
Aquí tirado en el suelo, viene a mi memoria este mismo suceso. En aquella ocasión había estado haciéndolo muy bien por casi una hora. Todo funcionaba de maravilla. Pero nunca sabe uno cuándo se va a presentar un contratiempo: la piedra en el camino, el árbol de allá abajo, la bifurcación inesperada y ... la gente. La única diferencia es que en aquel entonces yo era un aprendiz de seis años y ahora me considero muy hábil. Sin embargo, los raspones se parecen mucho y los golpes duelen más que antes. En fin, como dijo mi abuelita, "son consejos que da el tiempo". Ahora me levanto, me sacudo el polvo, me quito la tierra de los codos y las rodillas, monto de nuevo en mi bicicleta, y me largo del parque.