Hubo una rata en mi patio. Era muy taimada. Tan taimada que se burlaba de mí. Se dejaba ver, y en cuanto me miraba con el rifle en las manos, desaparecía. Le disparé varias veces sin acertarle. De manera increíble, estuvimos a punto de ser amigos y de que se ganara mi respeto, al grado que ya nos dábamos el saludo, siempre y cuando yo no estuviera armado. ¿Cómo hice para eliminarla? Compré una pistola de diábolos, arma que ella no conocía. Salí al patio con ella en la mano, cargada y lista para disparar. Fingí utilizarla como herramienta de jardinería y en un momento que nunca olvidaré, la condenada rata salió de atrás de una maceta; se sentó y se me quedó mirando. ¡Era una señora rata! Me pareció ver una especie de sonrisa sarcástica en su cara. ¡Hola Raúl! le dije. Por fortuna no me contestó, pero agarró confianza y se acercó a unos cuatro metros de distancia, por mi izquierda. Era evidente que sin el rifle, no me tenía miedo. Yo, en cuclillas, seguí moviendo las plantas. Con la zurda sacudía las hojas mientras lentamente cruzaba el arma sobre el brazo. Metí las miras en su cuerpo. Oprimí el gatillo y disparé. Cayó pataleando y en unos segundos quedó inerte. ¡Sí! Exclamé triunfante. La agarré por la cola y, con la dignidad que un enemigo merece, la enterré en un rincón. Era una rata muy lista, pero mi diábolo fue más rápido.
VENTANUCO PARA ASOMARSE A LEER RELATOS INTRASCENDENTES, NARRACIONES, ANÉCDOTAS Y UNO QUE OTRO CUENTO.
miércoles, 30 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
MANIOBRA
Lo había intentado varias veces. Era su última oportunidad. La maniobra debía ser precisa, hábil y rápida. No podía permitirse ningún movimiento extra o no lo lograría. Empuñó el bastón de mando, se concentró, tomó aire y movió la palanca. La máquina respondió con rapidez. El trayecto longitudinal fue perfecto, seguido de inmediato por el movimiento transversal. La garra descendió rápidamente, tomó la carga y se elevó en el trayecto de regreso pero ¡oh desgracia!* la carga se deslizó de las mordazas y cayó al fondo.
Su corazón se entristeció. Agarró su mochila y salió cabizbajo del establecimiento. Gastó todas sus monedas y no pudo llevarse aquel osito de peluche.
* En realidad dijo ¡&#%$! pero no lo puse porque puede haber niños.
* En realidad dijo ¡&#%$! pero no lo puse porque puede haber niños.
martes, 15 de octubre de 2013
LA ESPERADA
Nunca imaginé que sería tan duro, largo y angustioso estar sin ella. El mundo se desmoronaba y las cosas más simples se presentaban ahora muy complejas. La situación se volvió insoportable y busqué por todas partes tratando de encontrar a alguien que llenara ese vacío. Resultó en vano. Parecía no existir otra mujer igual.
Todo empezó el día en que se enfermó. Los médicos diagnosticaron el mal y recomendaron una inmediata intervención quirúrgica. Así se hizo y la operación salió muy bien, pero en el largo periodo de convalecencia las cosas empezaron a fallar, los problemas se acumularon y todo se salió de control.
Hace casi un mes que operaron a Lupe. Mi esposa y yo deseamos que pronto regrese para asear la casa. Ya le hemos dicho cuánto la extrañamos.
miércoles, 9 de octubre de 2013
VISIÓN *
El jardín, sombreado con plantas y palmeras, era un lugar ameno. Nada hacía pensar que las dunas, a sólo unos metros, ocultaban la presencia del mar. Mi vida atravesaba por una etapa difícil y mi espíritu hallaba sosiego en ese lugar, tan alejado de cualquier interferencia mundana, que parecía hecho para el reposo y la meditación. Sentada ahí, mi mente vagaba en una especie de neblina y me dejé llevar por una sensación de ligereza. Al cabo de un rato, comenzaron a pasar frente a mis ojos pequeñas ráfagas. Al principio rápidas y fugaces y después más atrevidas, permanecían suspendidas por instantes delante de mi rostro, permitiéndome mirarlas con toda claridad. Había alguna cuyo cuerpo diminuto tenía un tinte color lila; otra color rosa, una más azul y otra más de color verde. Todas parecían traslúcidas e iridiscentes. Sus alas transparentes se agitaban sin ruido. Lo más extraño, es que yo veía todo como lo más natural. No me sorprendía en lo más mínimo. Disfrutaba de su cercanía y parecían jugar conmigo. Mi hermana, que llegaba en ese momento, vio cómo hacía ademanes en el aire y me preguntó qué pasaba. Ella no las veía aunque todavía estaban ahí. Le contesté que había mosquitos. Las criaturas se fueron así como llegaron. Increíble. ¡Acababa de tener contacto con las hadas! Fue la primera vez que las vi... Y también la última.
* Tal como Lina me lo contó.
* Tal como Lina me lo contó.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



