martes, 24 de febrero de 2009





CUESTIÓN DE PRINCIPIOS



El final del principio se conoce como la síntesis del algo y el inicio de la nada, en los límites indefinidos donde el todo se encuentra en proceso de iniciación final. Cualquier ajuste o variación irreflexiva de este límite perfectamente difuso, donde la irrealidad y la ficción caminan de la mano de lo tangible y verdadero sobre la cuerda floja de un criterio mal tensado, puede ocasionar, y de hecho ocasiona, trastornos indescriptibles en el devenir histórico, alterando la irrealidad auténtica de los acontecimientos y deformando la imagen característica de ecuanimidad, equilibrio y ponderación de las ideas vigentes en un momento dado.

Tal imperfección, sin embargo, es perfectamente dable puesto que el origen de su falacia está de tal manera estructurado, que las apariencias tienen todo el aspecto de lo que no son para poder pasar por verdaderas y aprobar así un examen de conciencia no necesariamente estricto aunque sí bastante puntilloso.

El final del principio es, en todo caso, un fenómeno simple de ubicación en cierto plano de la irrealidad donde a riesgo de perecer por anulación automática, convive eternamente con el principio del fin donde juega el espeluznante papel del villano del filme, quien no basa su efecto en su actuación sino en su sola presencia. De hecho, nadie les concede valor a sus dudosos créditos, pero nadie también dejará de considerar su ausencia como la clave para poder juzgar con equidad cualquier fenómeno a la obscuridad de su inexistencia, esclareciendo con su negrura (por efecto de contraste) el transparente pensamiento que estuvo a punto de aceptar su incólume permanencia.