
LABERINTO
Hacía cuatro días que había entrado al gran laberinto. Al principio disfrutó del reto de encontrar la salida. Caminó sin descanso aplicando sus mejores recursos de orientación. Sabía que con sus conocimientos y habilidades aquel lugar no era digno rival para él; al despuntar el quinto día, su cuerpo mostraba los estragos de la inanición y la sed. Empezaba a desvariar viendo salidas donde no las había y terminaba dándose de cara contra el muro. Sus miembros inferiores le temblaban sin control incapaces de soportarlo. Terminó arrastrándose hasta que no pudo más. Finalmente se detuvo en un recodo, perdió el sentido y no supo en qué momento le llegó la muerte. Cuando lo encontraron, su cadáver estaba momificado. Sus alas estaban intactas.