
LIBERACIÓN
Contemplar el fluir de la vida a través de los barrotes de una prisión es una experiencia traumática en extremo. El día que me capturaron está borroso en mis recuerdos, dentro de una confusión total y tan sólo conservo en la memoria el día en que me cambiaron de la prisión colectiva a una celda individual. Debo haber hecho algún mérito para ganarme ese cambio que fue muy conveniente para mí, ya que no es lo mismo estar conviviendo con veinte más en un espacio reducido donde se impone la ley del más fuerte, a tener una celda privada con comida y tranquilidad. Lo único que me resulta algo incómodo es tener que soportar los periodos en que mis carceleros me atosigan para obligarme a hablar y si bien al principio de esas sesiones sólamente les respondía con incoherencias, me di cuenta de que no estaba protegiendo a nadie si me negaba a soltar la lengua, así que un buen día les dije algo y como por arte de magia mi situación mejoró y me empezaron a tratar con cierta benevolencia. Debo aclarar que hasta la fecha no les he dado ninguna información realmente importante ya que me he limitado a decir cosas que mis inquisidores conocen de sobra, pero ellos parecen complacerse con mis confirmaciones.
Llevaba en esta situación más de cuatro años... Hasta ayer. Ayer me liberaron. No lo podía creer cuando abrieron la reja y me invitaron a salir y tardé en decidirme. Al fin salí y lo primero que hice al encontrarme libre fue decir todo lo que sabía a los cuatro vientos. Grande fue el alboroto que causé y todos vinieron a verme gritar y parecían muy contentos y como ya no me quise ir me regalaron una percha con aro donde paso los días feliz, repitiendo lo mismo.