
DE NEURONAS
Con ésto pretendo dejar bien sentadas las razones por las que no estoy de acuerdo con el activismo productivo-cuantitativo obligatorio. En realidad es muy simple, pues aunque pudiera ser un fenómeno polifacético, tiene un aspecto sobresaliente cuya evidente notoriedad es imposible dejar de percibir, a menos que se padezca de miopía encefálica, cataratas mentales o desprendimiento total de materia gris, enfermedades por demás muy comunes desde que la humanidad tiene memoria (siempre y cuando hablemos de una humanidad alerta y sin el menor asomo de amnesia existencial). Decíamos pues, que a menos que se adolezca de la sanidad cerebral mínima requerida para ingresar al círculo de los entendidos (que se entienda bien pues no deseo provocar malentendidos) cualquier persona en su sano juicio percibirá de inmediato la causa por la que las palabras, generalmente cargadas de profundo significado, se encuentren de pronto retacadas de una semántica envasada al alto vacío, comunicando nadas absolutas, lo que ya es algo, y saturando el saludable (concesión a priori) intelecto interesado en descubrir, equipado con la escafandra de su infinita curiosidad, "las profundas simas del océano del conocimiento"*. Sin embargo, el lector despierto y de agudo entendimiento habrá detectado, quizá desde sus inicios, que el objetivo del presente escrito es demostrar por qué la producción literal, que no literaria, puede dar como resultado una cuartilla verdaderamente letal, después de cuya lectura habrá que reanudar algunas conexiones neuronales que pudieran haber saltado por ahí debido a la sobrecarga que tal esfuerzo significa.
* Frase tomada del Cursilario Mexicano-Universal, de Ediciones Posketrais, 1939.