martes, 22 de junio de 2010

VERDUGO


Al principio me fascinaba su voz y poco a poco descubrí que también me gustaba su figura. Pasó tiempo hasta que al fin cayó en mi poder. Entonces me di cuenta de que mi sadismo no tenía límites. Desde nuestro primer encuentro, sus gritos terribles y destemplados me hacían ver la crueldad que estaba cometiendo. Sin embargo continué con la tortura. Soportó estoicamente muchas sesiones de tormento y gracias a ello, fui mejorando mis habilidades y aquellos movimientos que al principio parecían tajos de sable empezaron a deslizarse suavemente, como una caricia a través de su cintura. Yo gozaba. Había logrado que los estridentes gritos del principio empezaran a sonar como música en mis oídos. Durante algunos años ha sido una relación muy tormentosa en la que yo he sacado la mejor parte. Ahora disfruto mucho más porque finalmente mi violín y yo, hemos formado una pareja.