martes, 9 de febrero de 2010

FUGA


Le había tomado tiempo pero al fin veía logrado su objetivo. Después de tanto trabajo, ese fin de semana resultó fructífero. Con emoción y entusiasmo contemplaba los rutilantes destellos de las piedras y el brillo del metal. Algo lo inquietó. Permaneció inmóvil un momento y tan rápido como le fue posible metió en su morral cuanto pudo: pulseras, anillos, collares, dijes y pendientes fueron a dar sin acomodo alguno al fondo de la bolsa. Con rapidez y disimulo se escurrió entre la multitud que deambulaba por la calle. Pasó como si tal cosa frente a las narices de dos agentes de policía que ni se dieron por enterados. Siguió adelante. Dos calles abajo se detuvo a descansar y recuperar el aliento. ¡Ya! Estaba decidido. El lunes haría los trámites necesarios para obtener la licencia de vendedor ambulante y dejaría de preocuparse por las inspecciones sorpresivas del Ayuntamiento.