varias horas después. La visibilidad fue mejorando y el viento era más tenue. Avanzando contra éste, una silueta apenas discernible se le fue aproximando lentamente, paso a paso, como si dudara en acercarse. Finalmente llegó. La miró fijamente y con un movimiento veloz cerró sus fauces en su cuello. Ella nunca sintió llegar al oso. Había fallecido a la mitad de la tormenta. Tenía ochenta y dos años.

martes, 13 de abril de 2010

LOTERÍA


Calderón (de la Barca) tenía razón... "y los sueños, sueños son". Lo cierto es que hay sueños premonitorios. Si no me lo creen, déjenme relatarles esto:
Sucedió la semana pasada. Iba yo caminando por la calle rumbo a un centro comercial cuando vi dos coches idénticos; modelo, color, tipo, etc., parados en un semáforo - qué coincidencia - me dije, y seguí caminando. Al entrar al centro comercial salía una señora con unos gemelitos, idénticos. Dentro, en una tienda, la oferta del día decía "dos por uno" - vaya, vaya - exclamé para mis adentros. En una joyería había dos vigilantes y cruzaron por delante de mí dos señoras iguales de gordas. Entré a una líbrería y compré dos volúmenes y en la zapatería adquirí un par de zapatos. De ahí me dirigí a una cafetería y pedí un americano con dos de azúcar. Cuando salí a la calle habían pasado dos horas. En la esquina me topé con dos amigos que hacía tiempo no veía. Recibí dos llamadas en mi celular y cuando llegué a casa había dos sobres en el buzón. Para abrir la puerta di dos vueltas a la llave. Entrando hay dos escalones. Esa noche me desvelé leyendo y me dormí hasta las dos de la mañana. Dormido al fin, soñé que compraba un billete de lotería terminado en dos. Bueno, la cosa es que ante tanta insistencia, al día siguiente adquirí un billete entero que obviamente terminaba en dos.
Soy un hombre afortunado. La noche del sorteo - para aquellos que no creen en los sueños esto puede ser contundente - ¡Soñé que me la sacaba!
Quienes gustan de finales concretos serán satisfechos: el premio mayor terminó en cero.

martes, 6 de abril de 2010

TESORO


Ese domingo parecía ser el día más caliente del verano. De nada le había servido estar ligero de ropa. El sol ardiente quemaba como nunca. Su casa, en aquel barrio a las orillas del pueblo sólo le proporcionaba un poco de sombra porque los muros, generalmente frescos, también estaban calientes y no soplaba la mínima brisa. Había tomado agua como náufrago pero el calor y la sed ya le resultaban insoportables. Decidió ir al centro de la población. Desgraciadamente, para hacerlo debería cruzar por el barrio de "los pelones", un grupo de ociosos malandrines de su misma edad que eran el terror del rumbo y de la escuela. La sed resultó más fuerte que el temor y se encaminó, por el lado sombreado de la calle rumbo a la tienda. Tuvo suerte. Llegó sin que ningún pelón apareciera.
El sol seguía en su apogeo cuando salió de ahí de regreso a casa con una bolsa de plástico en la mano. Una calle adelante los vio. Ahí estaban los condenados pelones. Lentamente se detuvo y caminando de espaldas llegó a la esquina que acababa de cruzar y tomó por la derecha. No sabía si lo habían visto pero por si acaso, corrió durante dos cuadras antes de doblar a la izquierda en la siguiente esquina sólo para toparse con uno de ellos. Este dio la voz de alarma con su característico silbido y un tropel de pelones apareció en la bocacalle comenzando una persecución espectacular. A pesar del calor, corrió como nunca tratando de darles el esquinazo. Las calles del pueblo se acabaron y cruzó por polvorientos terrenos baldíos y bardas de cactus dando un rodeo enorme. Sin aliento, se animó a voltear la cabeza para ver si lo seguían... Nadie... Se encaminó a su casa y llegó a ésta incrédulo de su buena suerte. Se dirigió a su cuarto y recuperado el aliento y secado el sudor, abrió la bolsa, metió la mano y sacó un palito chorreante que hacía tan sólo unos minutos, había sido una paleta helada de limón.

martes, 30 de marzo de 2010

CRIMEN


Los ruidos del combate dejaron de llegar a sus oídos y solo se escuchaban lejanos rumores y voces de mando. La ciudad había sido invadida después de dos años de asedio. Él había aportado sus conocimientos en la defensa pero al final todo había sido inútil. El imperio había triunfado. Casa por casa, el invasor avanzaba ya sin resistencia. Pronto las voces se acercaron a su patio. Sin embargo, él continuaba absorto en sus problemas. Sobre la gran mesa, varios planos mostraban complicados trazos y las circunferencias se mezclaban con los triángulos formando mosaicos ininteligibles; rompecabezas que sólo él comprendía se extendían bajo los compases y las escuadras. La puerta se abrió de golpe y un piquete de soldados irrumpió violentamente. El que estaba al mando le ordenó que los acompañara pero el anciano lo ignoró olímpicamente diciéndole que no molestara. La razón de la ciencia no fue escudo suficiente para detener el acero insensible del soldado. Su cuerpo quedó tendido esgrimiendo en la diestra un compás que ya no trazaría más círculos.
Yo presencié todo eso. Me llamo Heráclides y fui su amigo.

martes, 23 de marzo de 2010

TERCERA DIMENSIÓN




Había estado perdido en aquel enorme castillo por más de una hora sin hallar escaleras o salidas; los varios patios que había descubierto eran idénticos entre sí, lo que lo había confundido aún más; la gran mole de piedra parecía ser de un solo piso y todas las habitaciones tenían puertas pero no existía ventana alguna. Como había entrado bastante tarde, ya casi era de noche y el crepúsculo quemaba sus últimas luces. Al fin, al extremo de un corredor, pudo ver aquel tenue resplandor. Lleno de alegría, echó a correr hacia esa salida. Triunfante, sintió en el rostro el aire fresco del ocaso antes de darse cuenta de que el piso bajo sus pies había dejado de existir.