martes, 21 de febrero de 2012

MURALISMO

Con suaves movimientos, la habilidosa mano derecha del maestro Rivera se deslizaba por el muro mientras su mente cavilaba. Ahora podría demostrar al mundo su talento. Sólo los ciegos no verían su maestría en el claroscuro, sus inigualables veladuras y el mágico sfumato. El dominio indudable de la perspectiva y los diversos planos. El manejo magistral de la composición donde sale a relucir su conocimiento de la proporción áurea. La riqueza, armonía y profundidad del color y la perfección de su dibujo. La suavidad y finura de sus pinceladas y la increíble paz de los semblantes aunada a la energía en la expresión de sus retratos. Y qué decir de su maravilloso conocimiento de la anatomía y las estéticas actitudes de sus figuras. La magnitud de los espacios abiertos en sus espléndidos paisajes; la frescura de sus bodegones y la elegancia de sus naturalezas muertas, evidente muestra de su agudo sentido de observación y su talento. Su habilidad para captar la...
     -¡Qué pasa maistro! ¡Muévase que le falta pintar la recámara y la sala!
     -¡Mjh!