martes, 28 de abril de 2009





SUICIDIO



La luz de la alborada la sorprendió vestida regiamente con su espléndida desnudez y las tonalidades rosadas de la aurora resbalaban por su cuerpo dándole un aspecto irreal y fantástico. Ahí, al borde del vacío, inquieta y temblorosa, aguardaba la salida del sol.
Lentamente, los primeros rayos se filtraron silenciosos y pronto uno de ellos la iluminó de lleno, definiendo sus contornos y haciéndola lucir su mágica belleza. Era su momento cumbre y ella lo sabía; pareció disfrutarlo por algunos segundos breves, muy breves. Luego dejó de temblar y decidida, se deslizó hasta el borde y se precipitó al abismo, dejando arriba su recuerdo en un pétalo humedecido de abandono.

martes, 21 de abril de 2009



LIBERACIÓN



Contemplar el fluir de la vida a través de los barrotes de una prisión es una experiencia traumática en extremo. El día que me capturaron está borroso en mis recuerdos, dentro de una confusión total y tan sólo conservo en la memoria el día en que me cambiaron de la prisión colectiva a una celda individual. Debo haber hecho algún mérito para ganarme ese cambio que fue muy conveniente para mí, ya que no es lo mismo estar conviviendo con veinte más en un espacio reducido donde se impone la ley del más fuerte, a tener una celda privada con comida y tranquilidad. Lo único que me resulta algo incómodo es tener que soportar los periodos en que mis carceleros me atosigan para obligarme a hablar y si bien al principio de esas sesiones sólamente les respondía con incoherencias, me di cuenta de que no estaba protegiendo a nadie si me negaba a soltar la lengua, así que un buen día les dije algo y como por arte de magia mi situación mejoró y me empezaron a tratar con cierta benevolencia. Debo aclarar que hasta la fecha no les he dado ninguna información realmente importante ya que me he limitado a decir cosas que mis inquisidores conocen de sobra, pero ellos parecen complacerse con mis confirmaciones.

Llevaba en esta situación más de cuatro años... Hasta ayer. Ayer me liberaron. No lo podía creer cuando abrieron la reja y me invitaron a salir y tardé en decidirme. Al fin salí y lo primero que hice al encontrarme libre fue decir todo lo que sabía a los cuatro vientos. Grande fue el alboroto que causé y todos vinieron a verme gritar y parecían muy contentos y como ya no me quise ir me regalaron una percha con aro donde paso los días feliz, repitiendo lo mismo.

lunes, 13 de abril de 2009





OTRA VEZ EL GUSANILLO



No me lo van a creer, pero se me apareció de nuevo el "gusanillo de mi horadada conciencia". ¡Sí! Aquél que prácticamente me puso un ultimátum hace unos meses y me convenció de publicar en mi blog aquella colección de añejas ocurrencias antes de que los originales se desbarataran. De pronto se hizo presente con otra pancarta que no pude dejar de ver.
¡Hola! - me dijo - ¿Cómo estás? No nos veíamos desde hace rato ¿Eh?
- ¡Quihubo! - le contesté reconociéndolo de inmediato. - ¡Gusto en verte! ¿Qué andas haciendo por aquí?
- Mi visita es muy especial - me dijo muy ceremonioso - se trata de una acción de reforzamiento positivo...
- ¡Ya sé! Tomaste un curso ¿No? - le interrumpí bruscamente.
- ¿Cómo lo sabes? - exclamó desconcertado.
- ¡Vamos hombre! - le dije - Estás utilizando la terminología que se acostumbra en esos menesteres. Es obvio que la aprendiste en un curso. ¿Sí o no?
- No, pues... Sí, así es - dijo con cierto desencanto - ¡Pero fue un buen curso! ¡De veras! - exclamó recuperando su aplomo.
- ¡Si no lo dudo! Creo que has adoptado hasta el estilo del instructor.
- ¡Era un buen instructor! - protestó - Conocedor de sus temas, ameno, muy claro en sus explicaciones.
- ¿Consideras haber aprendido? - le cuestioné.
- ¡Por supuesto! - afirmó con vehemencia.
- A ver, dime. ¿De qué manera podrías llevar a cabo esa "acción de reforzamiento positivo"?
- Ehh... ¿De qué manera? - titubeó.
- Sí ¿Qué me vas a decir para animar y fortalecer mi conducta?
- Mmhh. A ver... ¡Ah, ya sé! Te vengo a felicitar por haber publicado tus escritos en tu blog. En menos de dos meses llevas más de cien visitas y sigues publicando. ¡Eso es estupendo! - exclamó entusiasmado.
- ¡Guau! - exclamé - No sé cómo agradecer tu amable felicitación. ¡De veras! Pero oye, ¿Tú los has leído? - le pregunté ansioso.
- Ehh, la verdad no. - contestó apenado.
- ¿De veras no los has leído? - le cuestioné entre decepcionado y triste.
- ¡Ja Ja Ja! ¡Claro que los he leído! - exclamó victorioso - Noventa y nueve de las visitas a tu blog, ¡Son mías!

lunes, 6 de abril de 2009





LA BÚSQUEDA



Llevaba varias horas caminando sobre aquellas arenas que a cada paso se me metían como esmeril entre los dedos. Un vientecillo helado clavaba sus garras en mis costillas y agudizaba mi difícil situación mientras una luna casi llena me observaba esperando el momento de verme sucumbir.

Había caminado todo el día anterior y estaba muy lejos aún del oasis más cercano; mi ansiedad crecía a cada paso y finalmente, agotada mi resistencia, perdí toda esperanza de encontrar aunque fuese una palmera solitaria y finalmente me dejé vencer por la materia ahí, sobre la vil arena.

Espero me comprendan. Resistí hasta lo último y busqué afanoso en las cambiantes dunas pero lo cierto es que hay momentos de la vida en que no es fácil conservar la tradición para un perro del desierto.