miércoles, 24 de abril de 2013

HERRAMIENTA

Me resultaba frustrante y molesto que a mí, experto en eso de la mecánica automotriz, se me descompusiera el auto, pero así sucedió. Simplemente se apagó. Nunca me ha dejado tirado coche alguno pues siempre he encontrado la manera de hacerlo funcionar de nuevo, pero ahora, en un camino apartado donde pasaba un auto cada hora y con un vehículo de renta cuya única herramienta a bordo era un "gato" y una llave para ruedas, no podía ser peor. Bueno, sí podía. El teléfono celular no recibía señal alguna y se estaba haciendo de noche. Tenía que encontrar el desperfecto antes de que oscureciera. El motor del carro estaba muerto y nada eléctrico funcionaba. Eso me daba una clara idea del problema y me fui sobre la batería. Quité la cubierta de plástico y encontré la causa probable: terminales sulfatadas. ¡Vaya mantenimiento preventivo el de esta arrendadora! pensé para mis adentros. Traté de aflojar los bornes para limpiar los terminales. Imposible sin herramienta. Ya era de noche cuando me pareció escuchar un rumor acercándose y supuse que se trataría de otro vehículo, pero el zumbido cesó y ningún auto apareció por la carretera. Intenté aflojar las tuercas entre dos monedas pero no lo logré y al levantar la cabeza me di un golpe con el capó. Empezaba a renegar cuando escuché pisadas en la grava del acotamiento. Era un tipo alto con una especie de traje de piloto de carreras, de color gris claro y de una sola pieza. Me le quedé mirando sin decir palabra. El hombre rompió el silencio y con un ligero acento extranjero me preguntó.
    -¿Problemas?
    Mientras terminaba de sobarme la cabeza, estuve a punto de decirle que no, que estaba ahí porque en las noches me gusta ver qué tienen los autos bajo el capó, pero me contuve. Podía ser mi salvación.
    -Algo así, -le contesté- creo poder corregir la causa pero este coche no trae herramienta. Es un auto rentado.
El sujeto asintió con la cabeza, se acercó y echó una ojeada al motor.
    -Es aquí -le dije señalando los bornes de la batería en la oscuridad- están aislados por la sulfatación.
De los varios estuches que llevaba en el cinturón, sacó una herramienta muy parecida a lo que conocemos como llave española pero con una sola boca y me la ofreció.
    -¿Es de 7/16? -le pregunté de inmediato.
No me contestó pero hizo un ademan como diciendo, pruébala. Así lo hice. Busqué a tientas el borne y para mi sorpresa, la boca de la llave se iluminó en cuanto la acerqué a la tuerca. ¡Guau! pensé. ¡Qué buena idea! Luego la apliqué y sentí cómo la mordaza se aferraba a la tuerca y la aflojé fácilmente. Con mi navaja me puse a limpiar  los bornes y terminales mientras pensaba lo raro que resultaba un individuo a pie y solo por esos lugares. Supuse que su auto estaría tras la curva anterior. Terminé de montar todo y apreté las tuercas con la llave.
    -¡Es hora de probar! -exclamé. Saqué la cabeza de debajo del capó, esta vez sin golpearme. ¡Voy a echarlo a andar amigo!-  dije con mi mejor sonrisa, pero aquel hombre había desaparecido. Se había ido mientras yo trabajaba y no supe hacia dónde.
    Eché a andar el motor. Encendí los faros y partí rumbo a la próxima población. Por el espejo retrovisor pude ver unas luces ascendiendo por donde yo había estado.
 
    Fue una experiencia inolvidable. Siempre ayudé a personas con problemas en sus coches y en esa ocasión me devolvieron el favor. Desde entonces, por precaución, cargo conmigo esa única llave con luz integrada que se ajusta sola a múltiples medidas.