martes, 30 de noviembre de 2010

ERÓTICA


Ya llevo un buen rato frente a ti y ni una palabra. ¿Te he hecho algo malo? ¿He cometido alguna indiscreción? ¿He abusado de alguna manera de tu impoluta inocencia? ¡Dime! No te quedes callada. - Silencio... - Puedo esperar todo el día si fuera necesario pero... ¡Ah! Ahora empiezas a cubrirte, lenta e inexorablemente, en ese suave rito de ocultar tu desnudez como quien cierra una cortina; despacio, suavemente y con cierta lascivia. Una cortina que si bien te nubla, no te esconde totalmente y sigue dejando entrever la blancura de tu piel. Esa piel fascinante que me reta a cubrirla con mis pensamientos, con mis manos. Sabes bien que he repetido este auto de liturgia innumerables veces y sin embargo, la emoción es cada vez más fuerte y más profunda... ¿Estás celosa? Jamás he ocultado que no has sido la única. Modestia aparte han sido cientos, tan inocentes e inmaculadas como tú y, como a todas ellas, te estoy sumamente agradecido por haberme permitido acariciar y cubrir tu piel con estas letras.

martes, 23 de noviembre de 2010

CAÍDA LIBRE


No era mi primer vuelo pero mis temores sí eran los mismos. Se dice que aquello que más temes es lo que te sucede y para mi desgracia se estaba haciendo realidad. Mi paracaídas no se había abierto y seguía bajando velozmente hacia tierra. El suelo se aproximaba muy rápido y créanme, eso de que cuando vas a morir, tu vida entera desfila por tu mente como una película, es verdad. La mía pasó demasiado deprisa; apenas y pude reconocer algunos pasajes: mi infancia transcurrió en cinco segundos; mi adolescencia en diez y mi juventud en otros tantos.
En los entrenamientos me pasaba lo mismo. No sé por qué continúo la tradición familiar de piloto aviador. Bueno, si sé por qué. ¿Ustedes saben lo que es la presión de varias generaciones? Pues yo sí y es terrible. Ahora había cerrado los ojos fuertemente pues no quería mirar cuando hiciera contacto con la tierra. Sin embargo, me sobrepuse y los abrí tan solo para sentir un fuerte vacío en el abdomen. El suelo estaba ahí y de pronto ¡Bum bum! Las ruedas corrieron por la pista. Corté el acelerador, hice mi carreteo y llegué hasta el hangar. Qué bueno que no se abrió mi paracaídas. No hubiera podido explicar por qué, adentro de la cabina.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA ESCALINATA




Muy intoxicado, apenas lograba sostenerse en pie. Los efluvios de la droga y el alcohol habían embotado casi por completo su cerebro. Todo parecía irreal e intangible. Los colores, olores y sonidos eran tan intensos que apenas los podía asimilar. Había superado más de la mitad de la escalinata y se esforzaba para seguir subiendo. De no ser por los que le ayudaban sosteniéndolo por los brazos, hacía rato se hubiera desplomado. Por fin, llegó a la parte superior de la escalera y los ayudantes lo acostaron mas no sintió ningún descanso. Poco después percibió una sombra que se aproximaba. Un contorno emplumado le tapaba el sol. El rítmico batir de cien tambores retumbaba en sus oídos mezclado con los gritos de una multitud. Un intenso olor a sangre penetraba su nariz. La sombra le cubrió.
No hubo dolor cuando la obsidiana cumplió su cometido. Alcanzó a ver su corazón latiendo por encima de su pecho y un instante después percibió con terrible claridad, la figura espectral de Mictlantecuhtli quien sonriente, le dio la bienvenida.

martes, 9 de noviembre de 2010

GOLIAT


Las tradiciones del mundo están llenas de alusiones a personas de elevada estatura, los llamados gigantes. Quizá una de las más conocidas es la historia de Goliat de Gath, un nephilim que militaba en las huestes filisteas. Con aquello de que el tamaño sí importa, la carrera castrense de Goliat fue meteórica. En las innumerables campañas por el sureste de Canaán (lo que hoy es la franja de Gaza), donde el hierro filisteo llevaba la ventaja contra cualquier oponente, Goliat sobresalió, en sentido literal y militar debido a su estatura y valor en el combate, al grado de ser nombrado campeón de los filisteos.
Si la leyenda la hubieran escrito sus paisanos, Goliat hubiera pasado a la historia como un héroe preclaro en la defensa de su territorio contra la invasión israelita. (¿Dónde habré escuchado eso?). ¡Ah! Pero la maldición cayó sobre él un día en que los filisteos retaron a los israelitas (tal vez yo hubiera hecho lo mismo para ahorrar vidas humanas) a un duelo singular campeón contra campeón. Yo estoy seguro de que en aquel tiempo no existía una AMCS (Asociación Mundial de Combates Singulares) que sancionara los encuentros de esta clase y estableciera las normas obligatorias a las que debían someterse ambos contendientes. Detallitos como el peso, la estatura, las armas elegidas, el tiempo de combate, etc., etc., si no, tengo la certeza de que los filisteos hubieran ganado por default pues los israelitas no contaban con un campeón de los tamaños de Goliat. Sin embargo, tales pelillos no importaron a los organizadores del encuentro y a la voz de que más vale maña que fuerza, los israelitas mandaron a David (era peso gallo) al combate, con los consabidos consejos de "el que pega primero...", "no dejes que te agarre", "mantén tu distancia" y qué sé yo. Este último concepto cayó en la clara conciencia de David como una iluminación divina (Yahvé seguramente estaba al tanto) así que para despistar a Goliat, que lógicamente esperaba un cuerpo a cuerpo y desviar su atención de sus verdaderas intenciones, David tomó su cayado con la mano izquierda mientras con la derecha preparaba su honda. Cuando el bueno de Goliat lo vio, profirió la frase más ingenua en la historia de la ingenuidad: "¿Acaso me tomas por un perro que vienes hacia mí con un palo?" Bueno, ya sabemos que Goliat no pudo cabecear la piedra. Para más detalles de la "pelea" ver Samuel 1-17, versión hebrea.

martes, 2 de noviembre de 2010

EL ÁRBOL DEL FANTASMA


Ese día, los cuatro acordamos reunirnos por la tarde en el Árbol del Fantasma; éste se encontraba en un lugar secreto y mágico en la tupida selva y, escondida entre sus raíces, se hallaba nuestra más valiosa posesión: el tesoro. En él se cifraban las esperanzas de todos para un futuro inmediato.
Todo empezó cuando decidimos romper con las condiciones que otros nos imponían y decidimos independizarnos para no tener que aceptar los caprichos de nadie. Aquella tarde todo cambiaría.
A eso de las cinco, fuimos llegando de uno en uno en forma muy discreta y cuidadosa. Si bien la selva nos protegía de miradas curiosas no estaba por demás ninguna precaución. ¡Si se descubría nuestro escondite!... Conforme íbamos llegando nos escurríamos entre los matorrales hasta alcanzar la base de nuestro árbol. Una vez reunidos, quitamos las piedras que disimulaban el hueco entre las raíces. Uno de nosotros sacó el cofre, lo abrió, y contamos varias veces las monedas.
Saltando de alegría y olvidando toda precaución, salimos gritando de los setos de aquel jardín público. De ese lugar extraordinario que durante meses llenó cuatro vidas de significado y donde yo, en lo más profundo de mi corazón, sentía que se estaba terminando una etapa más de aquella infancia. ¡Habíamos reunido lo necesario para comprar nuestro propio balón de fut!