
CAMBIO
Pues créanmelo o no, yo tenía una percepción equivocada acerca de lo instantáneo del Cambio. Sí, ese Cambio que supones que viene como resultado de un evento trascendente, como un parteaguas, como un punto de flexión, como una puerta a otro mundo.
Pues ese evento ya sucedió, mas sus efectos no fueron instantáneos. La vida sigue corriendo con el mismo caudal pero ahora se ha ensanchado y fluye lentamente en un gran remanso que se prolonga hasta el horizonte. El cambio se ha dado sólo en la forma. El río es el mismo pero ha dejado de ser un torrente impetuoso para convertirse en una suave inundación que avanza humedeciendo lentamente el suelo para poder fluir mejor. En su suave andar, tiene tiempo de observar todo aquello que va a mojar en su camino. No derriba nada pero lo cubre todo.
Intentaré explicarlo como algo que empezó poco a poco y fue creciendo hasta llegar a un punto en que fui consciente de ello. Ese instante de clara visión, de caer en la cuenta, quizá sea lo único instantáneo, mas no el proceso en sí que siento que ha sido acumulativo, lento, tenaz, irrefrenable. Bueno, algún día tenía que suceder. Creo que he llegado a la adultez; creo que ha terminado mi larga adolescencia; creo también que ya he despertado a mi conciencia. Estaba dormida en su realidad arrullada por los vaivenes de mi propia indecisión. ¿O debiera decir decisión? Creo que ya era tiempo de correrle las cortinas y abrirle la ventana. Hoy decidí hacerlo y en pleno ejercicio de mis facultades así lo hice. Acerqué su cuna hasta la ventana. Mi conciencia se asomó y miró el mundo. Observó a la humanidad. Me miró fijamente y me dijo: Todo está igual. Nada ha cambiado. ¿No? La cuestioné. No. Has cambiado tú. Qué bueno que has decidido madurar. Espero que lo logres. No está mal para un hombre que hoy cumple setenta años.


