
Conocedor de todo tipo de mercados y después de haber superado algunas crisis económicas, se encontraba nuevamente en una situación favorable. Los encabezados de los principales diarios así lo mostraban: CRISIS INMOBILIARIA, DEVALUACIÓN DEL PESO, CRÉDITOS BANCARIOS SUSPENDIDOS, TASAS DE INTERÉS AL ALZA, QUIEBRA DE INSTITUCIONES FINANCIERAS y así sucesivamente. Por lo demás, los productos de primera necesidad también habían subido. El pan, las tortillas, el huevo, las legumbres y las frutas, por no citar el pollo, el pescado y las carnes rojas estaban por las nubes.
Acostumbrado sin embargo, a que las cosas tienden a subir y que a él la inflación le resultaba ventajosa, había invertido toda su fortuna en un ramo de grandes volúmenes. Adquirió insumos a precio conveniente y con gran habilidad los hizo crecer con una considerable plusvalía. El suyo era un negocio redondo. Su nicho de mercado estaba integrado por clientes consumidores a los que no se les podía decir que no, a riesgo de ocasionar un drama. Al final de ese día, con cifras bastante positivas, cerró la bolsa, empuñó el manojo de multicolores globos, cruzó la alameda y emprendió el camino de regreso a casa.



