
Las notas salían del saxofón y se deslizaban por mis oídos como el vino por mi garganta. Combinación maravillosa que arrobaba mi espíritu conforme los compases de "A través de los años", trazaban claroscuros en mis ojos cerrados. Suaves roces de luz tierna y sensual bajaban por mi espina estremeciéndome el cuerpo. Un impulso me hizo abrazarla y bailar con ella ahí, sentado en aquel bar neoyorquino. Su cuerpo en blanco y negro se fue esfumando con la agonizante melodía y mis brazos quedaron llenos de su ausencia.