Pude haberme quedado callado pero me ha resultado muy difícil ser el único en saberlo. Luego pensé que tal vez lo sepamos muchos y suframos todos la misma tortura. Mantener oculto un conocimiento tan terrible que afecta a todos los seres del planeta es imposible para una sola persona. He llegado a pensar que todos lo sabemos, todos lo ocultamos, y tratamos de llevar una vida tan normal como nos es posible para no despertar sospechas.
Desde hace muchos, muchos años, los humanos hemos recibido comunicaciones de otros niveles y de diversas maneras. Algunas en forma de profecías, otras como si fuera un aviso. Las ha habido que han creado religiones y no faltan las que han lanzado a algunos a empresas sobrehumanas. Desde luego que también andan por ahí los que vieron la oportunidad de tomarles el pelo a los demás e inventaron truculentas historias con las más variadas motivaciones, desde hacerse famosos hasta mejorar su situación económica. Son tantos y tan variados que no hace falta ser un gran observador y un buen analista para darse cuenta de que la trama de todos ellos es casi la misma, variando los lugares, los tiempos y las circunstancias.
Yo siempre había sido escéptico y todavía lo sería si no fuera porque a mí también me sucedió. Si esperan que les cuente una experiencia espeluznante serán decepcionados. Si bien fue algo extraño no tuvo nada de impactante, al menos en aquel momento. Conducía por la autopista México-Puebla rumbo a esta ciudad. Era un viernes de invierno y el reloj del auto marcaba las nueve de la noche. Cruzaba por la parte alta de la Sierra Nevada al Norte del Iztaccíhuatl cuando empezó a nevar. Las luces del auto iluminaban los copos que se proyectaban contra el parabrisas en absoluto silencio. Perdí la noción del camino. Era una sensación fantástica que duró unos cuantos minutos. Luego dejó de nevar y aquel bello espectáculo terminó.
Al día siguiente, sábado, desperté a las ocho de la mañana según mi reloj, pero el despertador marcaba las ocho y veinticinco. Mi esposa no estaba en la cama. Me dí una ducha y bajé las escaleras. El reloj del comedor marcaba también una diferencia de veinticinco minutos. Como todos los sábados, salimos a desayunar. Al sacar el coche miré el reloj. ¡Coincidía con el mío! Eso fue hace diez años. Corregí los relojes pero a partir de esa noche empezaron los "flashes" en sueños. Era como ver los avances de una película. Al principio muy breves pero después más largos e inquietantes. Percibía olores y sonidos y la presencia de unos personajes con "gafas" enormes que les cubrían los ojos en una cara sin nariz. Sin embargo, nunca me sentí agredido. Luego, como si tuviera unos audífonos, empecé a escuchar su voz dentro de mi cabeza. Recuerdo vagamente algunos conceptos aislados: "Hemos estado aquí desde siempre". "Ustedes no son los dueños de este planeta". "No podemos hacer más". "La crisis se aproxima". "La decisión está en sus manos". Lugares comunes que estamos hartos de leer en este tipo de casos; premoniciones catastróficas y veladas advertencias. Todo eso fue tolerable hasta que escuché: "Nos iremos poco a poco". "Volveremos después". Quise preguntar a dónde se iban y después de qué volverían pero no pude articular palabra. Me quedé con la duda y no se hacer más que conjeturas. ¿Qué sucedió en los veinticinco minutos que tanto el reloj del auto como el mío estuvieron detenidos? ¿Qué clase de catástrofe se aproxima para que estas entidades se vayan de la Tierra? ¿Habrá empezado ya su éxodo? Esas cuestiones ocupaban mi mente cuando un ligero ataque cerebral me mandó al limbo de la amnesia por algunas horas. Una tomografía consecuente descubrió algo inusual bajo mi cuero cabelludo en la región occipital: un cuerpo extraño de color grisáceo con la forma y el tamaño de un grano de arroz. Lo extrajeron y su análisis indicó que era sílice. Dedujeron que una caída de caballo cuando era niño podría ser la responsable de esa piedrita. Eso fue todo. Los sueños cesaron. ¿Serían resultado de alguna alteración en mi cerebro? Si es así, yo sería el único afectado. Eso me tranquiliza.

