miércoles, 20 de noviembre de 2013

DE FESTEJOS Y TRADICIONES

Los paganos orígenes de las fiestas decembrinas, no han sido obstáculo para seguir celebrando aquellos festivales disfrazados ahora de artículos de fe. ¿Será? Aterriza en cualquier posada y pregunta a tu propio riesgo qué cosa se celebra. Verás que lo único que ha cambiado es el objeto del festejo. Aquí en México, país feliz le pese a quien le pese, el pretexto es lo de menos. Los mexicas no tuvieron idea de lo que les esperaba con la celebración de la Navidad, el día del santo patrón del pueblo o de la virgencita de tal y tal, pero aceptaron que Tonantzin, vestida de incógnita, era buena razón para libar las mieles del neutle y hablarse de tú con Tláloc y Quetzalcóatl. ¡Áxcale compadrito! Ahora, algunos siglos después, se hacen desesperados esfuerzos para proporcionar algún sustrato ideológico a las festividades navideñas. Torciéndole el brazo al calendario del tal Gregorio y con sorprendente sincretismo, digno del mejor adaptador cinematográfico, se ubican las fechas mañosamente para ver si nieva o por lo menos hace frío y tener pretexto para el arrejunte. Si no resulta, se recurre al calentamiento global para justificar su ausencia. 
    
    Santa Clos, en una carreta tirada por burros sería inaceptable e indigno de su rubicunda imagen. Verlo de blanco, con sombrero jarocho de cuatro pedradas y cantando "El querreque", ¡imposible! Pero me atrevo a afirmar que sería más congruente con nuestra idiosincracia, aunque difícilmente aceptado por cierto sector de la población. You know. Por otra parte, el Niño Dios, no tiene arrastre comercial pues la ternura no es siempre motivo de alegría y consumo. Le ha faltado un buen equipo de mercadólogos y creadores de imagen, que lo hagan crecer para organizarle un reventón el día en que cumpla dieciocho años. No sé cómo no se les ha ocurrido. ¿Se han puesto a pensar en festejar el "Bar Mitzva" de Cristo a los dieciocho? Si no lo han hecho es porque el asunto despide un fuerte tufo a Torah y velas de Menorah. Raro ¿no? Parece que algunas personas han olvidado que era judío. Estoy seguro de que muchos chamacos abrazarían con gusto ese día como digno de celebrarse de igual modo que los quince años de sus hermanas y menos cursi. La cosa es echar a andar la idea. Aquí en México eso es re-fácil. Festeja algo bien armado un día y ya empezaste una tradición que se volverá socialmente obligatoria, por aquello del "que dirán" los vecinos y mis compadres. Señores, se abre la licitación para iniciar la tradición. 

    Vamos a ver. El término "bar" resulta demasiado sugerente por no decir israelita. Busquemos un epíteto más castizo, más vernáculo, más congruente con nuestra mentalidad. Algo así como Tlauanqui party, (del náhuatl  tlauanqui , borracho, y el inglés party, pachanga), expresión adecuada para estar a tono con nuestras explicables tendencias bilingües. Eso permitiría la inmediata aceptación del pueblo, ansioso por ensanchar sus horizontes, el enriquecimiento del idioma y el uso de vocablos rimbombantes. ¿Vas a festejar tu qué? Pregunta que daría ocasión a explicaciones formativas y oportunas para demostrar tu elevada ubicación cultural entre los cuates del barrio. Créanme. La cosa es empezar. La raza creará la inercia. Ya lo veo venir, incluso con su correspondiente apócope, por la flojera de gastar saliva. ¡Te invito a mi Tlaua...! ¡Sale! 

    Bueno amigos, esto ha sido el resultado de un tequila doble con sangrita y limón y un delicioso filete bien regado con dos copas de tinto. No quise tomar un digestivo porque tal combinación favorece el uso de términos inadecuados para la correcta expresión del pensamiento.