martes, 28 de junio de 2011

¿QUÉ PASÓ?

Pude haberme quedado callado pero me ha resultado muy difícil ser el único en saberlo. Luego pensé que tal vez lo sepamos muchos y suframos todos la misma tortura. Mantener oculto un conocimiento tan terrible que afecta a todos los seres del planeta es imposible para una sola persona. He llegado a pensar que todos lo sabemos, todos lo ocultamos, y tratamos de llevar una vida tan normal como nos es posible para no despertar sospechas.
Desde hace muchos, muchos años, los humanos hemos recibido comunicaciones de otros niveles y de diversas maneras. Algunas en forma de profecías, otras como si fuera un aviso. Las ha habido que han creado religiones y no faltan las que han lanzado a algunos a empresas sobrehumanas. Desde luego que también andan por ahí los que vieron la oportunidad de tomarles el pelo a los demás e inventaron truculentas historias con las más variadas motivaciones, desde hacerse famosos hasta mejorar su situación económica. Son tantos y tan variados que no hace falta ser un gran observador y un buen analista para darse cuenta de que la trama de todos ellos es casi la misma, variando los lugares, los tiempos y las circunstancias.
Yo siempre había sido escéptico y todavía lo sería si no fuera porque a mí también me sucedió. Si esperan que les cuente una experiencia espeluznante serán decepcionados. Si bien fue algo extraño no tuvo nada de impactante, al menos en aquel momento. Conducía por la autopista México-Puebla rumbo a esta ciudad. Era un viernes de invierno y el reloj del auto marcaba las nueve de la noche. Cruzaba por la parte alta de la Sierra Nevada al Norte del Iztaccíhuatl cuando empezó a nevar. Las luces del auto iluminaban los copos que se proyectaban contra el parabrisas en absoluto silencio. Perdí la noción del camino. Era una sensación fantástica que duró unos cuantos minutos. Luego dejó de nevar y aquel bello espectáculo terminó.
Al día siguiente, sábado, desperté a las ocho de la mañana según mi reloj, pero el despertador marcaba las ocho y veinticinco. Mi esposa no estaba en la cama. Me dí una ducha y bajé las escaleras. El reloj del comedor marcaba también una diferencia de veinticinco minutos. Como todos los sábados, salimos a desayunar. Al sacar el coche miré el reloj. ¡Coincidía con el mío! Eso fue hace diez años. Corregí los relojes pero a partir de esa noche empezaron los "flashes" en sueños. Era como ver los avances de una película. Al principio muy breves pero después más largos e inquietantes. Percibía olores y sonidos y la presencia de unos personajes con "gafas" enormes que les cubrían los ojos en una cara sin nariz. Sin embargo, nunca me sentí agredido. Luego, como si tuviera unos audífonos, empecé a escuchar su voz dentro de mi cabeza. Recuerdo vagamente algunos conceptos aislados: "Hemos estado aquí desde siempre". "Ustedes no son los dueños de este planeta". "No podemos hacer más". "La crisis se aproxima". "La decisión está en sus manos". Lugares comunes que estamos hartos de leer en este tipo de casos; premoniciones catastróficas y veladas advertencias. Todo eso fue tolerable hasta que escuché: "Nos iremos poco a poco". "Volveremos después". Quise preguntar a dónde se iban y después de qué volverían pero no pude articular palabra. Me quedé con la duda y no se hacer más que conjeturas. ¿Qué sucedió en los veinticinco minutos que tanto el reloj del auto como el mío estuvieron detenidos? ¿Qué clase de catástrofe se aproxima para que estas entidades se vayan de la Tierra? ¿Habrá empezado ya su éxodo? Esas cuestiones ocupaban mi mente cuando un ligero ataque cerebral me mandó al limbo de la amnesia por algunas horas. Una tomografía consecuente descubrió algo inusual bajo mi cuero cabelludo en la región occipital: un cuerpo extraño de color grisáceo con la forma y el tamaño de un grano de arroz. Lo extrajeron y su análisis indicó que era sílice. Dedujeron que una caída de caballo cuando era niño podría ser la responsable de esa piedrita. Eso fue todo. Los sueños cesaron. ¿Serían resultado de alguna alteración en mi cerebro? Si es así, yo sería el único afectado. Eso me tranquiliza.

martes, 21 de junio de 2011

LA HISTORIA

Ese interesante relato de los acontecimientos pasados que tan elocuentemente nos relatan los vencedores y que llamamos Historia, no deja de ser un cuento en el que éstos y los vencidos jamás se pondrán de acuerdo, ya sea en lo superfluo o en lo esencial. Ese enorme depósito de hechos reales, adulterados o ficticios se mueve para allá y para acá según soplen los vientos de la temporada política. No me consuela ni me tranquiliza el saber que en otras áreas del conocimiento humano sucede exactamente lo mismo, pero qué le voy a hacer.
Perdonen que hable de mí pero es el tema que mejor conozco. Déjenme decirles que estuve presente en innumerables hechos de la Historia de México, específicamente durante la Revolución y siempre en el bando de los alzados aunque dicen por ahí que también estuve con los pelones y con no sé quiénes más. Aquello fue tan caótico que el sobrenombre de "La Bola" le quedaba bien. Siendo así las cosas, bien pude haber estado en todas partes al mismo tiempo pero, vayamos al grano. Deseo expresar mi nostalgia y tristeza porque la Revolución no me ha hecho justicia. Sé que por ahí me han visto en algún museo y que alguien me compuso una canción, pero me gustaría algo más significativo dados los buenos servicios que presté en aquel entonces. Estaría muy bien un monumento grande, vistoso y lo más fiel posible a mi fisonomía. ¡Sería fantástico! El país honra a sus héroes combatientes y se olvida de que no hubieran podido hacer mucho sin nosotras. La verdad es que estoy algo amargada pero, les pregunto: ¿Qué harían ustedes en mi lugar? Duermo todos los días envuelta en periódicos grasientos añorando los fines de semana para ver el sol, tirada sobre un trapo en la plazuela. Miro pasar a la gente que ni se percata de mi presencia. No sabe quién soy ni por qué estoy ahí. Yo, que tanto hice por ellos, soy una desconocida para las nuevas generaciones. Sólo me anima el eventual reconocimiento que algún abuelo me hace cuando dice: ¡Mira hijo, ven a ver! Esa cosa oxidada que está ahí ¡Es una carabina 30-30!

martes, 14 de junio de 2011

DE FENÓMENOS EXTRAÑOS

¿Conocen a Charles Fort? ¿Sí? ¡Qué bueno! ¿No? Se han perdido de algo muy interesante y no me refiero a su persona, que debe haberlo sido, sino a su obra, específicamente a "El libro de los condenados". Una recopilación de hechos considerados anómalos o inexplicables por la Ciencia vigente a fines del siglo XIX y principios del XX. Según sus biógrafos, el señor Fort era en realidad un gran escéptico. Su enfoque o intención era la crítica a los científicos de su época por despreciar una serie de hechos extraños o fuera de lo común. La Ciencia de ese tiempo (increíblemente) todavía aseguraba: "No pueden caer piedras del cielo por la simple razón de que en el cielo no hay piedras". Estando así las cosas, al señor Fort le tocó vivir una era coyuntural o lo que se ha dado en llamar un parteaguas o bisagra de los tiempos.
Viendo las cosas con objetividad, Fort distaba de ser un científico en el sentido tradicional del término. Más bien era un estudioso de  fenómenos inexplicados y su método recalcaba la preponderancia de los hechos. En otras palabras, observaba el mundo y sus alrededores a través de un cristal distinto pero, ¿a qué viene todo esto? me dirán ustedes. Bueno, hagamos un ejercicio de mente abierta al estilo Pauwels-Bergier y demos por sentado que todo puede ser, por extraño que parezca. ¿Entonces? Pues nada, que si a esas vamos, Fort ya no está tan solo. Lo acompaña una cantidad de entidades raras, en el sentido de poco conocidas, que han pasado por aquí diciendo y haciendo cosas raras también, enfrentándose a una Ciencia reacia a la aceptación de un Universo extraño que no juega con sus reglas y por ello, es declarado inexistente. Así las cosas, hombres como Charles Fort han rasguñado la piel de la Verdad y quizá hasta han sentido poseerla por momentos, pero ésta, siempre evasiva y escurridiza, los ha plantado ahí con las manos vacías y ha corrido a ocultarse bajo las faldas de mamá Ciencia. Sin embargo, ha dejado el rabo de fuera y lo mueve provocativamente con el objeto de tentar a nuevos Charles Fort para que continúen catalogando al menos e investigando al más, la enorme cantidad de hechos inexplicados que integrarán el contenido de nuevos "Libros de los condenados".

martes, 7 de junio de 2011

CUEXCOMATE*

El bueno de Simón se dirigía a su domicilio aquella noche de sábado, después de haber celebrado con algunos tragos, la victoria de su equipo favorito. Si bien no estaba borracho, sí venía más relajado que de costumbre y le costaba cierto trabajo mantener el equilibrio. Sus pasos, ligeramente zigzagueantes, lo llevaron por el parque donde se encuentra el Cuexcomate para cortar camino. Al pasar cerca del cráter, vió salir del socavón un tropel de pequeños sujetos verdes y cabezones que de inmediato lo rodearon. Su desconcierto era tal, que lo único que se le ocurrió decirles era que no traía dinero. En total silencio, los verdecitos lo tomaron por su cuenta y lo llevaron cargando hasta el borde del cráter sin hacer caso de sus contorsiones y risitas nerviosas causadas por las cosquillas que sentía. Llegaron hasta la escalera de caracol y luego, sorprendentemente, levitaron con todo y la humanidad de Simón hasta desaparecer en el fondo de la chimenea del volcán. Simón empezaba a sentir algo de miedo pero no le dio tiempo de aterrorizarse pues perdió el sentido.
Al día siguiente, para sacarlo, trataron de atarlo a una camilla pero no se dejaba. Ya no tenía cosquillas y sí un tremendo dolor de cabeza. Finalmente, los brigadistas lo sacaron de ahí. Las fotos del rescate y sus declaraciones salieron en los tabloides del ramo sensacionalista donde Simón tuvo su momento de celebridad. Aquel suceso pasó al olvido y Simón jamás ha regresado por el jardín del Cuexcomate.

*"El volcán más pequeño del mundo" es en realidad la boca de un géiser extinguido. Está situado sobre la calle 2 Poniente, entre la Ave. Ayuntamiento y la 3 Norte, en La Libertad, Puebla, Pue.