
SUBE Y BAJA
Nunca he sabido por qué, pero me ocupa sobremanera la inquietud causada por una inercia que rechazo desde una posición de falsa actividad. Por supuesto que no es una postura permanente pues se modifica de tiempo en tiempo - siglo más, siglo menos - de manera que de algún modo se establece una aparente dinámica que hace discurrir los acontecimientos como hilillos de agua en un cristal llovido, ya cambiando caprichosamente su trayectoria, ya fluyendo derecho como si supieran adónde van; algunos hasta se atreven a gotear para llegar al suelo. Sin embargo, la mayoría permanece en aquel limbo nebuloso donde no son ni lo uno ni lo otro y su principal valor, que deben tenerlo, estriba precisamente en su pasmosa indefinición, convirtiéndose así en el centro de una balanza cuyos platillos suben y bajan incesantemente en la eterna lucha por ver quién pesa más que aquél que pesa mucho. La ubicación central como fulcro de este inestable balancín, me causa un estrabismo sartreano por aquella necedad de ver ambos platillos a la vez y que cuando lo estoy logrando, la balanza desaparece y lo único que permanece claro en las retinas es un fiel agudo e inquieto diciéndome que no.