martes, 26 de febrero de 2013

EXTRANJERA

Fue en uno de tantos paseos por el Zócalo de la ciudad. Estaba sentado en una banca disfrutando de la sombra de los árboles cuando de repente, la vi. Su clásica belleza me fascinó de inmediato y tímidamente me levanté y me le fui acercando con mucha discreción. Realmente era hermosa. Muy allá, en algún paraje lejano de mi memoria creí haberla conocido. Me detuve a tres pasos de ella y la observé con detenimiento. El cabello recogido hacia atrás y atado con un lazo, descubría las perfectas líneas de su rostro. Admiré su perfecto perfil griego y la plácida expresión de sus facciones. Di un pequeño rodeo para mirarla desde el lado opuesto. ¡Qué figura! Las suaves curvas de su cuerpo se percibían a través de la tela de sus ropas. ¡Qué perfección! De inmediato me cuestioné por qué estaría tan sola. Parecía esperar a alguien pero con una actitud de sosiego que me hizo pensar que no le importaría aguardar una eternidad. Decidí averiguar su nombre y con decisión me acerqué a ella. Mis ojos enfocaron una placa de mármol que decía: "Obsequio de la colonia sirio libanesa de Puebla".

miércoles, 20 de febrero de 2013

TIRAZO

Ese jueves llegué temprano al campo de arquería en la CU. Estaba emocionado porque iba a estrenar un arco recurvo de cuarenta libras que me había fabricado exprofeso el inolvidable Toño Larre. El tiro que practicaba requería de una referencia montada en el arco, que en ese entonces se reducía a una tira de tela adhesiva donde se marcaban las distancias y se insertaba un alfiler que constituía la "mira". Como ven, la cosa estaba lejos de ser de alta tecnología, pero estábamos en 1959 y eso era más que suficiente. Todo consistía en pegar la cinta en el arco, ir al campo y efectuar una serie de disparos en cada una de las distancias hasta conseguir la mejor agrupación de flechas en el centro de la diana y así se marcaba en la cinta, con un bolígrafo, cada distancia. Lo lógico era empezar de la más cercana, nueve metros, hacer el ajuste y pasar a la marca de dieciocho, luego a la de veintisiete y así hasta los noventa.
    Como llegué muy temprano, aún no se colocaban las dianas sobre las pacas. Busqué por ahí algo que me sirviera de blanco y encontré en la basura una cajetilla de cigarros. La coloqué en el centro de la paca y me dispuse a ajustar la mira. En eso llegó un estudiante y se sentó en una banca al costado del campo. Confieso que no pude resistir la tentación y como si tal cosa me alejé caminando hasta la línea de noventa metros. Estimé la colocación del alfiler en relación con la distancia; pausadamente coloqué una flecha, tensé el arco, apunté unos tres o cuatro segundos y solté. La flecha de aluminio salió disparada con su clásico ¡tiinnn! y la perdí de vista antes de que llegara a la paca. El chavo espectador se levantó de un salto y me hizo la seña uniendo el pulgar con el índice. Tranquilamente regresé a la paca. Las plumas amarillas se veían en el centro. Había sido un buen tiro, pero no fue hasta llegar cuando vi la flecha clavada exactamente en las barbas de Sir Walter. El chavo, entusiasmado repetía "¡Qué tirazo! ¡Qué tirazo!" y yo, con una modestia que estaba lejos de sentir le dije "sí, estuvo bastante bueno". Acto seguido, guardé la flecha en el carcaj y desarmé el arco. De ningún modo iba a arriesgar fallar en alguna otra distancia. Me fui a casa. Había sido suficiente por ese día. Un súper tiro con testigo y todo. Han pasado cincuenta y tantos años y no he vuelto a intentar ese disparo.

martes, 12 de febrero de 2013

DE LOS HÉROES

Con frecuencia me sorprendo pensando en las causas y sus héroes. En aquellos que sacrifican hasta su vida por algún ideal. Tal vez algunas de esas causas valgan ese sacrificio. La libertad es una de ellas, o al menos eso parece. Desgraciadamente, en la práctica he visto que esa lucha por liberarse de un yugo opresor, si tiene éxito, termina sólo en un cambio de verdugo. Es sustituir un dominador por otro. Ese nuevo poder puede ser que traiga cambios. Éstos no siempre serán del agrado de todos, pero bueno, así es el sube y baja del poder. En las grandes revoluciones y gestas libertarias han muerto demasiados seres humanos. Individuos que han dado sus vidas por conseguir los objetivos de otros que pusieron las ideas. Al final de todo, los sobrevivientes de los combates son los menos indicados para gobernar. Fueron el brazo armado de un ideario político, en el mejor de los casos, que una vez alcanzado su objetivo los declara innecesarios. Pero no es eso lo que me ocupa. Lo que me resulta inaceptable es que muera tanta gente luchando por conseguir algo que beneficie a muchos que no han participado en el campo de batalla o en el de las ideas. Si los héroes resucitaran, volverían a morir de tristeza al contemplar los resultados de su sacrificio. No debiera haber más héroes. La humanidad actual no los merece. De hecho, creo que nunca los ha merecido.

lunes, 4 de febrero de 2013

REMANDO

Era temprano aquel lunes luminoso de Mayo. Un día diseñado como por encargo. En mi mente, el agua verdosa del lago se tornaba azul cuando reflejaba el cielo y adquiría dimensiones infinitas. Tan grandes que no se veía la costa y se podía percibir la curva del horizonte. Irresistible, el olor del agua llenaba mi nariz y podía escuchar su salpicar en el casco de la embarcación. Fijaba mi rumbo, me relajaba y empezaba a remar lentamente para salir del embarcadero rumbo al túnel que llevaba a las aguas abiertas, libres, espaciosas. Una vez ahí y con los brazos ya calientes, empezaba la diversión y la verdadera boga. Compitiendo contra contendientes invisibles, la canoa de doble proa hendía como un cuchillo el espejo del agua y borroneaba el reflejo de la orilla. Parecía volar. A medio camino, cambiaba de la potente boga simultánea a una alternada que me permitía mantener la velocidad con menor esfuerzo. La estela que dejaba confirmaba que iba rápido. Más rápido que nadie. Repetía esto una y otra vez de ida y vuelta hasta que sólo me quedaban cinco minutos para regresar al embarcadero. El tranvía se detuvo. Bajé de él y frente a mí se veía la fachada de la escuela. Tendría que ahorrar por otra semana para poder pagar el alquiler de mi canoa favorita. Quizá el próximo lunes. Chapultepec. El mejor lugar para una buena pinta.