martes, 17 de mayo de 2011

MODELADO

-Nos conocemos desde hace muchos años y sin embargo siempre me sorprendes con algo nuevo. ¿Cómo le haces?
     -No tengo que hacer nada. Me sucede cada día al despertar. Simplemente vuelvo a nacer y es por eso que para mí cada día es nuevo y trae consigo cosas nuevas.
     -No, no, espera. No es así de fácil. Creo que tratas de sorprenderme y no lo vas a lograr. Si para ti todo es nuevo cada día ¿Qué ha pasado con lo que ya sabes? Con toda tu experiencia, tus conocimientos, tus principios, tus valores...
     -¡Ah! -me interrumpió bruscamente- eso es sólo memoria. Es lo que fui. Yo soy nada más este momento. Aquello que he aprendido ya no existe y sólo quedan sus efectos. Verás. Es como la arcilla en manos del escultor. Si presiona por aquí y empuja por allá, deja una huella y la forma de la obra cambia. Las manos del artista ya no están. Estuvieron. El resultado es que cada día la escultura amanece nueva, lista para ser modificada y recreada nuevamente.
     -Entonces -le dije poniendo cara de haber comprendido- los cambios en la forma son el resultado de la aplicación de las manos. Es decir, se trata de un proceso de transformación donde la arcilla no tiene nada que ver ¿No?
     -No. La arcilla tiene mucho que ver. Si el artista desea un modelado de calidad, deberá utilizar la arcilla más fina que pueda encontrar. Sin embargo, en la práctica deberá trabajar con la que tenga a la mano. Además del modelado cotidiano hay algo que no debe faltar y es el adecuado grado de humedad para que la arcilla ni se seque ni se escurra.
     -Oye, esto ya se salió de contexto. Me estás dando una clase real de modelado...
     -¡Claro! - me interrumpió nuevamente- tu espíritu es el escultor; tu cuerpo es la arcilla...
     -¿Y el agua? -ahora yo lo interrumpí- ¿El agua para mantenerla manejable? -le cuestioné ávidamente.
     -¡Ah! Eso es un factor muy importante para un buen modelado. El agua representa el interés que le pongas diariamente. Tú eres el artista y la obra al mismo tiempo y si no te gustó como quedaste el día anterior, siempre puedes cambiar. Es la ventaja del renacer cotidiano.
      -Debes tener razón Diógenes*. De hecho ya me siento diferente de como llegué contigo.
     -Oye -me dijo- ¿Sabes de alguien que requiera de un maestro?
     -Puede ser, pero aquí las cátedras se ganan por oposición y por lo que sé, a ti no te gusta que te examinen.
     -Es verdad, pero si sabes por ahí de alguien que desee tomar clases particulares de modelado me avisas.
     -¿¡Modelado!?
     - ¡Olvídalo! - ijo cubriéndose la cara con las manos- creo que hoy tanto el cambio como la diferencia fueron retrógrados.
     -¿¡...!? Ehh... Bueno, nos vemos...

*Diógenes. Nombre que le puse a un personaje imaginario que vive en un cuchitril, bajo un paso elevado, en la imaginaria ciudad de Pipopea, en un país que seguramente también es imaginario.