martes, 19 de marzo de 2013

EL DÍA QUE LLEGARON

La sala se fue llenando rápidamente y cada uno de los participantes ocupó su lugar. Era una especie de pequeño teatro equipado con cómodas butacas y al frente, en lo que debiera ser el escenario, se encontraba algo parecido a un trono. Un sillón de extraño diseño que fue ocupado al último por quien parecía ser el líder de aquel grupo. Los muros luminosos bajaron su intensidad y el recinto quedó en penumbra. Unos segundos después, un murmullo parecido al del viento en los árboles inundó plácidamente el lugar y poco a poco disminuyó su presencia hasta que todo quedó en silencio. Nadie se movía. Pequeños resplandores verdosos serpenteaban entre los ocupantes de las butacas y el del gran sillón. La reunión duró quizá una hora. El grupo había permanecido en silencio todo el tiempo, tal vez porque los integrantes carecían de boca. El sonido parecido al viento se escuchó de nuevo, el recinto volvió a iluminarse y los ocupantes salieron tan ordenados como habían entrado.
    Dentro de la cabina de mando se apreciaba gran actividad. El Concejo Supremo había afinado los detalles y dado la orden. En la pantalla frontal de la nave, un hermoso planeta azul se aproximaba velozmente.