martes, 21 de septiembre de 2010

FRANCOTIRADOR


En el último minuto, la refriega se había vuelto muy intensa. Los proyectiles volaban en todas direcciones y el enemigo aparecía por todas partes. Disparaban desde ventanas, parapetos y cualquier cosa que les protegiera y ocultara. Una bala rebotó a escasos centímetros de mi cabeza advirtiéndome que habían descubierto mi posición. Tenía que moverme de ahí o tarde o tempra... ¡Tzzzinnnnng! Otra bala pegó en el muro que me protegía. ¡Un francotirador me tenía en la mira! No esperé más, corrí a una nueva posición y me oculté de nuevo. Tuve suerte - pensé - debe ser un tirador bisoño, de otra manera ya me hubiera dado. Lentamente me asomé por una abertura en la pared y por ahí apunté mi rifle. Entonces lo vi. Todo se puso rojo y luego negro. Yo estaba muerto. Tan muerto que sentía el agujero en mi frente justo bajo la visera del casco. Es increíble el realismo que han desarrollado los videojuegos, ¿No creen?

domingo, 19 de septiembre de 2010

BICENTENARIO


En estos días patrios me la he pasado preguntando a los amigos qué es lo que estamos celebrando. Las respuestas han sido tan distintas que quedé más confundido que antes y decidí sacar mis propias conclusiones.
Somos una nación terrible. Terrible en todos los aspectos y todas las acepciones de la palabra.
Terriblemente patriotas y terriblemente apátridas. Terriblemente unidos y terriblemente separados. Terriblemente religiosos y terriblemente agnósticos. Terriblemente legalistas y terriblemente transgresores. Terriblemente inconformes y terriblemente conformistas. Terriblemente lo que sea. Peor aún, no siempre los extremos están balanceados. Siempre hay un lado más pesado que el otro. Históricamente, ese subeybaja se ha movido demasiado y ese movimiento ha causado grandes acontecimientos sociales. Mientras se recuperaba la posición estable, que finalmente resultaba ser la misma de antes, todo era caos y desorden pero, vamos a ver qué pasaba cuando se restablecía el equilibrio. Lo primero que vemos es que el subeybaja no está centrado. A partir del punto de apoyo, un extremo es más largo que el otro. Sobre el extremo corto hay mucha gente. Sobre el extremo largo hay unos cuantos. Cuestión de brazos de palanca. ¿Equilibrio? Dejémoslo así.
Entonces ¿Qué es lo que debemos celebrar? ¡Pues eso! Que viéndolo "a la mexicana", todo está parejo, "como debe de ser". Es el "Orden Mexicano" con el que estamos acostumbrados a vivir. Funciona tan bien que ese "equilibrio de fuerzas" ha cumplido cien y doscientos años respectivamente. Y ahí está el quid. ¡Mexicanos! ¡Celebremos con júbilo lo que hemos aguantado! Unos mexicanos han oprimido a otros mexicanos. ¿Cuál es el problema? ¡Todo queda en familia! ¡Sigamos demostrando al mundo que los mexicanos podemos soportar a los mexicanos! ¿Quieren pruebas? ¡Estamos cumpliendo un bicentenario de estar sobreviviendo a nosotros mismos! Eso señores, ¡HAY QUE CELEBRARLO!

martes, 14 de septiembre de 2010

DIÁLOGO


Cierta tarde se encontraron un perro y un gato en la esquina del café del barrio donde yo saboreaba mi expresso. Contra lo que yo esperaba se pusieron, después de una breve ceremonia olfativa, a platicar haciendo caso omiso de mi presencia tras el barandal del quiosco.
Hablaron de las necedades humanas como la de clasificar a los animales por su raza. El perro hizo hincapié en que todos los perros son perros independientemente de sus características como tamaño, forma, etc., concepto con el que el gato estuvo totalmente de acuerdo desde el punto de vista felino. Comentaron sobre lo bien que funcionaría el mundo si los seres humanos dejaran de clasificar todo en su afán de organizar el conocimiento con la idea, falsa a todas luces, de que aquello que está clasificado se da por conocido. Llegaron a la conclusión de lo difícil que puede resultar para los hombres romper con tradiciones seculares como la de que el gavilán se come a los pollitos; la lechuza caza a los conejos; el coyote se come a las gallinas; el gato se come a los ratones y los perros persiguen a los gatos. Un movimiento involuntario de mi silla delató mi presencia a los dos animales que de inmediato me miraron. Luego se miraron, y perro y gato salieron disparados el uno tras el otro con gran alboroto entre las piernas de los transeúntes.

martes, 7 de septiembre de 2010

SEGURIDAD




Nuestro grupo, de unos veinte visitantes, estaba citado en la gran planta ensambladora a las nueve de la mañana. Con unos minutos de retraso, el autobús llegó a la fábrica, se estacionó rápidamente y descendimos de él los invitados. Para recibirnos dignamente, estaba la jefa de relaciones públicas, acompañada de una atractiva edecán, (buena pierna, escote generoso, uniforme pulcro y sonrisa permanente). A sus espaldas, tres vehículos descubiertos, con sus respectivos conductores y dotados de audífonos inalámbricos individuales, nos esperaban estacionados en batería. Cordiales palabras de bienvenida precedieron a los consejos que sobre seguridad industrial se pronunciaron a continuación, donde se acentuaba la importancia que la empresa daba a mantener la tasa de Cero Accidentes durante el presente mes: ...no descender de los vehículos por ningún motivo a menos que la edecán lo señalara, no mirar fijamente las chispas de las soldadoras eléctricas y en caso de ir a pie, ceder siempre el paso a los montacargas que, hábilmente conducidos, circulaban por los largos pasillos de las naves. Por supuesto, no hablar ni distraer a los operarios de cualquier equipo. Abordamos los vehículos. Sobre los asientos encontramos un casco de seguridad para cada uno y comenzó el recorrido.
La edecán dijo llamarse Helena López, se puso a nuestras órdenes y entrado que hubimos a una de las naves empezó su descripción: "Como aquí pueden observar, en la orilla de este extremo, junto a la máquina grande que está allá, la verde, se inicia el proceso de todo esto, y bueno, pues esas piezas salen de ahí y llegan hasta allá, al otro lado, donde las juntan con otras que vienen desde más lejos pero que también las hacen aquí. Acá adelante, llegan partes que son importadas del Medio Oriente para que las atornillen a otras que no son de allá del Medio Oriente, y bueno, pues todavía tenemos que comprar algo al extranjero, pero la integración nacional llegó este año al diez por ciento, y bueno, pues vamos avanzando... Estos aparatos son robots y bueno, todo lo que hacen lo hacen solos, nadie les ayuda, son lo último en tecnología y los empleamos para ensamblar lo de abajo y lo de adentro, y bueno, como no flojean ni nada pues se han ganado nuestra confianza. Por allá adelante está la sección de electrónica, y bueno, como son piezas muy chiquitas y no se ven, sólo les diré que hacemos muchas muchas, ya que nuestros productos las emplean mucho también."
Nuestra caravana ingresó a la sección de prensas según rezaba un gran letrero. La señorita edecán ya había, para nosotros, alargado su nombre. Ahora se llamaba Helena López y Bueno. Y continuó: "Esta es la sección de prensas y bueno, como ustedes pueden observar, aquí se prensa todo el material que se tiene que prensar. Prácticamente todo es lámina que no estaba prensada. Ahora, antes de continuar, sean tan amables de colocarse sus cascos de seguridad, y bueno, ustedes ya saben que eso significa algo de incomodidad, despeinarse, sudar un poco, etc., pero vale la pena usarlos. Son muy seguros y son increíblemente resistentes y bueno, déjenme decirles que el año pasado hubo aquí, acá entre nos, un accidente muy feo. Un visitante se bajó sin permiso en esta sección para ver la prensa esa y bueno, que se resbala y que lo agarra la prensa de aquí para arriba - dijo señalando de la cintura para arriba - y bueno, pues fue algo horrible. Se paró la producción, llegaron los técnicos y pasó como una hora para sacar al señor, la prensa se ensució y bueno, tuvieron que limpiarla muy bien antes de echarla a andar de nuevo. Créanme que al casco no le pasó nada. Son super resistentes y bueno..."