lunes, 23 de noviembre de 2009





CAMBIO



Pues créanmelo o no, yo tenía una percepción equivocada acerca de lo instantáneo del Cambio. Sí, ese Cambio que supones que viene como resultado de un evento trascendente, como un parteaguas, como un punto de flexión, como una puerta a otro mundo.
Pues ese evento ya sucedió, mas sus efectos no fueron instantáneos. La vida sigue corriendo con el mismo caudal pero ahora se ha ensanchado y fluye lentamente en un gran remanso que se prolonga hasta el horizonte. El cambio se ha dado sólo en la forma. El río es el mismo pero ha dejado de ser un torrente impetuoso para convertirse en una suave inundación que avanza humedeciendo lentamente el suelo para poder fluir mejor. En su suave andar, tiene tiempo de observar todo aquello que va a mojar en su camino. No derriba nada pero lo cubre todo.
Intentaré explicarlo como algo que empezó poco a poco y fue creciendo hasta llegar a un punto en que fui consciente de ello. Ese instante de clara visión, de caer en la cuenta, quizá sea lo único instantáneo, mas no el proceso en sí que siento que ha sido acumulativo, lento, tenaz, irrefrenable. Bueno, algún día tenía que suceder. Creo que he llegado a la adultez; creo que ha terminado mi larga adolescencia; creo también que ya he despertado a mi conciencia. Estaba dormida en su realidad arrullada por los vaivenes de mi propia indecisión. ¿O debiera decir decisión? Creo que ya era tiempo de correrle las cortinas y abrirle la ventana. Hoy decidí hacerlo y en pleno ejercicio de mis facultades así lo hice. Acerqué su cuna hasta la ventana. Mi conciencia se asomó y miró el mundo. Observó a la humanidad. Me miró fijamente y me dijo: Todo está igual. Nada ha cambiado. ¿No? La cuestioné. No. Has cambiado tú. Qué bueno que has decidido madurar. Espero que lo logres. No está mal para un hombre que hoy cumple setenta años.

miércoles, 18 de noviembre de 2009





LABERINTO



Hacía cuatro días que había entrado al gran laberinto. Al principio disfrutó del reto de encontrar la salida. Caminó sin descanso aplicando sus mejores recursos de orientación. Sabía que con sus conocimientos y habilidades aquel lugar no era digno rival para él; al despuntar el quinto día, su cuerpo mostraba los estragos de la inanición y la sed. Empezaba a desvariar viendo salidas donde no las había y terminaba dándose de cara contra el muro. Sus miembros inferiores le temblaban sin control incapaces de soportarlo. Terminó arrastrándose hasta que no pudo más. Finalmente se detuvo en un recodo, perdió el sentido y no supo en qué momento le llegó la muerte. Cuando lo encontraron, su cadáver estaba momificado. Sus alas estaban intactas.

martes, 10 de noviembre de 2009





EL PENSADOR

Serían las doce y media de la noche cuando pasé caminando a la vera del camposanto del pueblo. Al brillo mortecino de una luna muy menguante, podía yo percibir las siluetas de las cruces que remataban los sepulcros. Los más pobres las tenían de madera. Otras con más pretensiones, de hierro forjado. Sin embargo había una tumba que servía como elemento de contraste. Una pequeña capilla revestida de mármol blanco que pertenecía a la familia rica del poblado. Su techo de dos aguas y sus torrecillas góticas recortaban su silueta contra el celaje nocturno. En la penumbra, alcancé a percibir una réplica del Pensador de Rodin, bajo el frontis.
La mañana del día siguiente pasé como siempre a un costado del panteón con rumbo al pueblo y vi de nuevo aquella capilla con su techo de dos aguas, sus pequeñas torres góticas y su... su... ¿Dónde estaba el pensador? Anoche lo vi perfectamente. Bueno, con bastante claridad y ahora a plena luz del día, había desaparecido. ¿Habría visto un fantasma? Para no quedarme con la duda, entré al camposanto y fui directo a la capillita donde esperaba encontrar aunque fuera un rastro de que ahí se encontraba el Pensador y ¡lo encontré! En el centro geométrico bajo el frontispicio, con gran precisión arquitectónica, se encontraba la prueba de que yo había visto algo la noche anterior.
No, no había visto al Pensador. Ni siquiera podría asegurar que estaba pensando. La prueba estaba ahí. Las moscas revoloteaban sobre ella.

miércoles, 4 de noviembre de 2009





DE AUTÓMATAS



- ¡Qué barbaridad! Esto sí que es un problema. No puedo recordar en qué archivo guardé eso. Siendo una operación rutinaria debería estar prácticamente a la mano para utilizarla con la frecuencia que requiere. Ya busqué en todas mis memorias, en todos mis discos duros y no lo encuentro. ¿Con qué nombre lo guardaría? ¿Qué voy a hacer cuando lo necesite? ¿Con qué palabra lo podré buscar? ¿Qué le voy a decir?... Aquí llega. Ojalá no me diga nada porque no sabría contestar. No me queda más remedio que esperar a ver que pasa.
- ¡Quióboles Robin! ¿Cómo estufas?
- ¡¿?!
- ¡No me digas que ya chafeaste otra vez!
- ¡¿?!
- Sí. Ya se te botó de nuevo. No hay fijón güey. Orita en tres patadas te pongo al tiro. Ven p'acá. A ver... Sí, eso es. Eso te pasa por terco, ya te dije que las equivalencias en castellano están donde dice "caló" güey. Te lo voy a programar directo pero con una derivación para que no lo uses con mis papás, nomás conmigo... A ver... ¿Agarraste la onda?
- ¡Chale carnal! ¡Ya estuvo, quedé de poca güey!
- ¡Perfecto! Pero no lo vuelvas a hacer. Si no fueras un robot sencillo ya te hubiera dado cuello güey.