Salió disparada velozmente bajo la mirada de todos los presentes. El que disparó, concentrado en su objetivo, los demás esperando que nada sucediera. La estrategia era colocarse lo más pronto posible y desde ahí realizar una serie de tiros que pondrían fuera de combate a cuantos se pudiera. El proyectil alcanzó su objetivo provocando un grito del que recibió el disparo. Un nuevo tiro alcanzó a otro, luego un tercero a otro más. Finalmente, al cuarto disparo el proyectil erró su blanco. La respuesta no se hizo esperar y aquello se volvió una verdadera batalla. Un combate de estrategias de colocación, habilidad y puntería. Los proyectiles iban y venían y gritos de batalla resonaban en el patio: ¡Altas desde la rodilla!, ¡Desde tiro es muerto!, ¡Chiras pelas! ¡Una de dos y son seguidas!, ¡Tache pelas!, ¡Chin...!
¡Extraordinario! Verdaderamente es una lástima que los niños de ahora ya no sepan jugar a las canicas.
