
Con cierta frecuencia me encuentro con personas que consideran saber algo. Eso está muy bien. Lo que no me gusta es que lo digan como si fueran los detentadores de la verdad y te hablen como si tú no tuvieras idea de lo que te están diciendo.
Un viejo maestro me decía lo que un tal Tomás también decía: "Teme al hombre de un sólo libro". Como consecuencia se me ocurrió esta figura:
En el último crepúsculo del mundo, se ve un árbol solitario en un páramo inmenso donde no crece ninguna otra cosa. El árbol está seco, muerto, y ha sido partido por el rayo. Su silueta de ramas retorcidas, aloja la figura de un hombre abrazado a su tronco con desesperación. Pero no para ahí la cosa. Otro viejo maestro (algunos de mis mejores maestros eran viejos) me decía lo que apuntaba Jerónimo: "Stultorum infinitus est numerus", frase que no voy a traducir para no ofender a mis latinados lectores. Ahora les comento la siguiente figura: Imagínense un bosque enorme que cubre todos los continentes del planeta. ¿Ya? Ahora observen y verán que todos los árboles de ese bosque están secos, muertos, y han sido partidos por los rayos. ¿Ya? Bien. Ahora miren con cuidado y verán que en cada árbol se encuentra un ser humano abrazado a su tronco con desesperación.
Yo estoy seguro que Tomás y Jerónimo se conocieron... ¿El tiempo? ¡Vamos! No me vengan con minucias.