martes, 3 de enero de 2012

TEMPORAL

El cielo está gris.  Un gris frío e insensible. Si lo ves de frente, se mira rayado por la incesante lluvia. Los árboles se flagelan con sus propias ramas y le hacen agitadas caravanas al viento enrachado. Luego, el viento parece descansar y deja que la lluvia caiga por su propio peso, para reanudar su infatigable ataque. Así ha estado desde hace tres días. Días fríos, mojados hasta los huesos, desgreñados por los vientos y mal iluminados por un sol temeroso que no se atreve a dar la cara. Un hombre cruza el vado. El agua que un momento antes le llegaba a las rodillas ha subido de nivel y ya le llega a la cintura. La fuerza de la corriente ha aumentado y arrastra árboles y maleza en un torrente teñido por la tierra arrancada de los montes cercanos. El hombre intenta cruzar el impetuoso caudal hacia tierras más altas, más seguras. Va solo bajo su sombrero chorreante y se apoya precariamente en un largo bordón. Avanza lentamente, paso a paso, clavando el bastón para afirmarse. Una ráfaga violenta le arranca el sombrero y deja ver su cabello cano que se empapa inmediatamente. Su camisa blanca se ve como una mota entre el torbellino lodoso. Un paso más, una duda; otro paso y el bastón le salva de caer en el violento borbollón. Se recupera, toma aliento y continúa su esfuerzo. Clava nuevamente el cayado y da otro paso. Cuando había superado la mitad de la distancia, la crecida ensanchó el cauce al llevarse un enorme trozo del playón de la ribera. Como una burla sádica lo deja con un trecho más largo por cruzar y sin una playa dónde llegar. Queda en medio del caudal. En ese momento se escucha un retumbo corriente arriba. El hombre permanece como en éxtasis en el centro del torrente como si el tiempo se hubiera detenido. Su único movimiento fue para clavar a dos manos el bastón. Una oleada de lodo, piedras y ramazón llegó con ímpetu irresistible y borró del paisaje destruido el punto blanco de su camisa. La lluvia cesó y el nivel del agua fue bajando poco a poco. Un día después, nuevos perfiles, nuevas riberas, nuevo paisaje. En medio de la corriente, ya más mansa, un solitario bastón asomaba su robusto extremo.