martes, 12 de mayo de 2009





SEMÁNTICA



La vacuidad de la frase "non plus ultra" se explica por sí misma. De hecho, su inexistencia se encuentra latente en su mismo postulado dentro de la partícula "non". Ahora bien, a riesgo de tornarme lacónico y considerando que la verborrea no es mi fuerte, paso a juzgar el "plus", que no por eso deja de ser más o menos mayor o menor en aquello de la invalidez, es decir, que objetivamente considerado, el "plus" juega un papel verdaderamente absurdo después del "non", como que llegó tarde al reparto de significado específico y su peso real dentro de la frase viene siendo opacado desde el inicio, dándosele rotunda certificación de inexistencia con la palabra "ultra", que a mi juicio bien pudiera haber sido utilizada más por eufonía y por ritmo que por ingente necesidad semántica. Si ya no hay más es porque ya se acabó y es lo de menos que tan acá o tan allá se haya agotado el combustible significativo - esto al menos dentro de un vacío absoluto donde lo relativo deja de tener punto de apoyo - sin embargo, concediendo al concepto una ubicación causal, relativa y secuencial, podremos reconocer que el "ultra" proporciona un entorno de volutas y hojas de acanto a una expresión que sin ella quizá careciera del atractivo turístico-literal que caracteriza a las frases vanas, que sin ese componente que tan marcadamente las matiza, parecerían como infantiles trazos en los muros de un jardín de niños. He de decir, al margen de cualquiera otra consideración, que la Duda sí valora en toda su mentira la tal frase y a su alrededor construye todo un edificio, apoyándose en el fulcro de su absurdo sentido, para fundamentar una obra cuyas columnas y trabes se proyectan en las infinitas posibilidades del cotidiano acaecer fenoménico.