miércoles, 31 de octubre de 2012

AÑOS DESPUÉS

La luz de los candiles se filtraba por los vitrales de la hostería e iluminaba tímidamente las baldosas de la calle. La puerta abierta en su jamba de cantera no había cambiado nada y le invitaba a entrar. Lo hizo, y muy lentamente, midiendo sus pasos, caminó por entre mesas y gente que, como noche de domingo, llenaba bien el lugar. Buscando vio con agrado que su sitio favorito estaba desocupado. Se aproximó y tomó asiento. Empezaron sus recuerdos a danzar en derredor, escenas de sus apuestas, de sus muchos juramentos, de sus retos y osadías; los rostros acusadores de aquellos que habían probado la fiereza de su acero y las imágenes tristes de todas las que había amado, engañado y olvidado. Los ojos se le anegaron y lamentó tanto daño. Se puso en pie de repente y olvidando toda clase de recato, todos a una le vieron por el grito que lanzó. Se hizo un silencio total y en medio del estupor, desnudó la toledana, la tomó por los extremos y con un segundo grito, en dos partes la rompió. Una ráfaga de viento se abrió paso por la puerta. Los candiles se apagaron y cuando los encendieron, la figura de aquel hombre había desaparecido. Sobre la mesa quedaron los pedazos de la espada. La familia Buttarelli los conservó por un tiempo. La hostería aún existe, se llama la del Laurel.
     Contamos los que lo vimos que en la hoja de la espada, cerca de la cazoleta, estaba grabado un nombre. Se leía: Don Juan Tenorio.

miércoles, 24 de octubre de 2012

ESPECTÁCULO

Según el gran Efemérides (filósofo de la Escuela Observacionista), la vida humana es una pieza teatral en tres actos. En el primero, el protagonista es lanzado al escenario sin libreto y sin ensayo y tiene que salir adelante improvisando ante los parlamentos de los demás. En el segundo, ya con algo de colmillo, logra interactuar poniendo a veces sus propias condiciones y finalmente en el tercero, se encuentra conque ahora que ya siente cierta seguridad y ha logrado "tomar la escena", le bajan el telón. El buen Efemérides no nos dice quién es el autor pero creo que puedo aventurar hipótesis y el lector también. Tampoco nos dice quién dirige la puesta en escena porque resultaría muy complicado y desde luego nunca nos dirá cuál es el desenlace, pero nos deja entrever que, en uso de nuestra propia imaginación, sazonada con buenos deseos y anhelos de bienestar, podríamos arreglar un final feliz.
     Efemérides murió el mismo día que Platón, de modo que eclipsado su deceso por la fama de éste, nadie lo cita en los anales del pensamiento griego, ni vivo ni muerto. Sin embargo, un tal Exequias menciona un personaje con sus características y los exegetas opinan que probablemente se trata de Efemérides debido a que sugiere, de una manera algo tímida, que "cada quién es autor, director y actor de su propia comedia".

martes, 16 de octubre de 2012

PASEO

La suave claridad de la aurora me permitía percibir el verde oscuro del océano en contraste con la blanca espuma de las olas que pretendían trepar por las arenas de la playa. Incesantes, rítmicas, tenaces, parecían haber aprendido la lección de cómo romper sin repetir jamás la misma forma. Hasta donde la vista me alcanzaba, allá donde la bruma mezclaba en su paleta la tierra, el cielo y el mar, no se veía el final de aquella playa. Era un fenómeno como el del arco iris. Por más que caminaba, la bruma parecía avanzar conmigo, inalcanzable. Ese día recorrí varios kilómetros mientras el sol asomaba a mis espaldas y las aguas del Caribe se aclaraban empezando a tomar su color turquesa. Llegué a un promontorio de peñascos pulidos por el mar y trepé a él. Durante un buen rato contemplé el romper de las olas y el escurrir de la resaca entre las piedras. Luego emprendí el regreso caminando al lado de mis huellas anteriores. Entonces me di cuenta de mi profanación. Había hollado la lisura de la arena. Había dejado heridas en la playa. Ya no era más aquel paisaje primigenio.
     Caminaba cabizbajo de regreso a mi cabaña, triste y sintiéndome culpable de haber mancillado algo valioso. Una ola llegó hasta mis pies sacándome de esa especie de marasmo y yo descubrí algo. Mis huellas habían desaparecido. No había nada ni antes ni después de donde me encontraba. La playa estaba tersa. ¿Cómo llegué aquí? ¡No he dejado huellas! Debo haber volado. ¡Eso es! Y con esa convicción me quedé por un buen rato clavado en la arena. Pronto mi juicio se restableció y caí en la cuenta de lo soberbio que había sido. ¡Mira que pensar que con mis pasos había alterado esa belleza!
    Regresé al día siguiente y disfruté intensamente del paseo, tranquilo al pensar que ningún humano podría cambiar en un instante lo que la Naturaleza había labrado desde siempre. Consciente de lo efímero y superficial de mi paso por aquí y contento de saber que formo parte de esa playa, de ese mar, de esa gota de Universo.

jueves, 4 de octubre de 2012

OTROS MUNDOS

Recuerdo que contemplaba embelesado los mundos de ese universo iluminado con una luz color turquesa. Miraba los reflejos, los claroscuros y las sombras. Destellos y resplandores. Esferas de todos tamaños que giraban lentamente en interacciones circulares. Órbitas micrométricas. ¿Qué se sentirá vivir en uno de esos planetas diminutos? ¿Estarán habitados? Son fantásticos y los puedo mover a voluntad para lograr los mejores efectos de luz. Tengo galaxias azules como ésta. Verdes, cafés y una muy rara de color rojo. Son de una transparencia cristalina, perfectamente esféricas y tienen en su interior pequeñas burbujas de aire. Las conservo desde niño en esta bolsita. Hermosas canicas de vidrio.