lunes, 26 de noviembre de 2012

SITUACIÓN DEL REINO

Una reina belicosa, agresiva  y con gran poder, pero que ignora todo sobre política; un rey que, además de ser un holgazán, confía en que sus súbditos lo protegerán; los asuntos de gobierno son administrados por el clero que siempre toma acciones sesgadas. Un ejército cuya infantería suicida nunca se echa para atrás y una caballería que no sabe atacar de frente. Todo eso con fortificaciones arcaicas sólidas pero de nula agilidad.
     Se espera el jaque mate en dos movimientos.

jueves, 22 de noviembre de 2012

DE SALUD, DOLOR Y LIBERTAD

                                                                                                                                                                    Al Dr. Edgar Cárdenas R.
                                                                                                                                                                    Con afecto.
Mientras estás sano, todo parece marchar de maravilla, pero ¿qué pasa cuando esa salud se deteriora y requiere de atención? Pues que se presentan una serie de pérdidas temporales más importantes que el costo económico. La forma más eficaz para percibir esto, se da cuando te debes internar en un sanatorio para una intervención quirúrgica. ¿Qué es lo primero que se pierde? ¡La libertad! De entrada te colocan el equivalente a un "blackberry" en la forma de una bolsa de suero. Estás frito. Ya no podrás deambular por ahí a menos que vayas arrastrando contigo la percha del suero como si fueras en una procesión. Cuando te llevan en camilla a los quirófanos, todo mundo parece saber tu destino, menos tú. Te conviertes en un objeto. En un mueble más del hospital. Llegando ahí, el mundo exterior desaparece y te encuentras sumergido en un planeta lleno de aparatos extraños y lo único que se te ocurre es que todos son para hacerte algo. Enderezas la cabeza, si puedes, y logras tener un atisbo de lo que te espera. Cuerpos humanos en posturas de exposición total, inermes y resignados. Es impactante la visión de esa especie de línea de montaje. Ya dentro, un rostro embozado se presenta muy educado como tu anestesista, seguro de que después no podrás reconocerlo. Es lo último que recordarás.
     Después de varias horas, has sido intervenido. Recuperas la conciencia y te das cuenta de que, al menos por el momento, ya la libraste. Te llevan de regreso a tu cuarto y te pasan, con una hábil maniobra de estiba, a tu cama. Ahí te das cuenta de que llevas colgando una tripa que antes no tenías. No te sientes mal, pero tampoco te sientes bien. No te engañes, no es que no te duela, es que todavía no se te pasa la anestesia. Es aquí donde empieza la segunda parte, donde se añade a la pérdida de la libertad, el proceso de recuperación con la presencia del dolor que va y que viene dependiendo de los analgésicos.
     Cuando estás acostumbrado a que nadie decide por ti y eres el soberano dueño de tu voluntad y de tus movimientos, esta etapa es durísima. Cediste los derechos de decidir qué es lo mejor para ti y ahora aceptas sumiso que te indiquen lo que debes hacer, por tu bien.
     La Libertad y el Dolor, así con mayúsculas, son el precio que se debe pagar por recuperar ese extraordinario tesoro que es la Salud. Me encuentro en medio de esa etapa. Llevo doce días de operado y, aunque parece haber sido un mal sueño, ciertas pequeñas molestias, la reclusión en casa y las limitantes a mi actividad, me recuerdan que la salud es gratuita mientras no la pierdas y que recuperarla es muy, muy costoso, porque la pagas con tu libertad y tu dolor.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

A DON JOSÉ

Los rayos de la luna se cuelan entre los árboles y llegan hasta las baldosas de la estrecha callejuela. Es el barrio de Santa Cruz, en Sevilla. El débil resplandor de algún farol permite vislumbrar las sombras que avanzan despacio por la plaza. Se acercan a la esquina y, en la Hostería del Laurel, la puerta se abre. Como un cortejo fúnebre, aquellas siluetas desfilan hacia el interior, una por una. Dentro, ocupan en silencio sus lugares alrededor de una mesa como si fueran clientes habituales. Al centro, un candelero se esfuerza por iluminar la escena y proyecta las sombras temblorosas sobre los muros. Las capuchas cubren los rostros. Nadie se mueve y sólo quedan dos sillas vacías. El ambiente es tenso como un muelle a punto de romperse. Al otro lado de la plaza, el reloj de la iglesia empieza a dar las doce. La puerta se abre y, junto con una racha de viento, una nueva sombra ingresa al refectorio. Se acerca hasta la mesa y toma asiento. Con parsimonia, saca de entre sus ropas un viejo pergamino y dice: "Lo he traído." Un coro apagado de voces se dejó escuchar: "Hoy debe venir. Hoy debe firmar". La última campanada. No bien se disipó el sonido, un nuevo soplo de viento abrió la puerta. La vela se apagó y el lugar se hundió en la oscuridad.

     A la mañana siguiente, el posadero abrió el establecimiento y encontró sobre la mesa un pergamino:

Los que en el calce firmamos,
hartos ya de repetirnos,
a Don José le rogamos
nos permita redimirnos.

Queremos paz en la fosa.
Así es señor Zorrilla.
Cada año la misma cosa
es algo de pesadilla.

Denos una nueva obra
llena de feliz jolgorio.
Talento es lo que le sobra
y dejemos ya el Tenorio.

martes, 6 de noviembre de 2012

CONVALECIENTE

     -¡Hola Pepe! ¿Cómo te sientes?
     -Muchísimo mejor. Ya voy de salida.
     -¿Y las fracturas?
     -Dice el doctor que van soldando bien.
     -¿Y qué pasó con el estallamiento de vísceras?
     -Ehh... Mejorando también.
     -Te veo muy colorado. ¿Tienes fiebre? ¡Puedes tener infección!
     -Nn... No sé. El doctor dice...
     -Déjame tomarte el pulso. Mh... Oye ¡Casi no tienes pulso! ¿Te han checado la presión?
     -No... recuerdo...creo que...
     -¡Ya ni la amuelan! ¿Cómo te pueden descuidar así? Con la mitad de lo que te pasó, mi primo Güicho se peló el año pasado.
     -¿Tu prim...
     -¡Sí! ¡A propósito! Tu moto quedó bastante jodida pero creo que la puedo reparar. ¡Qué madrazo! Oye, estás sudando y hace frío. A ver ¡respira hondo! ¡No! ¡Así no! Llena de aire aquí, en el abdomen güey.
     -¡¡Ajjgghh!!
     -¡Pinche Pepe! Ya te pusiste morado. Si no pones nada de tu parte, de nada sirve que los cuates se preocupen por ti... ¡Pepe, no seas ojete! ¡Respira güey!... ¡¡Un doctor!!