martes, 13 de abril de 2010

LOTERÍA


Calderón (de la Barca) tenía razón... "y los sueños, sueños son". Lo cierto es que hay sueños premonitorios. Si no me lo creen, déjenme relatarles esto:
Sucedió la semana pasada. Iba yo caminando por la calle rumbo a un centro comercial cuando vi dos coches idénticos; modelo, color, tipo, etc., parados en un semáforo - qué coincidencia - me dije, y seguí caminando. Al entrar al centro comercial salía una señora con unos gemelitos, idénticos. Dentro, en una tienda, la oferta del día decía "dos por uno" - vaya, vaya - exclamé para mis adentros. En una joyería había dos vigilantes y cruzaron por delante de mí dos señoras iguales de gordas. Entré a una líbrería y compré dos volúmenes y en la zapatería adquirí un par de zapatos. De ahí me dirigí a una cafetería y pedí un americano con dos de azúcar. Cuando salí a la calle habían pasado dos horas. En la esquina me topé con dos amigos que hacía tiempo no veía. Recibí dos llamadas en mi celular y cuando llegué a casa había dos sobres en el buzón. Para abrir la puerta di dos vueltas a la llave. Entrando hay dos escalones. Esa noche me desvelé leyendo y me dormí hasta las dos de la mañana. Dormido al fin, soñé que compraba un billete de lotería terminado en dos. Bueno, la cosa es que ante tanta insistencia, al día siguiente adquirí un billete entero que obviamente terminaba en dos.
Soy un hombre afortunado. La noche del sorteo - para aquellos que no creen en los sueños esto puede ser contundente - ¡Soñé que me la sacaba!
Quienes gustan de finales concretos serán satisfechos: el premio mayor terminó en cero.