martes, 27 de diciembre de 2011

CONTACTO

Me costó trabajo comunicarme con ella. Después de muchos intentos logré encontrar una vía, una conexión, un estado de ánimo que facilitara el enlace. Yo soy solamente una idea, un ente conceptual, un espíritu con deseos de comunicarme. Ella se sorprendió el día que logré el primer contacto. No supo de dónde venía mi voz, mas se sobrepuso rápidamente y eso me gustó. Nuestros encuentros empezaron a ser más frecuentes y más largos en la privacidad de su habitación. Poco después descubrí que podía acceder a ella en otras circunstancias y fue fantástico. Lo hicimos en el Metro, en la calle, en su lugar de trabajo. Nos explayábamos a placer. Me platicaba sus problemas y parecía no interesarle mi opinión. No me pedía ningún consejo. Pero poco a poco, con el tiempo, las cosas empezaron a cambiar. Ella tomó la iniciativa. Me sorprendía en los momentos más inesperados abandonando toda discreción. Lo hacía cuando le daba la gana, cada vez con más frecuencia, y no paraba de hablar. Me convertí en el escucha perfecto, silencioso y receptivo. Nunca me ha visto ni sabe quién soy pero ha logrado invadir mi espacio y mi tiempo. Eso no me gusta. Siento que he perdido el control. Yo busqué el contacto e inicié la relación pero ella ha impuesto ahora las condiciones de nuestros encuentros. No pude soportar más y decidí ponerle fin al asunto.
     El último contacto fue ayer, en un bar de la calle de Palma. Sólo un hombre en la barra, el cantinero y un parroquiano sentado en la mesa del rincón. Ella llegó y se acomodó en una mesa. Me llamó y con su habitual desenfado empezó su verborrea. Siempre era lo mismo. Conocía sus problemas al detalle y sabía las soluciones pero jamás las aplicaba. Sus broncas insolutas eran el combustible de su vida. Su razón de vivir.
     Dirán que fui grosero, que eso no se hace, que no es de personas educadas, pero finalmente reuní el valor para largarme y dejarla hablando sola.

martes, 20 de diciembre de 2011

VELOZ

Salió disparado por la bocacalle. Sin detenerse, cruzó por el camellón y recorrió una cuadra por la acera hasta la esquina. Ahí dio la vuelta a la izquierda y avanzó veloz por dos cuadras más para llegar hasta una amplia avenida. Tomó por ésta y corrió por ella durante seis calles sin detenerse ni bajar la velocidad. Cruzó en diagonal por los andadores de un jardín y se coló entre los grandes macetones de una calle peatonal, ahorrándose un rodeo de dos manzanas. Llegó a una unidad habitacional, subió a la banqueta y corrió raudo por las veredas zigzagueantes haciendo alarde de equilibrio y habilidad. Llegó al edificio 43-A, bajó de la moto y subió de dos en dos los escalones al primer piso, luego al segundo y ya iba por el tercero cuando resbaló, tropezó y rodó aparatosamente escaleras abajo. Cuando se detuvo daba lástima. Su ropa estaba enrojecida de catsup y las rodajas de salami decoraban su camisa sobre un embadurne de mostaza. Hebras de queso derretido unían su cara con sus manos. Mirando el batidillo, solo atinó a comentar: ... ¡Y mi madre dice que la moto es peligrosa!

martes, 13 de diciembre de 2011

EL PORTÓN

A poco andar topé con un portal y me detuve. Era un lugar extraño. No hermoso pero tampoco feo. En una barda  elevada y tan larga que se perdía de vista en la niebla, aquel gran arco de piedra era la única abertura y carecía de reja. Me pregunté el porqué de un muro así con una entrada, ¿o salida? sin puerta alguna ni vigilantes que controlaran el acceso. Mis pasos crujían tímidamente en la gravilla al acercarme. Un vientecillo tibio y con olor de bosque me envolvió en un remolino de niebla cuando escuché una voz indefinida que parecía venir de todas partes.
         -¿Estás seguro?
         -¿Perdón?- respondí confundido- ¿Quién pregunta?
         -Yo.
         -¿Quién es yo?
         -Soy El Portón. 
         -¡Pero si no hay portón!- exclamé y tratando de recuperar mi lógica dije- y además... ¡Los portones no hablan!
         -Yo sí.
         -Está bien, si eres El Portón ¿por qué no te veo?
         -¡Vaya tonto! ¿Por qué crees? ¡Soy invisible!
         -¡Oh, vamos! ¡Muéstrate! ¿Dónde estás?
         -¡Frente a tus narices!
Extendí la mano con el temor de encontrar algo pero no había nada.
         -¡Aquí no hay nada!
         -¡Sí que lo hay! Además soy un portón de un solo sentido. Si cruzas no podrás volver. No lo hagas si no estás seguro.
         -Seguro...¿de qué?
         -¡Válgame contigo! Algo debe estar funcionando mal en alguna parte. El que llega aquí debe estar seguro, si no, no vendría ni mucho menos intentaría cruzar este umbral. Pero viéndolo bien tú no tienes la culpa. Quizá no debí preguntarte si estabas seguro. Sólo deseaba establecer comunicación y tal vez platicar un poco. Estoy harto de preguntar el santo y seña a todos los que llegan por aquí. Me lo dan y pasan sin más trámite.
         -¿Santo y seña? ¿Cuál santo y seña?- pregunté un tanto exasperado.
         -¡Ah! ¿No te dijeron cuál era tu santo y seña?
         -¿Quién me lo tenía que decir?
         -Alguien. Pero eso no tiene importancia. Si te lo hubieran dicho lo sabrías. ¡Es tan sencillo!
         -¡Pancho! ¡Pancho! ¿Cómo te sientes?- dijo una voz conocida.
         -¿Eh? ¡Ah...sí!... Creo que bien. Sí, me siento bien- dije mientras me incorporaba.
         -¡Qué bueno que siempre usas el casco! Tú ya la libraste pero de tu moto, no puedo decir lo mismo.

martes, 6 de diciembre de 2011

QUERIDO SANTA CLAUS

Algún día tenía que decírtelo y ese día ha llegado. Es cierto que mi relación contigo me ha dado cierta celebridad pero mientras llega la Navidad, me paso la vida encerrado en un lugar caliente y apestoso   esperando ese evento que siempre tarda un año en llegar. Quisiera que en esta ocasión se me cumpliera este deseo: Quiero estar todo el año en libertad vagando por ahí con mis amigos. Creo que no es mucho pedir, total, si me necesitas sólo tienes que buscarme. Sabes muy bien que no me puedo ocultar. Además, para mí es un placer ayudarte. El ver las caras de felicidad de los niños en Navidad me da energía suficiente para cumplir con mi cometido anual. Ahí queda mi petición y espero que no la eches en saco roto.

Desde el pesebre con cariño

Rudolph.