Hay lugares que favorecen el acceso de nuestra mente a niveles elevados. Alguien dijo: "angulus ridet", este rincón me sonríe. Cuando encuentro un lugar así, me pongo a analizar por qué me atrae, por qué me siento a gusto, por qué me da sosiego o por qué me estimula. En fin, el lugar en sí es tan especial que no me permite pensar pues absorbe la totalidad de mi atención. Podría ser el silencio, podría ser el color, podría ser el entorno y sus detalles. Podrían ser muchos factores combinados pero que en resumen, todos se convierten en elementos de distracción. Entonces ¿dónde encontrar el lugar ideal para pensar? Viene a mi mente el recuerdo infantil de Winnie Poo en su "pensadero". Un lugar ideal para que un osito de peluche, no muy inteligente por cierto, pudiera concentrarse repitiendo constantemente este mantra infalible: "Piensa, piensa, piensa". Nunca lo logró, hasta donde yo recuerdo. Resulta sorprendente descubrir que no es necesario encontrar un lugar así, físico, para pensar. Es más, resulta contraproducente. Pensar se vuelve una obligación en ese sitio exclusivo y te constriñe a repetir sin cesar el mantra del osito de marras, bloqueando el acceso a cualquier otra idea, advenediza y sorpresiva como casi todas, que requiere de un espacio vital para presentarse. Un sitio para aterrizar. Cuando descubres eso, te das cuenta de que mientras más empujes la puerta, más difícil es abrirla. Cesas en tu empeño y, ante tus azorados ojos, un viento suave la abre permitiéndote el acceso sin esfuerzo. ¿Quieres una moraleja? No todos los días son fructíferos. Es decir, no todos los días puedes cosechar, pero sí todos los días puedes sembrar y cultivar. Las experiencias cotidianas se almacenan por ahí en algún lugar. No son inertes. Están vivas y son semillas que germinan en tiempos diferentes y en silencio, hasta que un día, de pronto y en cualquier lugar, toman tu mente por asalto. En ese momento no necesitas un lugar específico al que dirigirte o en el cual estar. No lo busques. No existe fuera de ti. Estás en él ahora mismo. Simplemente acéptalo y, eso sí, toma nota de esa idea que te asaltó para desarrollarla por completo antes de que se te olvide. Vive con plena conciencia. Asimila las vivencias importantes y guárdalas en tu memoria como un tesoro. Si las dejas solas, podrán combinarse de modos sorprendentes y saltar de repente ante tus ojos.
