Desconozco qué tan arraigada esté la costumbre de poner el famoso "Nacimiento" en la temporada navideña, por la feroz competencia del Árbol de Navidad. No sé si lo del portal siga teniendo arrastre popular o esté perdiendo ese nicho de mercado; tal vez estén compartiéndolo o qué sé yo. Sin embargo, en los tiempos actuales, hay algo que hubiera sido fantástico como promocional para los cristianos y sus tradiciones. Me explico: si observamos el cuadro después del 25 de diciembre y antes de la epifanía, podremos ver un lugar más o menos acogedor, tanto como puede ser un establo y un pesebre. Veremos también a José y a María en actitud contemplativa de una criaturita yacente a la que le pondrían por nombre Jesús. Alrededor de ellos, un grupo de pastores se aglomera para contemplar aquel prodigio. A sus espaldas, los ángeles hacen guardia. Luego, ¡atención! Dos representantes de otros órdenes de mamíferos ubicados en primera fila, con los jarretes doblados en actitud de sumisión, roban cámara (o deberían) debido a su volumen: una mula y un buey. Me asaltan las dudas y mi mente analítica se estruja tratando de entender por qué escogieron a un animal híbrido y a un castrado para esa escenografía. La única respuesta que me llega es que lo hicieron para que dicha escena jamás se repitiera, ni por herencia.
Hasta aquí todo bien. Se entiende que en la edad de bronce, el que no era pastor era desempleado o se dedicaba a la política que, como es costumbre, siempre ha sido río revuelto. Claro que había pescadores. Tenía que haberlos con el Tiberíades a la vuelta del camino y desde luego que también había sacerdotes, una casta privilegiada con la que los romanos enjuagaban las dificultades de los inquietos hijos de Israel. Pero me estoy saliendo del tema. Los pastores veían con familiaridad la presencia de la mula y del buey. Los extraños en ese lugar eran los humanos. Y aquí viene mi genial aportación para un cambio, muy ligero, en dicha escenografía. Retomando a los pastores, no me parece recordar pasaje alguno en la Biblia donde se cite a un animal que ha acompañado al hombre y sus rebaños desde que esa actividad se estableció como una de las más socorridas. Mis agudos lectores ya saben a quién me estoy refiriendo. Imaginen ahora que en todos los nacimientos pudiéramos contemplar parado, sentado, echado, olfateando, ladrando o dormido a los pies del pesebre, a un ejemplar del fiel y trabajador perro pastor. No importaría la raza. La sociedad canófila no existía en esa era. Creo que nuestros hábiles artesanos harían verdaderas obras de arte en ese asunto. Subirían los bonos de los nacimientos y, lo mejor de todo, estaríamos creando una tradición que como todas, sólo es cuestión de echarla a andar. Desde hoy, a todos los nacimientos les hace falta un perro. Sería bonito ¿no?
