martes, 12 de julio de 2011

EL CRUCE

No veía absolutamente nada y los ruidos que llegaban a sus oídos eran muy confusos. Hasta ahora había avanzado prácticamente sin problemas. Cuando llegó al borde, los ruidos parecieron acentuarse y se sentían más próximos. Ahora dudó y se sintió incapaz de continuar. Era demasiado para él. De pronto, sintió cómo una mano grande y fuerte le agarraba por el brazo. Cualquiera hubiera gritado pero él no lo hizo y dócilmente se dejó llevar. Desde su noche permanente agradeció que le ayudaran a cruzar y, con su bastón por delante prosiguió tanteando su camino.