martes, 21 de septiembre de 2010

FRANCOTIRADOR


En el último minuto, la refriega se había vuelto muy intensa. Los proyectiles volaban en todas direcciones y el enemigo aparecía por todas partes. Disparaban desde ventanas, parapetos y cualquier cosa que les protegiera y ocultara. Una bala rebotó a escasos centímetros de mi cabeza advirtiéndome que habían descubierto mi posición. Tenía que moverme de ahí o tarde o tempra... ¡Tzzzinnnnng! Otra bala pegó en el muro que me protegía. ¡Un francotirador me tenía en la mira! No esperé más, corrí a una nueva posición y me oculté de nuevo. Tuve suerte - pensé - debe ser un tirador bisoño, de otra manera ya me hubiera dado. Lentamente me asomé por una abertura en la pared y por ahí apunté mi rifle. Entonces lo vi. Todo se puso rojo y luego negro. Yo estaba muerto. Tan muerto que sentía el agujero en mi frente justo bajo la visera del casco. Es increíble el realismo que han desarrollado los videojuegos, ¿No creen?