
SUICIDIO
La luz de la alborada la sorprendió vestida regiamente con su espléndida desnudez y las tonalidades rosadas de la aurora resbalaban por su cuerpo dándole un aspecto irreal y fantástico. Ahí, al borde del vacío, inquieta y temblorosa, aguardaba la salida del sol.
Lentamente, los primeros rayos se filtraron silenciosos y pronto uno de ellos la iluminó de lleno, definiendo sus contornos y haciéndola lucir su mágica belleza. Era su momento cumbre y ella lo sabía; pareció disfrutarlo por algunos segundos breves, muy breves. Luego dejó de temblar y decidida, se deslizó hasta el borde y se precipitó al abismo, dejando arriba su recuerdo en un pétalo humedecido de abandono.