
CAMBIO
Todo le resultaba bastante confuso y no encontraba ninguna explicación a esa serie de sensaciones contradictorias. Por una parte, la memoria ancestral de su especie le hacía sentir una gran seguridad y por otra, un no menos ancestral instinto de conservación le recomendaba que fuese muy cauto. Era muy posible que fuera el último de su especie pues desde que su mundo fue barrido por el Gran Diluvio*, no recordaba haber visto a otro miembro de su raza, lo que significaba la posible extinción de los suyos. Aún así, abrigaba la esperanza de que sus temores fueran infundados porque además de que extrañaba la compañía de sus congéneres, podía sentir en todo su organismo el advenimiento de un gran cambio aún sin tener la más mínima idea de qué clase de cambio se trataba.
El tiempo pasó rápidamente y una creciente curiosidad le impulsaba a arriesgarse en rápidos ascensos hasta tocar el punto de cambio de densidades para descender después rápidamente hasta el suelo. Poco a poco fue adquiriendo confianza y sintiéndose cada vez más apto, más fuerte y más seguro de sí mismo hasta que llegó la ocasión de asomarse ahí, donde el suelo asciende hasta llegar al límite de densidades. Su sorpresa no tuvo límites al contemplar un mundo que se extendía más allá de lo imaginable. Después se miró a sí mismo y se notó distinto. Un irresistible impulso le hizo avanzar al sentir la bienvenida de aquel medio y casi sin darse cuenta, respiró.
Esa misma noche, una gran alegría invadió su ser y uniéndose a decenas de voces que hablaban su lenguaje, también él empezó a croar.
*En realidad fue sólo un fuerte aguacero.