
Durante muchos, muchos años, he tratado de comunicarme con otras dimensiones, con otros seres. Lo he intentado por todos los medios, desde los hongos de María Sabina, las canalizaciones, los mediums, los viajes astrales, la meditación trascendental, el hatha yoga, la tabla Ouija (marca reg.), las runas célticas, los huesitos de chabacano, la matatena, el I Ching, el tarot de Marsella, el café turco, la arena de Cancún, las pirámides de cuarzo, la perinola de toma y daca, los palitos chinos, las varillas de zahorí, los polvos de la madre Matiana, los libros de Houdini, la escritura automática, la psicofonía, el campo humidificado de Saharandaja Tahrambana; el ya anticuado pansexualismo freudiano; las sincronicidades jungianas, los videos de Jaime Mausán y las cucharas de Uri Geller, hasta la desinteresada asesoría de David Copperfield. ¡Ufff! Como ustedes pueden ver, por voluntad no he parado. Por lo tanto, he llegado a la conclusión de que yo no reúno las características idóneas para establecer esa comunicación. Seguramente las entidades superiores y los maestros encendidos no deben juzgarme merecedor de ese privilegio reservado para "Los Escogidos" (todavía no sé por quién) y he decidido aceptar mi realidad (sano consejo de Pedro Ferriz. Sí, ese señor de las tupidas cejas), pero... seguiré intentándolo. Si alguno de mis apreciables lectores desea ponerse en contacto conmigo, podrá encontrarme en la feria de San Marcos, en el carnaval de Veracruz y en la feria de Puebla (a un ladito de la sección egipcia) donde como siempre estaré a sus órdenes en los misteriosos menesteres de la quiromancia.