jueves, 12 de marzo de 2009





PERSEGUIDO




Había corrido como un loco durante los últimos tres minutos y casi sin aliento me oculté en aquel hueco en el callejón. No sé por qué se me ocurrió esconderme ahí pues sé muy bien que no tiene salida. El corazón me latía apresuradamente y mis pulmones no se daban abasto para obtener el oxígeno suficiente, que me permitiera recuperar un ritmo respiratorio normal. No quería ni moverme siquiera pues el ser que me perseguía bien podría estar allí afuera, acechándome pacientemente, listo para caer sobre mí. Finalmente recuperé el aliento y ya más tranquilo tracé un plan de escape. Saldría corriendo a más no poder para salir del callejón, tomaría calle arriba al llegar a la esquina hasta encontrar la casa abandonada donde podría ocultarme mejor. Esperé unos segundos más y luego, con todos mis sentidos alerta, salí disparado como un tiro hacia la boca del callejón, tan sólo para comprobar que aquel engendro venía nuevamente tras de mí. Podía sentir su presencia aún sin voltear a verlo y parecía solazarse con mi terror pues me daba la impresión de que no me alcanzaba porque no quería. Llegué hasta la casa abandonada y como pude me escurrí por una ventila hasta el sótano. Al brincar al interior sentí un extraño tirón seguido de una explosión que acabó con lo que quedaba de mi sistema nervioso. Cerré los ojos y esperé mi inevitable destino... Nada. Intrigado, busqué en la penumbra y encontré algo que hasta la fecha no me explico pero que es la única evidencia que quedó de mi odisea: un trozo de hule rojo y un tramo de cordel atados a mi cola.