domingo, 19 de septiembre de 2010

BICENTENARIO


En estos días patrios me la he pasado preguntando a los amigos qué es lo que estamos celebrando. Las respuestas han sido tan distintas que quedé más confundido que antes y decidí sacar mis propias conclusiones.
Somos una nación terrible. Terrible en todos los aspectos y todas las acepciones de la palabra.
Terriblemente patriotas y terriblemente apátridas. Terriblemente unidos y terriblemente separados. Terriblemente religiosos y terriblemente agnósticos. Terriblemente legalistas y terriblemente transgresores. Terriblemente inconformes y terriblemente conformistas. Terriblemente lo que sea. Peor aún, no siempre los extremos están balanceados. Siempre hay un lado más pesado que el otro. Históricamente, ese subeybaja se ha movido demasiado y ese movimiento ha causado grandes acontecimientos sociales. Mientras se recuperaba la posición estable, que finalmente resultaba ser la misma de antes, todo era caos y desorden pero, vamos a ver qué pasaba cuando se restablecía el equilibrio. Lo primero que vemos es que el subeybaja no está centrado. A partir del punto de apoyo, un extremo es más largo que el otro. Sobre el extremo corto hay mucha gente. Sobre el extremo largo hay unos cuantos. Cuestión de brazos de palanca. ¿Equilibrio? Dejémoslo así.
Entonces ¿Qué es lo que debemos celebrar? ¡Pues eso! Que viéndolo "a la mexicana", todo está parejo, "como debe de ser". Es el "Orden Mexicano" con el que estamos acostumbrados a vivir. Funciona tan bien que ese "equilibrio de fuerzas" ha cumplido cien y doscientos años respectivamente. Y ahí está el quid. ¡Mexicanos! ¡Celebremos con júbilo lo que hemos aguantado! Unos mexicanos han oprimido a otros mexicanos. ¿Cuál es el problema? ¡Todo queda en familia! ¡Sigamos demostrando al mundo que los mexicanos podemos soportar a los mexicanos! ¿Quieren pruebas? ¡Estamos cumpliendo un bicentenario de estar sobreviviendo a nosotros mismos! Eso señores, ¡HAY QUE CELEBRARLO!