viernes, 29 de octubre de 2010

QUINCE MINUTOS



Finalmente logramos acorralar a la banda. El jefe de los ladrones se parapetó tras el tronco de un enorme fresno, desde donde disparaba sin cesar. Por fortuna su puntería no era buena y no había bajas entre los nuestros. Tratamos de rodearlo pero nos descubría. Sus secuaces nos disparaban desde los alrededores impidiendo acercarnos al fresno. La balacera era impresionante. Ese día fue memorable porque nunca antes los habíamos podido acorralar; no había lugares donde pudieran esconderse y teníamos toda el área controlada. Estaban copados y yo, como capitán de la policía, les grité que se rindieran, que era inútil toda resistencia y que salieran con las manos en alto. Hubo unos segundos de silencio y cuando menos lo esperábamos, sonó la campana y terminó el recreo.

martes, 19 de octubre de 2010

VIAJE


Era una situación nueva para mí. Una transformación tan drástica como maravillosa. De manera increíble, ya no tenía noción alguna de ser físico; lo había logrado después de muchos años de intentarlo. ¡Estaba fuera de mi cuerpo! No tenía que hacer nada para moverme a donde yo quisiera. Durante unos segundos tuve todavía la sensación del arriba y el abajo pero sin sentir peso alguno. Busqué con ansia el famoso "cordón de plata" y no lo hallé por ninguna parte. Estuve a punto de entrar en pánico pues por un instante me sentí como un astronauta al que se le hubiera roto el cordón umbilical que lo une con el módulo, allá en la inmensidad del espacio. Entonces descubrí algo extraordinario. Con sólo pensarlo podía estar en cualquier lugar que yo deseara. Estuve presente en la gran pirámide de Keops y me maravillé con su magnificencia; luego en Abu Simbel, impresionante. Después fui hasta el Valle de los Reyes y de ahí a la Isla de Pascua. Visité Chichén Itzá, Palenque y El Tajín. Salté hasta Machu Picchu y Sacsahuaman y contemplé la llanura de Nazca y bueno, para qué seguir. Aquello fue un tour mundial por esos lugares que siempre me habían resultado fascinantes. Dando un giro dramático, cambié mis objetivos y no me lo van a creer pero platiqué, sin usar palabras, con Newton. Me dijo que lo de la manzana es puro cuento. Luego estuve con Tesla que se divertía jugando con los relámpagos. El buenazo de Franklin me deleitó con un vals ejecutado en su famosa armónica de cristal. Ahí estaba Galileo con sus famosas movidas planetarias y Nostradamus que se entretiene elaborando el horóscopo del que se le ponga enfrente. A mi admirado Giordano Bruno, no se le nota lo quemado. Observando a las aves, Leonardo me ignoró olímpicamente. Saludé a Verne y vi a los irreconciliables Cervantes y Lope de Vega compartiendo una damajuana en una taberna. Se llevan muy bien. Ariosto andaba por ahí dejando volar su grandiosa imaginación. También estaba Dante, y ¡qué creen! se paseaba por un jardín ¡del brazo de Beatrice! Sorprendí a Goethe que escribía una nueva versión del Fausto para el cine. Pasteur investiga sobre el cáncer de mama. Conversé brevemente con Sócrates y Platón me tiró un diálogo que resultó monólogo. ¡Ah! Aguantando la respiración le di un gran abrazo a mi apreciado Diógenes que me regaló una linternita de llavero. Por cierto, su tinaja estaba muy bien acondicionada. Lógicamente, ahí estaba Aristóteles. Nos saludamos como viejos amigos. Discutí un buen rato con Sartre y no llegamos a ningún acuerdo. No hacía falta. Llegó por ahí Herodoto y me sorprendió su clara conciencia del devenir histórico. Luego me encontré por sorpresa con Bonaparte que accediendo a mi petición me contó, con lujo de detalles, su estrategia en la batalla de Tolón. Por cierto que cultiva una profunda amistad con Nelson. Extraordinario.
Todo iba de maravilla. Yo estaba feliz como bacteria en caldo de cultivo cuando de repente aquel ambiente se empezó a oscurecer y no recuerdo más. Algunas molestias acompañaron mi vuelta a la conciencia y minutos más tarde, el cirujano se acercó solícito y me preguntó cómo me sentía. Con la poca voz que me salió le respondí que bien, pero que me hubiera gustado mucho soñar un poco más.

miércoles, 13 de octubre de 2010

ADALÍD


- Agradezco a Vuestra Majestad el haberme concedido el privilegio de serviros.
- No digáis más Capitán, que con tantas conquistas habéis encontrado la mejor manera de servir a la Corona. Hisperia tiene en vos el mejor ejemplo de valor y arrojo. Vuestras numerosas heridas son elocuente testimonio del coraje de vuestro corazón.
- Vuestra Majestad es generosa al expresarse así de su humilde vasallo. En esta ocasión confirmo que mi brazo y mi espada estarán siempre al servicio del reino cuando haya menester. No habrá enemigo ni situación, por difícil que sea, a la que tema enfrentarme para demostrar el temple, la nobleza y la magnanimidad de Vuestra Merced.
- Podéis retiraros Capitán, y recordad que lleváis sobre vuestros hombros el orgullo y el honor de Hisperia. Estamos seguros de que responderéis sin demora al llamado de la Corona y tom...
- ¡Hernandooo! ¡Hernanditooo! !Mirad que si no bajáis de inmediato, os quedaréis sin cenar!
- ¡Mmhhh!

miércoles, 6 de octubre de 2010

VENGANZA


El viejo gordo me cayó como bomba. Desde el día que supe que iba a ser mi maestro de inglés sabía que iba a tener problemas con él. Pronto lo confirmé. Su tarjeta de presentación fue un lunes a las ocho de la mañana. Empezaba la clase y yo comentaba con mi compañero de banco las aventuras del fin de semana cuando de improviso:
- ¡Cinco notas malas! ¿Cuál es su número de lista? - gritó señalándome con la regla. Me puse de pie y le contesté con cierta timidez. - Veintitrés - y me volví a sentar.
No soy el único que ha sufrido la terrible "notorrea" de ese señor. Ese año fueron como sesenta los casos en que con la mano en la cintura, vomitó notas malas y hasta ceros en conducta a diestra y siniestra.. Creo que de todos modos, el sistema no le funcionaba para controlar la disciplina en la clase, por demás aburrida y repetitiva. Yo, en lo personal, reincidí un buen número de veces. El caso llegó a ser tan notorio que se formó una especie de cofradía de niños víctimas del profesor. Un club exclusivo cuya membresía llegó a ser motivo de orgullo. Analicemos la mecánica del asunto.
Los lunes por la mañana llegabas a la escuela renovado y lleno de buenos propósitos como sacar diez en conducta, contestar todas las preguntas en clase y sacar diez en aprovechamiento. Hacer todas las tareas y tal vez hasta quedar entre los primeros de la clase al fin de la semana. Esos lunes sin embargo, también eran fatídicos. Ese día entregaban las boletas con las calificaciones de la semana anterior para ser firmadas por los padres. Casi con seguridad llevabas ahí un cinco o hasta un cero en conducta. Como ven, los ingredientes de los lunes eran de por sí explosivos. Empezar un lunes con otro cinco u otro cero mataba todas las esperanzas para el resto de la semana. Carecía de incentivo portarse bien. Para qué, si ya tenías un cero ¿No? Lo curioso es que a veces ya te portabas bien sin la presión de conservar un diez. Como que ya estabas vacunado. No sé. Era confuso pero así era. ¡Ah! Pero mi venganza fue terrible. La oportunidad se presentó un lunes a primera hora en que algún despistado preguntó - ¿Con quién nos toca? - Yo, en un arranque de inspiración divina le contesté - Nos toca con El Caganotas - Una maravillosa sensación de triunfo me invadió al escuchar las exclamaciones de beneplácito de mis compañeros que repetían el apodo muertos de la risa. Pero no paró ahí el asunto. Tres años después pasé a saludar a mis buenos maestros y al caminar entre los chamaquitos de secundaria escuché a alguno exclamar: ¡Chín, nos toca con El Caganotas!